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El Tour se fija en la Vuelta

Froome, durante la presentación.
Froome, durante la presentación. / AFP
  • Cambia su estilo y opta por etapas más cortas y explosivas para contrarrestar el dominio del Sky y Froome

Cuando nació, el Tour era una carnicería. Etapas de más de 400 kilómetros, salidas de noche, cuestas sobre caminos de piedras… El padre de la ronda gala, Henri Desgrange, soñaba con ver llegar a París a un solo corredor. El superviviente. El gladiador que queda en pie sobre la arena goteando sangre suya y ajena. El tiempo y el progreso suavizaron el Tour, que durante décadas adoptó un modelo de éxito: largas contrarrelojs, sprints y doble ración de montaña repartida entre los Alpes y los Pirineos. El eco mediático del Tour era tal que se podía permitir hasta el aburrimiento. En más de una edición, incluida la era de Lance Armstrong, el campeón aseguraba su triunfo final casi una semana antes de llegar a París. Otras carreras como la Vuelta a España se tenían que estrujar la mente para atraer al público. El Tour no. Era inmune. Pero ya no lo es tanto.

Y por eso imita a la Vuelta: etapas cada vez más breves y recorridos diseñados para que los favoritos lleguen empatados hasta el final. En el pasado Tour, el Sky, el todopoderoso equipo de Froome, bloqueó la carrera. Esta vez le han preparado un trazado nervioso, más difícil de atar, con muchos días de media montaña y con una novedad importada de la Vuelta: la novena etapa, que incluye tres puertos con rampas de entre el 12 y el 20 por ciento de desnivel. Un día de la Vuelta en mitad del Tour. Con todo eso, Christiam Prudhomme, patrón de la Grande Boucle, pretende emocionar su carrera y, claro, ponérsela más cara al Sky.

«Quiero ciclistas atrevidos», azuza Prudhomme en vísperas de que el sábado arranque la edición 2017 con una ‘crono’ de 14 kilómetros sobre el asfalto alemán de Düsseldorf. «Mi ideal sería un duelo entre Anquetil, un rodador que limita las pérdidas en montaña, y Bahamontes, un escalador imparable», desvela. Pero ya nadie es como el ‘Águila de Toledo’. Hoy el ciclismo es otro. «Por eso -argumenta el director de la ronda- hay este año menos kilómetros contrarreloj, para que así los escaladores no lleguen con dos o tres minutos de desventaja al tramo final». Sin citar a Froome, habla de él. Quiere ponerle difícil el que puede ser su cuarto triunfo. Si el británico lo consigue, que sea a lo grande, a la antigua; sin la calculadora.

Cruzará las cinco cordilleras de Francia

«Es un Tour para atacantes», insiste Prudhomme. A los 14 kilómetros cronometrados iniciales sólo se sumarán los 22 de la ‘crono’ de Marsella, un día antes de subir al podio de París. En medio, el Tour 2017 cruzará las cinco cordilleras de Francia: Volgos, Juga, Macizo Central, Pirineos y Alpes. El primer examen en montaña llegará pronto, el quinto día, en La Planche des Belles Filles, la cuesta que descubrió a Froome en 2012. Y el Tour se parecerá como nunca a la Vuelta en la novena jornada (181 kilómetros entre Nantua y Chambery). Brutal. Nunca la ronda gala había juntado tres puertos tan verticales: el col de Biche, con 9 kilómetros iniciales casi al 10%; el col del Grand Colombier, una pared que incluye kilómetro y medio al 16%, y, como remate, el Mont du Chat, plagado de tramos al 15%.

Tras ese festival vendrán el Macizo, los Pirineos y los Alpes, incluido un final inédito en la luna del Izoard. Si alguien se atreve a reventarle al Sky este Tour tiene mecha de sobra. Prudhomme quiere que lo gane un valiente. Admira a Luis Ocaña, el conquense que una vez le dijo al intocable Eddy Merckx: «Silba ahora que puedes, que yo me encargeré de que lleguen los días en que no puedas hacerlo».

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