El Correo

La última cena de Hannibal Lecter

  • La serie dedicada al famoso caníbal, convertido en un personaje carismático gracias a la literatura, el cine y la televisión, se despide de sus seguidores tras tres temporadas en antena

"Uno del censo intentó hacerme una encuesta. Me comí su hígado acompañado de habas y un buen chianti...". Esa frase, una de las más recordadas por quienes hayan visto la mítica 'El silencio de los corderos' (1991), sirvió para forjar la leyenda de Hannibal Lecter. Sin duda, uno de los personajes más fascinantes a la par que aterradores que han forjado la literatura y el cine. La sombra de Anthony Hopkins, que se hizo con el Óscar al mejor actor por ese papel, era a priori demasiado alargada. Pero, hace un par de años, Mads Mikkelsen tuvo la osadía de aceptar el difícil reto de reinterpretar al famoso caníbal, convertido ya en todo un personaje carismático y de culto.

El intérprete danés de anguloso rostro lo ha logrado con creces durante las tres temporadas que ha conseguido permanecer en antena 'Hannibal', una de las series más asombrosamente violentas, arriesgadas y elegantes vistas en los últimos años en televisión. Todo un desafío difícil de superar, habida cuenta de que el protagonista de la historia disfruta matando, despedazando cuerpos y comiéndose los miembros y vísceras de los desdichados que se cruzan en su camino. Lecter es un psiquiatra de paladar exquisito, de eso no hay la menor duda.

Casi todos los críticos coinciden en que uno de los indiscutibles méritos de esta ficción ha sido brindar, desde el horror, escenas de gran belleza. Ha creado un universo propio, muy oscuro y se ha erigido como una apuesta sagaz y visualmente única. Y, pese a todos los altibajos que ha sufrido, ha ofrecido en su conjunto un producto a todas luces impactante; que, como la dieta de su protagonista, no era apta para estómagos delicados. Y eso que sus creadores se han esforzado por 'cocinar' platos repugnantes hasta presentarlos como auténticas 'delicatessen', pero el menú acabó por empachar. Y lo que es peor, se le atragantó a buena parte de los espectadores.

Por eso mismo, a pocos sorprendió que esta serie, toda una rareza de la NBC, que la producía junto a AXN, fuera perdiendo el favor del público hasta marcar mínimos históricos. Datos inaceptables para ese canal, una de las cuatro grandes cadenas generalistas de Estados Unidos, que anunció en junio que la cancelaba, dejando a sus seguidores castigados sin postre. Ni cortos ni perezosos, los autodenominados ‘fannibals’ se lanzaron a las redes sociales para ejercer presión e intentar evitar que la cadena certificara el acta de defunción. Pero hasta ahora todos los intentos han sido en balde. Habrá que ver si Bryan Fuller, su creador, logra convencer a otra 'network' o canal por cable de que su criatura se merece esa cuarta temporada que se ha quedado en el limbo. Sobre todo desde que el pasado mes de julio expiraron los contratos de sus protagonistas, Mads Mikkelsen y Hugh Dancy; lo que se ha interpretado como un clavo más en el ataúd de ‘Hannibal’.

A la espera de ver si se concreta alguna opción para un futuro 'revival', buena parte de su audiencia se conforma con pensar eso de que le quiten lo 'comido'. Otros, sin embargo, no se resignan a que les birlen de la carta su plato favorito y prefieren seguir saboreando el menú a través de diversas vías. En España, por ejemplo, AXN, que ha emitido este verano la entrega final en versión original subtitulada, ofrecerá la tercera temporada doblada al castellano en octubre a través del servicio bajo demanda de las plataformas en las que este canal temático está presente.

El arte del emplatado

Quizás estas opciones animen a otros comensales a degustar los 39 platos (léase episodios), que han seducido a los 'fannibals' gracias a la soberbia interpretación de Mikkelsen, a una Gillian Anderson insuperable y a unos magníficos Laurence Fishburne y Hugh Dancy, que interpreta a un analista del FBI cuyos ejercicios de empatía para intentar descifrar las motivaciones de los asesinos terminan por afectarle más de la cuenta. A ese cuarteto habría que agregar también al gran elenco de actores secundarios que les acompañan, así como a Caroline Dhavernas. Ella completa ese peculiar grupo en el que unos y otros intentan psicoanalizarse por medio de unos diálogos inteligentes, sutiles y sibilinos, que ocultan mucho más de lo que dicen.

Esas brillantes conversaciones son uno de los sellos más característicos de esta producción. Otro factor que diferencia a 'Hannibal' de otras ficciones centradas en asesinos en serie es la enorme profundidad psicológica de sus personajes. Ese rasgo, precisamente, ha podido contribuir a alejar a la audiencia, más acostumbrada a digerir propuestas con sujetos simples e incluso más planos que una tabla de planchar. En este caso, la gran mayoría quizás no entendió que lo más interesante no eran los macabros crímenes que se retrataban, sino el viaje psicológico que emprendían Lecter y Graham. Un baile de altura en el que su vínculo pasa por diferentes estadios, desde la amistad, al odio y el amor. En el fondo, ambos se admiran y tratan de manipularse mutuamente. Su relación homoerótica es un ‘ni contigo ni sin ti’, que diría el poeta.

Muchos de esos conflictos y enfrentamientos se han visualizado como metáforas. Éstas, mezcladas con otros muchos elementos, han confluido en un complejo ‘thriller’ psicológico inspirado en los orígenes del caníbal narrados en 'El dragón rojo', escrito por Thomas Harris, también autor de 'El silencio de los corderos' y 'Hannibal'. Eso sí, este producto tan hipnótico, que no deja a nadie indiferente, no hubiera sido el mismo sin haber contado con uno de sus rasgos más diferenciadores: la omnipresente comida. Ahí han jugado un papel clave el chef español José Andrés, al que ficharon como asesor para las numerosas escenas de cocina protagonizadas por Mikkelsen; y, cómo no, Janice Poon. Esta estilista culinaria ha sido una pieza fundamental. En su popular blog, llamado 'Feeding Hannibal' ('Alimentando a Hannibal'), ha desgranado los procesos creativos de cada receta hasta tal punto que ha hecho ver a todo el mundo la gran potencialidad artística que encierra el arte del emplatado. Y es que no siempre el secreto está en la salsa.