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Pelota

Historias del manomanista: el fino delantero y el zaguero incansable

el zaguero de Elorrio con la txapela de campeón junto a un Ariño I que también lucía sonrisa de satisfacción tras vaciarse en la segunda final de la historia del Manomanista que se fue hasta el 22-21.
el zaguero de Elorrio con la txapela de campeón junto a un Ariño I que también lucía sonrisa de satisfacción tras vaciarse en la segunda final de la historia del Manomanista que se fue hasta el 22-21.
  • La épica victoria de Azkarate ante Ariño en 1962 tras siete minutos de pausa con un empate a 21

En el gran libro de la pelota vasca hay doPels nombres, Jesús García Ariño e Hilario Azkarate, que por derecho propio tienen estampados con letras de oro varios capítulos del Manomanista. Ambos nacieron a los pies del Amboto, «donde el silencio se oye».

Jesús nació el 1 de julio de 1934 en Atxondo, en el barrio de Axpe, donde también vieron la luz su hermano Ángel y Roberto. Un trío de pelotaris que inundaron de creatividad los frontones. Cuando la década de los cincuenta iniciaba su andadura (1953), en medio de muchas penurias y pobreza, debutó en el histórico Municipal de Bergara, pero antes de dar el salto al profesionalismo dejó una huella imborrable en el campo aficionado.

Delantero fino, de pura seda, de esos que, nada más verle desenvolverse en una cancha, transmiten ese hálito de un auténtico pura raza. José Mari Palacios Ogueta, que fue uno de esos grandes rivales, lo describía como «un pelotari de altisíma gama». De pegada muy por encima de la media, sacador, realizador y con un fisíco portentoso. Ambidiestro. En su palmarés, dos txapelas y cuatro subcampeonatos.

Hilario Azkarate Lupiola nació el 9 de septiembre de 1935 en Elorrio y murió el 22 de julio de 2012. Zaguero incansable en el peloteo, basaba principalmente su juego en la mano derecha. Tanto es así que las pelotas arrimadas en la pared las restaba con la «tonta». Aunque su zurda era un seguro de vida, su sotamano creó escuela. Seis títulos en su haber.

Con faja colorada, Hilario, que venía de conquistar dos txapelas en el 60 frente a Ogueta, en una de las grandes sorpresas que deparó esta competición, y en el 61 ante Echave X, que no pasó de siete tantos. Las apuestas, con una cierta inclinación a favor del vigente campeón. Sin embargo, los pronósticos entre los puristas estaban totalmente divididos. Muchas dudas y pocas certezas.

El partido se inició a mucho ritmo y con los dos estilos absolutamente definidos. El 'elorrisarra' –como se autoreconocen en la zona– trabajando a destajo y no dando una pelota por perdida. Y su rival intentando en cada pelotazo romper el tanto con su característico ímpetu y su acostumbrada destreza. El marcador avanzaba a trompicones.

Se llegó a la fase decisiva bajo el prisma de la incertidumbre. Se puso por delante Azkarate, 21-20. Ariño I, como un ciclón, al galope y desbocado, logró empatar la final en ese cartón que con tanto placer disfrutan los mirones: 21-21. Parón de siete minutos y a tomar oxígeno. El último saque, muy colocado a la pared, para el propio Jesús 'irrestable', lo puso a buena con su zurda Hilario poniendo la pelota en la última losa. La victoria cayó de su lado, 22-21. Pelotazos a buena 307. Al año siguiente se volvieron a encontrar en el Beotibar y el de Axpe arrolló (22-2) a su paisano y amigo.

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