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Jon Rahm, en el US Open.
Jon Rahm, en el US Open. / AFP

Así se forjó 'Rahmbo'

  • «En EE UU ya le gritan 'Go, Jon!'», desvela Eduardo Celles, que moldeó el talento del golfista de Barrika desde los 12 años

«Me sorprendió lo que tenía dentro de su cabeza, el carácter que mostraba con sólo 12 años». Eduardo Celles pulió el talento en bruto de Jon Rahm (Barrika, 1994) desde que tenía 12 años. El joven golfista vizcaíno, que finalizó en el puesto 23 del US Open el pasado fin de semana, tenía desde niño una mente privilegiada para superar la presión, que le ha permitido madurar y abrir una brecha insalvable con el resto de los deportistas amateurs en los dos últimos años. Esta cualidad ha sido uno de los principales pilares sobre los que ha cimentado su irrupción en la élite tras proclamarse mejor golfista aficionado del planeta. Pero era necesario regular su temperamento, en ocasiones volcánico, y moldear la calidad innata de uno de los golfistas con mayor proyección.

Pese a la meteórica velocidad con la que ha evolucionado Rahm, su destreza con los palos iba por detrás de su ambición, que volaba a un ritmo vertiginoso. «No tenía una gran técnica, aunque también es cierto que hablar de técnica a esa edad es bastante atrevido. Pero poseía un gran potencial», asegura Celles, de 49 años, que ha dedicado más de dos décadas a la formación de golfistas en Euskadi. Pero no fue sólo su habilidad lo que tuvo que reforzar Jon Rahm para convertirse en una gran promesa nacional. En ocasiones, sorprendía con un mal gesto o un monumental enfado si un recorrido se le torcía.

No resulta fácil regular el carácter de uno mismo cuando sitúa sus propias expectativas en cotas tan altas. 'Rahmbo', como se le conoce de forma afectuosa en el circuito estadounidense, confiaba en dar siempre lo mejor de sí, algo que ha contribuido en forjar su determinación, pero también le ha hecho pasar por más de una decepción. En este sentido, el joven talento de Barrika comenzó a trabajar de forma personalizada en la Residencia Blume de Madrid con el psicólogo de la Federación Española, con quien mantiene una relación fluida a modo de profundo agradecimiento.

«Pegó un cambio radical. En este US Open, por ejemplo, ha estado como uno más entre los profesionales. Eso demuestra una actitud y madurez impresionantes. Lo mejor es su cabeza, el hecho de hacerlo y creérselo», reconoce Celles. Pero su formación a nivel de personalidad no acabó en el momento en que Rahm ingresó en la Universidad de Arizona. De hecho, cuando ya trabajaba a las órdenes de Tim Mickelson, hermano del golfista Phil, recurrió a una especie de entrenador emocional, que dio un giro definitivo a su disposición para encajar los contratiempos.

Joseba del Carmen, exjugador de baloncesto en el Baskonia y el Askatuak, se encargó de templar el carácter del vizcaíno con un método de choque. En una ocasión, Rahm reaccionó con desdén a un golpe defectuoso y Tim Mickelson lo citó al día siguiente a primera hora. Y no en un campo de golf, sino en el estadio de los Sun Devils de Arizona, el equipo de fútbol americano universitario. Le obligó a subir y bajar las escaleras de las gradas hasta la extenuación y los vómitos. Tras aquella rígida terapia, el jugador de Barrika recurrió a Del Carmen para templar su temperamento. Ahora es capaz de canalizar los nervios y la frustración.

Tarjeta de presentación

La remontada que protagonizó Rahm en el US Open tras las dudas que mostró en la jornada inaugural sirve como prueba evidente de su consistencia. Tampoco podía permitirse ofrecer una imagen infantil con un desaire en un campeonato de lujo que, además, era su primer gran escaparate. La tarjeta de presentación que dejó el joven vizcaíno, de 21 años, fue mucho más sugerente. Realizó uno de los golpes del torneo en la jornada del sábado, con un espectacular 'eagle' que hizo vibrar a los presentes. «Lo celebró con su hermano Eriz. No sé cómo puede expresarse ese momento. Es más que vivir un gol de la Champions, con miles de personas gritando. Él sabía lo que acababa de hacer y tiró la bola hacia los espectadores, como si fuera un jugador de béisbol. De esa forma se gana al público», describe Celles.

La figura de Rahm, una mole de 1,92 metros, ha surgido con fuerza en EE UU, donde él se siente ya como un ciudadano más. «La gente que sigue el golf ya le grita 'Go, Jon!' (¡vamos, Jon!)», asegura el entrenador vizcaíno de la gran esperanza del golf español. El de Barrika, sin embargo, no ha perdido el vínculo con Bizkaia y Euskadi. En su nueva bolsa de palos, de hecho, luce un bordado de grandes dimensiones del escudo del Athletic, al que sigue cada vez que puede desde Arizona. Cuando se entrenaba en la Residencia Blume llevaba un peluche de león en cada recorrido y, desde diciembre, guarda con celo una camiseta que el propio Aritz Aduriz le entregó en persona en San Mamés.

El prometedor golfista de Barrika ha dejado atrás su laureado pasado como mejor amateur del mundo y se ha metido de lleno en la 'guerra' del deporte profesional. «Ya no hablamos de jugar contra veinteañeros. Es muy duro decirlo, pero lo que hemos logrado hasta hoy ya no sirve de nada», reconoce Celles, que ejerce de transmisor de la voraz ambición de Rahm: «Él es consciente de que lo que ha hecho es grande en un escenario inmejorable, además. Es la guinda a dos años impresionantes. Pero ahora llega lo bueno y lo gordo. Él lo sabe y viene a por algo mucho más grande».