El Correo

Un detective de nuestros días

Martin Freeman y Benedict Cumberbatch, los protagonistas de la serie.
Martin Freeman y Benedict Cumberbatch, los protagonistas de la serie. / r.c.
  • El personaje de Conan Doyle, Sherlock Holmes, renació por enésima vez gracias a una adaptación que lo sitúa en el Londres del siglo XXI y con los vicios comunes de cualquier persona en la actualidad

Si Conan Doyle levantara la cabeza se tiraría de los pelos al ver cómo seguimos venerando hoy en día al personaje que le dio la fama. Y lo haría porque él, en realidad, odiaba a Sherlock Holmes, aunque fuese quien lo creara. Le dotó con características que despertaban pocas empatías (morfinómano, misógino, asocial) y trató de matarlo en varias ocasiones. Pero nada, no lo logró. El personaje venció al propio escritor. El investigador ha sobrevivido a todo tipo de turbulencias, escándalos y problemas y se ha reinventado en toda clase de medios (cine, tele...).

Al autor británico le horrorizaron algunas adaptaciones que conoció en vida. Y eso que lo mejor estaba por llegar. La BBC ha hecho el más difícil todavía y ha traído al siglo XXI al personaje de Doyle. La emisora ambientó al moderno detective y a su compañero, el doctor Holmes, en el Londres del siglo XXI. Permanece el espíritu original, eso sí, pero acomodándose al mundo actual, en el que desafina tanto como en épocas pasadas. Sherlock siempre está por encima del bien y del mal, viva en el siglo que viva.

Al frente del ambicioso proyecto se colocaron Steven Moffat y Mark Gatiss, que sabían bien qué era eso de pasar textos literarios a la televisión. El primero, que había estado detrás de títulos como ‘La pandilla plumilla’ o ‘Doctor Who’, trasladó en 2007 ‘El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde’ a una miniserie de siete episodios. Por su parte, Gatiss (que en la serie interpreta al hermano de Holmes) había colaborado con el anterior en ‘Doctor Who’.

«Somos herejes, Mark Gatiss y yo, profanadores de un texto sagrado. Sacamos a Sherlock Holmes y al doctor Watson de la apasionante Londres de la era victoriana y los dejamos caer entre cajeros automáticos, tarjetas para usar en el metro y, Dios nos ayude, Twitter. Claramente, deberíamos salir corriendo de aquí», explicó en tono jocoso el creador, que siempre se ha declarado admirador absoluto del personaje –«si Doctor Who hubiera sido detective, claramente habría sido Sherlock Holmes», llegó a afirmar– y que nunca imaginó que la nueva propuesta fuese a gozar de tantos adeptos. Y no era fácil. Hasta ese momento se había respetado más o menos el tiempo en que le tocó vivir al investigador, pero ellos querían dar un paso adelante. «Holmes con trajes modernos. Alguien debería hacer eso otra vez», se dijeron cuando planeaban la producción.

Una serie evento

‘Sherlock’ está planteada como serie evento. Cada temporada es muy corta, únicamente tres episodios de hora y media de duración, en los que se proponen casos basados en los textos de Doyle (alterando los títulos, como un guiño a los lectores). Se respetaron las personalidades originales de los libros. El Sherlock televisivo trabaja como asesor de la Policía y está interesado en crímenes extraños (el resto le aburren demasiado). Es muy observador, le cuesta adaptarse a las convenciones sociales y no sabe relacionarse con los demás. Hay quien ha descubierto en él rasgos de asperger, aunque es un detalle que no ha sido confirmado por los creadores.

El Watson de este título es bastante más inteligente de lo que apuntaban otras adaptaciones y se muestra fascinado por los métodos deductivos de su compañero. Fue soldado médico en la guerra de Afganistán y su experiencia allí le dejó traumatizado, algo que repercute en su vida cotidiana. De aquella labor le llegó la pasión por las situaciones trepidantes, por el riesgo, por la acción. El cuerpo se lo pide y la vida junto a Holmes le asegura aventuras de este tipo.

Más allá de los casos que han de resolver o el modo en que ambos se enfre

ntan a personajes como Moriarty, el ‘leitmotiv’ real de la ficción es la amistad entre ambos y la necesidad y admiración que se profesan. Hay quien ha querido buscar entre ellos un vínculo emocional (la ambigüedad sexual del personaje de Sherlock ayudaba), pero no ha discurrido por esos terrenos su relación. Al fin y al cabo, esta serie se ha reivindicado como moderna por las relaciones que plantea y por encumbrar la diferencia y a las personas que no se avergüenzan por ser ‘distintas’ a lo que marcan los cánones convencionales.

Benedict Cumberbatch se ha encumbrado interpretando al protagonista de este formato y ha adquirido una fama internacional que, curiosamente, le han permitido labrarse una carrera en el cine pero han dificultado la grabación de nuevos episodios. De momento se han emitido cuatro temporadas y no parece que vaya a haber más. Por su parte, Martin Freeman, al que recordamos por ‘The Office’, encarnó con acierto a Watson, revitalizó su carrera y saltó a la gran pantalla más tarde como ‘El hobbit’. Doyle, sin quererlo, les encumbró a la fama.

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