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De aquí no se mueve nadie

/ Baloncesto FEB
  • El Gernika tira de pizarra, pico y pala ante el Al-Qázeres para meterse en las semifinales de la Copa de la Reina

Estaban avisados unos y otros, que miraron de reojo desde la bocana de vestuarios el desenlace de la primera eliminatoria. Un partido descontrolado en el marcador y, a la postre, también en el parqué. La Copa, en cualquier de sus variedades, se apunta al nada es lo que parece. Son partidos sin retorno en los que el talento no se puede ocultar e incide, por supuesto, pero muchas veces, quizá las más, se deciden por los detalles que más allá de atinar con una canasta es tirarse a por un balón, capturar un rebote, sentir que te va la vida en cada posesión y defensa. Eso lo tiene ganado el Gernika, un equipo que toca todos los palos. Ayer pasó por el parqué de Fontajau con trazos de pinceles de diversos grosores. Sobraron pocos, cada uno estaba destinado a ocupar su parte del lienzo. Y cuando la pintura escaseaba, en vez de rapiñar un poco de aquí y allá sencillamente esperó a que la obra fuera secando por si le proponía otro sentido. Mario López sabe latín y ha montado a su alrededor una guarda pretoriana de jugadoras que asumen cada lance del juego, sabiendo sus roles y que estos son cambiantes. Ni un mal gesto, todo solidaridad incluso cuando la mirada se clava en el suelo como gesto de un mal día. Puso la puntilla al partido su,posiblemente, mejor competidora, María Asurmendi, pero fue una noche para que el estandarte lo sujetaran hasta las que no jugaron.

No es postureo. Se trata del compromiso que ha arrancado a un colectivo que conoce sus virtudes, más aún sus defectos. En el vestuario no reclamaba heroínas, sino valientes. Pedía que no le dejaran solo, que le acompañaran, que confiaran a muerte en su guión. Es otra de las cosas que tiene ganadas. Las dos anteriores fisuras en la plantilla -buenas chicas y jugadoras, pero sin acabar de hacer el juramento de sangre- ya no visitan el vestuario de Maloste. Con lo que tiene por la llegada de Sandric y Mokango el equilibrio de su propuesta es total. Y ha podido, con el paso de las semanas, dotar de importancia a su segunda unidad, tanto que en ocasiones es la que activa la desbrozadora para limpiar el paso.

Con dos bases

El partido fue tan extraño como que cada vistazo al luminoso parecía dar a entender que enfrentaba a un quinteto frente a una pareja. Alston y Rosanio monopolizaban los tiros, demasiados, en la apuesta cacereña por darles barra libre. Contaban con el comodín de la gigante Dacic para intentar controlar el rebote, pero se veía como una apuesta tan arriesgada como siempre lo es porfiar la suerte a la puntería, que va y viene. Aunque las de Maloste dominaban, esa libertad de acción de las dos estadounidenses las hacía venirse arriba, creérselo, buscar opciones de tiro a todas luces excesivas. Pero tuvieron su punto dulce (0-8 para colocarse 7-11) y desde el banquillo vizcaíno se buscó la oportuna corrección.

Sandric dejó su plaza primero a Naiara Díaz y con el paso del partido a Izaskun García para consumir muchas posesiones con dos bases al unísono, lo que permitía un mayor ajuste defensivo. Se percibía cierta peligrosa bajada de tensión entre las de la villa foral y Asurmendi ponía las pilas a sus compañeras. La irrupción de la unidad B permitió recuperar el mando, con un enorme empeño de Llorente pegándose en inferioridad de altura, kilos y envergadura; con García emulando la ferocidad atrás de una piraña, y Lázaro con una rotación soberbia que incluyó cuatro puntos para volver a poner al Gernika al frente.

La mejor lectura es que los cambios, las variantes, esas pequeñas -y alguna grande- vueltas de tuerca propuestas por Mario López daban margen para esperar a las rezagadas. Habían tardado diez minutos los primeros puntos de Carter, prácticamente no llegaron los de Sandric, y a pesar de todo el protocolo era otro. Había que meter, si no es imposible ganar, pero se dolía mucho más el Al-Qázeres de los vaivenes de sus dos referentes con un apoyo tardío de Forster y Dancic.

La firme apuesta por jugar con Asurmendi e Izaskun García daba sentido a la victoria desde la defensa. No se trataba de una noche mágica en el tiro. Pero ello no evita que se den destellos. Lo estaba mereciendo el Lointek Gernika por lo bien que gestionaba su ventaja. Escasa, pero suficiente en manos de una buena filosofía de juego. Sólo había que liquidar al oponente. A 2’42 minutos del final, Asurmendi programó un misil tierra-tierra que bajó con nieve por la elipse que trazó. Triplazo. Pues eso, que nadie se mueve de aquí. Hoy (21.15) semifinales contra lo mas parecido a un dream-team, el Perfumerías Avenida.

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