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Los reyes de la pegada se van a los puntos

Jacobs y Golovkin, en una momento del combate en el Madison neoyorkino.
Jacobs y Golovkin, en una momento del combate en el Madison neoyorkino. / REUTERS
  • Golovkin unifica los cinco cinturones mundiales de los medios al ganar por decisión unánime a Jacobs en el Madison

Era un resultado factible. Desde luego, no el esperado. Encerrar en un cuadrilátero a los reyes de la pegada, a dos púgiles con dinamita en los puños que sumaban 62 victorias antes del límite en 68 peleas, y que la unificación de los cinco cinturones mundiales de los medios se decidiera a los puntos fue en cierto modo un desenlace decepcionante. El Madison neoyorquino había colgado semanas atrás el ‘no hay entradas’, el PPV había dado fe del interés de la cita (entre 50 y 64 dólares el enganche) y la imagen de Golovkin y Jacobs en el cartel hacía el resto. Que una hora después de que Michael Buffer les anunciara fuera elevada la mano del kazajo, merecedor de siete puntos en la suma de las tarjetas de los jueces, sin castigo notable en los rostros, resultó una lástima.

Pocas peleas hay más atractivas sobre el papel. Un Gennady Golovkin sin mácula en su carrera (37-0, con 33 victorias por la vía rápida), el tercer mejor boxeador libra a libra de la actualidad, afincado en Los Ángeles y adoptado por Nueva York, en cuyo templo de la Plaza Pennsylvania actuó ayer por quinta vez, que atesoraba 45 títulos mundiales (incluidas defensas), al que nadie había aguantado en pie desde que lo hizo Amar Amari en junio de 2008, frente a un Daniel Jacobs capaz de llenar un estadio con su currículo (32-1) y su historia, la de un muchacho que creció en la zona más dura, peligrosa y deprimida de Brooklyn, que fue rebautizado como ‘hombre milagro’ al proclamarse campeón del mundo tres años después de superar un cáncer de huesos en una convalecencia y tratamiento de 19 meses.

Todo estaba dispuesto para que saltaran chispas, para que la dinamita de los guantes convirtiera el cuadrilátero en el escenario de una guerra. Más al conocerse el motivo por el que finalmente no estaría en juego uno de los cinturones que posee el kazajo, el IBF, cuya reglamentación exige un doble pesaje que el norteamericano rechazó para poder recuperar el mayor peso posible desde la primera cita con la báscula. Eso se traducía en un aumento en la potencia de pegada inicial de Jacobs.

Comenzó el combate y las esperanzas se desvanecieron. El presumible ardor guerrero del de Brooklyn no existió. Estático, su misión era medir al kazajo para aprovechar su envergadura superior y quedarse al margen de su pegada. Golovkin contestaba en el papel de perseguidor. Pasitos con tiento, asegurando cada centímetro ganado en su búsqueda de ir limitando el espacio al rival hasta forzarle a intercambiar golpes. Las primeras manos, tras dos rounds insulsos, llegaron el tercero. En el cuarto, el europeo se decidió a testar a Jacobs. Directo de izquierda doblado con dos crochets de derecha que llevaron al suelo al norteamericano. Se rehizo tras la cuenta de protección, que a la postre pudo suponer su escasa merma de puntos en la anotación de los jueces.

En adelante, el combate fue y vino por sendas ya marcadas, con Jacobs cambio la guardia de zurda a diestra para que el kazajo no fijara su zona de castigo. La iniciativa de Golovkin, Jacobs a la contra, tremenda igualdad y el que ejercía como púgil local viniéndose arriba en la recta final, lo que pudo hacer al limitar los golpes remitidos. 115-112 en dos tarjetas y 114-113 en la restante certificaron la lluvia de cinturones en favor de un Golovkin que permitió por cuarta vez en su carrera que su rival escuchara en pie el veredicto de los jueces.

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