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Carta a un seguidor del Deportivo Alavés

Los jugadores del Alavés celebran la victoria ante el Celta que les dio paso al final de Copa.
Los jugadores del Alavés celebran la victoria ante el Celta que les dio paso al final de Copa.
  • Hay cuentos donde el príncipe respeta a la Cenicienta. Pero no se escriben en esta Liga

Ha sido una alegría. De verdad. Me refiero a que hayáis llegado a la final de Copa. No solo por lo obvio, también por la gesta deportiva. La competición del KO permite aún que la Cenicienta que se lo ha currado pueda soñar con pasear en carroza de oro. Pero no os han contado todo el cuento. Olvidaos de la sede. Se jugará donde quiera el F.C. Barcelona. Punto. Lo sabemos por experiencia. Si se ponen, son capaces de obligar a los Guns N' Roses a montar el chiringuito en un córner, en tres horas, y pasando de Ibaigane. Ojo, que la normativa nos recuerda que la Federación Española manda y lo que diga va a misa, por encima de la opinión de los clubes. Vamos que ellos eligen el campo. Todas las directivas lo saben. Incluida la blaugrana. Pero continúan con el teatro. Lo suyo es pedir el Bernabéu para montar el circo de todos los años. Y no es lo único que os espera. De ahí estas líneas.

Todos sabemos que Florentino monta antes una sauna turca en su templo blanco que dejar al eterno rival levantar allí una copa. Lo de las obras suena a que pasa de inventarse nuevas excusas. Pero ha sido rotundo. Total que se jugará en el Calderón. Al tiempo. Será el último año que lo veamos en pie y eso pesa. Hay colchoneros que exigen que su equipo sea el último en jugar allí, pero Cerezo no está para despreciar euros. Escucharéis opciones como Sevilla o Valencia. Que no os mareen. Pillad hotel en Madrid. Y, por si acaso, en Barcelona. No sea que, como pasó, decidan que el Camp Nou es ideal de la muerte para que Neymar haga sombreros y los vasquitos dejemos la pasta. Y si vuestros dirigentes dicen que les parece buena opción, como los nuestros, será porque es mejor ir de machote que de pardillo. Que es lo que somos.

Todavía, no lo dudéis, seguiremos escuchando que San Mamés es la mejor opción y si no es allí será por ésto o aquello. La chufla debe continuar. Para, así, lanzar mensajes políticos de perra gorda, tan facilones como irresponsables. Cierto que habrá quien desearía veros jugar en su campo y quien no. Y en el caso de San Mamés, por aquello de su parte pública, el debate sería tan eterno como abierto. No así en la calle. Comerciantes y hosteleros estarían encantados. Pero os recomiendo que volváis a leer los párrafos anteriores para recordar que lo que no se puede no se puede y además es imposible. Dicho lo cual, pasemos al siguiente capítulo.

Una vez decidido el campo, llegará otra entrega de 'Ocho apellidos vasco-catalanes'. Que si el Procés, que si ese lleva esta o a aquella bandera, que si fulano ha puesto algo en twitter, que si Willy Toledo ha dicho no sé qué... Bienvenidos al 'Día de la marmota'. Tras vivirlo tres veces en seis años pierde gracia. De hecho no tiene ninguna. Parece que lo menos importante sea el partido. Algo que no preocupa mucho al Barça. Son tantas finales que han perdido la emoción. Y parte de su afición buscará divertimentos fuera del verde. Quizá si ganásemos todas o casi todas, como ellos, nos daría por pensar en otras cosas. La inmensa mayoría de los 'athleticzales' que fuimos a Barcelona dejamos claro que cada cual tenía su pálpito político, pero que ese día el pulso lo marcaba el fútbol. Y aunque perdimos, la lección de fidelidad y civismo impactó a todo hijo de vecino. Nunca se había visto algo igual. Lo que no impidió que al día siguiente nos llamasen de todo. Porque hay otro cansino capítulo. El himno, la pitada y su eco.

Cuentos con final feliz

Da igual que silbes o no. Si vas, formas parte de la masa. Y si hay pitada, que la habrá, dará igual que ganéis. El titular no será deportivo, sino político. Pero si perdéis, teniendo en cuenta que no es noticia que ellos ganen, el eco de la pitada será mayor. Y seguiréis escuchando hablar del tema hasta la siguiente final y más allá. Lo que incluirá aguantar críticas, amén de denuncias varias. Que luego se archiven forma parte del circo. Es como si se olvidara la última cita y unos y otros repitiésemos las mismas tonterías. Pero la cosa no acabará con el himno.

El Barcelona y los cuentos con final feliz casan mal. Preguntadle a Ibai. O a Toquero, que sabe lo que es tocar el cielo y que el otro se lleve la chica guapa. Sea Mestalla, Calderón o Camp Nou. Entonces vuestro equipo os aplaudirá orgulloso desde el césped, mientras los de siempre bailan danzas varias y Shakira corretea cual Heidi buscando a Pedro. Y todo rezumando buen rollo. Porque Piqué y compañía saben ganar. Otra cosa es perder. Así que os guiñará un ojo y se despedirá hasta la próxima, mientras Iniesta cuenta a un periodista que su padre era del Athletic, pero también un poco del Alavés y que no entiende que no le aplaudan. Recordad que Guardiola, Xavi y Pujol ya no están. Se nota la pérdida de señorío. Total que, a lo tonto, habréis pasado el fin de semana y volveréis a casa con cara de pagafantas. O no.

Ojalá me equivoque, ganéis y la fiesta dure semanas. Hubo un tiempo en que me tocó seguir a los Babazorros. Fue cuando casi la liáis en otra Copa y subisteis a Primera. Desde Pablo el capitán hasta el último del banquillo demostraron que tenemos más cosas en común de lo que pensamos. Y fue un honor contarlo por televisión. Solo por eso disfrutaría de vuestra victoria. Pero el rival no es el que fue y el fútbol tampoco. Las Cenicientas siguen fregando y barriendo después de la fiesta. Lo contrario solo pasa en Inglaterra. Aquí las madrastras tienen de su lado todos los espejos y eso no hay quien lo cambie. De ahí que algunos llevemos tiempo viviendo esta Copa sin ilusión. Prefiero la Europa League. Y cualquier cita en la que no estén ellos. Ni el Madrid. Por eso un servidor se alegró de que nos tocara el Barcelona tan pronto. Si pasábamos evitábamos repetir el circo y si nos eliminaban, eso que nos ahorrábamos. No solo dineros. También desilusiones. Ojo que lo dije y lo escribí hace años. Y aún así fui después a la final de Barcelona. Es lo que tiene ser romántico. Pero ya no tengo la misma ilusión. Tres veces he escuchado de boca culé que somos «primos-hermanos». Tantas como finales perdimos. Por cierto, en la Supercopa, que les ganamos, no lo dijeron. Así que ya no cuela. Quizá ese día no fuimos tan hermanos y, desde luego, dejamos de ser unos primos. En fin, que os vaya bonito. Y que no os chuleen. No lo merecéis. Nadie lo merece. Sobre todo un equipo normal. Lo que viene siendo todos los de esta Liga salvo dos. Esa cansina pareja que decide cuándo, cómo y dónde se juega. Y si no es así se enfadan, protestan, se salen con la suya y colorín colorado este cuento se ha acabado. Pero solo hasta el año que viene. Cuando otra Cenicienta vuelva a soñar con un final feliz sin darse cuenta de que el príncipe, como siempre, le robará el zapato.

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