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Cerrojos de oro

Claudio Ranieri, entrenador del Leicester, y Diego Simeone, junto con Godín.
Claudio Ranieri, entrenador del Leicester, y Diego Simeone, junto con Godín.
  • El flamante éxito del Leicester campeón de Liga y el Atlético finalista de Champions renuevan el arte del contragolpe y reafirman la vieja estrategia de la destrucción del talento del rival

No hay nada mejor que una causa justa para respaldar un planteamiento que puede parecer mezquino en origen. El Barça de Guardiola y la selección española campeona de Europa y del mundo desterraron el cerrojazo de los manuales de fútbol durante algunos años. De nada servía levantar una muralla ante las continuas fisuras que provocaban los pases de Xavi, Iniesta, Busquets y compañía. Era un planteamiento arcaico que recibía críticas incesantes y retrataba un fútbol de otro tiempo. Pero las gestas que han firmado esta misma semana el Leicester, que se ha coronado campeón de la Liga inglesa, y el Atlético, que acaba de alcanzar la final de la Champions, renuevan el arte del contragolpe más eficaz y vertiginoso y reafirman la vieja estrategia de la destrucción del talento del rival.

Recurrir al antiguo 'catenaccio' resulta infructuoso cuando se renuncia al ataque de manera descarada. Los dos máximos exponentes del juego defensivo en la actualidad -por encima incluso de los conjuntos italianos-, sin embargo, funcionan con la precisión de un reloj cuando despliegan sus alas y asestan un golpe a su rival. De hecho, es la única vía que conocen para romper con la hegemonía de sus adversarios, más ricos, grandes y con mayores recursos.

El Atlético ha marcado 44 goles menos que el Barcelona (60 en total) y 45 menos que el Real Madrid en la Liga, pero lo contrarresta con un cerrojo casi inquebrantable: sólo ha encajado 16 tantos, la mitad que su vecino blanco. La tropa del 'Cholo' Simeone, que ha conseguido una fidelidad inédita en su plantilla, protege cada tanto como un tesoro, hasta llegar a producir la sensación de que un equipo esta perdido en cuanto encaja un tanto de los rojiblancos. No hubo más que ver la ingeniosa respuesta de la cuanta oficial del Bayern de Múnich en Twitter tras el encuentro de ida (1-0 en el Calderón).

El equipo de Guardiola lo intentó por todos los medios, también en el partido de vuelta, pero no tuvo manera de doblegar al Atlético, que incluso tuvo la oportunidad de sentenciar antes su pase a la final de Champions. Es el único equipo capaz de aguantar un vendaval ofensivo tan abrumador como el que desató el conjunto bávaro, repleto de talento y de hambre para alcanzar la primera final europea de la 'era Guardiola'.

El mayor milagro

El Leicester, mientras tanto, ha desempolvado el libro de los milagros con la consecución de la Premier esta misma semana. Hay grandes gestas en la historia del fútbol, como el triunfo de Grecia en la Eurocopa de 2004 o la de Dinamarca en la de 1992, a la que accedió de carambola. Es muy distinto, sin embargo, alcanzar un trofeo de eliminatorias directas, en las que en muchas ocasiones no es necesario el triunfo, que ser el mejor de la Premier. El de Ranieri, encumbrado al fin a los 64 años, superó al Tottenham, al Arsenal, Manchester City, United, Chelsea y Liverpool cuando era uno de los principales candidatos al descenso. Fue el milagro del siglo.

El club del centro de Inglaterra se ha coronado campeón a falta de dos jornadas para el final de Liga a pesar de que es el octavo equipo que más disparos realiza y el tercero con menos posesión de la competición. Elevó el contragolpe y el juego directo al espacio a la categoría de arte hasta cautivar a los aficionados al fútbol de todo el mundo. Nadie puede negar que resulta embaucador observar a conjuntos que atacan con jugadas de auténtico lujo, como el Barça y el Bayern, pero reconocer las debilidades y correr más para ocultarlas sólo está al alcance de una estirpe única: la de los campeones humildes.