El Correo

Batacazo contra pronóstico

¿Se acuerdan de aquella frase acuñada por el carismático goleador inglés -uno de los mejores delanteros centros del mundo en su época- Gary Lineker? «El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once y siempre gana Alemania».

Pues el pasado viernes, contra todo pronóstico pero muy merecidamente por lo exhibido sobre el césped, se hizo realidad bajo el cielo de Cracovia en la gran final del Europeo sub 21. Una tristeza inesperada para las huestes de Albert Celades y una sorpresa en toda regla para los amantes de la lógica valorando el potencial comparado de ambas escuadras a título individual.

Es más, si ya antes de arrancar el campeonato en Polonia se preveía que España estuviera entre los elegidos, la realidad de su fútbol superó las expectativas a lo largo de toda la competición y nada hacía pensar que la magia de la 'Rojita' desapareciese por completo en el momento más decisivo. Pero así sucedió. Desde el primer minuto de la final, en un doble alarde de excelencia física y táctica, el once germano maniató todas las vías de creación rival e incluso ganó el pulso por la posesión y generó más y mejores ocasiones de gol frente a la portería bien defendida por uno de los nuestros, Kepa Arrizabalaga. Pero en esta ocasión, pese a su buena actuación, la gloria no estuvo en los guantes del guardameta de Ondarroa sino en la cabeza del delantero Weiser que, con un parabólico e imparable remate de cabeza, firmó el gol que a la postre concedió la corona a Alemania.

Y en el tránsito de la batalla, también aliñada de nervios y errores defensivos -especialmente del central Meré-, volví a acordarme de nuestro gran león Yeray. Como también crucé los dedos cuando Iñaki Williams saltó al césped -a falta de 20 minutos para la conclusión- imaginándole como el gran héroe al rescate. Pero no era el día para sueños.

En cualquier caso, pese al evidente batacazo, también sería injusto obviar los méritos y la proyección de una generación soberbia de futbolistas donde, a mi modo de ver, han brillado con luz propia un repóker de ases: el bético Ceballos, MVP del Europeo; el colchonero Saúl, Bota de Oro; y yo añadiría a Kepa como mejor guardameta de la competición; a Marcos Llorente como mejor stopper y a Marco Asensio, por su sobresaliente talento pese a pasar desapercibido en la gran final.

En definitiva, un extenso ramillete de joyas deseadas por los clubes más grandes del planeta fútbol que, sin embargo, tuvieron que conformarse con el segundo escalón del podio. Y es que en esta ocasión la realidad germana se impuso con rotundidad premiando el juego y la fortaleza colectivas por encima de los talentos individuales. Y esa también es una enseñanza mayúscula hablando de fútbol.

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