«Dejadles, no entréis en la provocación»

IGNACIO PÉREZ

La protesta contra los hinchas «fascistas» rusos estuvo cerca de acabar en disturbios cuando un puñado de moscovitas insultaron a los manifestantes

Josu García
JOSU GARCÍA

La nutrida presencia policial evitó en la noche de ayer un grave altercado de orden público en el transcurso de la manifestación que el colectivo Sare Antifaxista convocó para protestar por la presencia de hinchas «fascistas» rusos en la capital vizcaína. Hubo dos conatos de peleas y un ambiente en el que se mascaba la tensión. La sensación a pie de calle es que, en las próximas horas, la más mínima chispa puede encender una serie de enfrentamientos de consecuencias imprevisibles.

La marcha arrancó a las ocho de la noche en Moyua, con unos 250 participantes. Había seguidores rojiblancos, pero se vieron muy pocas bufandas o camisetas futbolísticas. Sí se desplegaron varias banderas antinazis y una pancarta, con el lema: ‘Fuera el fascismo de las calles y las gradas; defiende tu ciudad’.

El momento crítico se produjo cuando habían pasado unos 30 minutos y la protesta se adentraba en el Casco Viejo desde El Arenal. En ese instante, media docena de radicales del Spartak hicieron acto de presencia en la calle Navarra, junto a la heladería. Comenzaron a realizar gestos obscenos y a corear consignas en ruso, acompañadas de algunos insultos en inglés, como ‘fucking bastards’ (’jodidos bastardos’). La cola de la manifestación se detuvo y varios de los presentes comenzaron a encapucharse y a cubrir sus rostros con bufandas. Ambos grupos estaban separados por apenas 60 metros.

Los hinchas locales respondieron con más improperios y señales para que los extranjeros se acercaran. Lejos de amilanarse, los ultras moscovitas elevaron el tono de sus cánticos y comenzaron a caminar hacia el puente. La pelea era inminente.

La sensación a pie de calle es que la más mínima chispa puede dar lugar a altercados en la ciudad

Sobre todo, porque, en ese momento, el fuerte dispositivo de la Ertzaintza había pasado a la cabeza de la marcha y estaba bloqueada al otro lado de la pasarela. Dos coches de la Policía Municipal se interpusieron entre los radicales. Y dos agentes de paisano templaron los ánimos entre los hinchas locales. «No entréis en la provocación. Pasad de ellos. Dejadles», les pedían.

Y cuando parecía que la bomba iba a estallar, los dos bandos rebajaron la tensión y se dieron media vuelta. Los rusos subieron hacia Abando, increpando a varios viandantes. Y los manifestantes prosiguieron su camino entre muestras de indignación. «Escoria, fuera de la ciudad», decía uno. Un minuto después, cuatro furgonetas de la Ertzaintza hicieron acto de presencia, con sus potentes sirenas ululando por la calle Bailén. El altercado ya se había evitado.

Sólo unos minutos antes, en un establecimiento de la Plaza Circular había habido otro conato de reyerta. En el restaurante, unos cinco rusos se comían un bocadillo. Se cuadraron al paso de la protesta y empezaron a llover insultos de una y otra parte. Los antidisturbios de la Ertzaintza tuvieron que bajarse de sus vehículos y formar un cordón para proteger a los moscovitas. En ese momento se profieron gritos en recuerdo de Iñigo Cabacas.

«Estado de excepción»

La marcha concluyó en la Plaza Unamuno, sin más novedad. Pero con tensión, porque las sirenas seguían oyéndose cerca.

Un portavoz de Sare Antifaxista mostró su rechazo por la presencia de «hinchas fascistas» en Bilbao. «Son homófobos, racistas y nazis. No les queremos aquí. Hay que poner freno a estas actitudes», dijo, al tiempo que criticó que la ciudad se haya convertido «en un estado de excepción durante tres días, gastandose las autoridades muchísimo dinero público en el despliegue policial».

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