El Correo

A sus pies

Dianne Reeves, durante  su actuación en Getxo.
Dianne Reeves, durante su actuación en Getxo. / Pedro Urresti
  • Dianne Reeves, una diva obamita del jazz vocal con cinco Grammys en su haber, agotó las entradas en el 41º Getxo Jazz y dio un concierto creciente, onomatopéyico y variado abarcando desde Brasil y África hasta el cénit del blues

Se agotaron las entradas para las citas estelares del sábado y del domingo en el 41º Festival Internacional de Jazz de Getxo, las dos últimas jornadas de las cinco festivaleras. No se molesten en intentar conseguir un boleto para ver a Chucho Valdés clausurando la semana, y permitan que les narremos cómo fue el otro show con ‘sold out’, el de la diva obamita Dianne Reeves (Detroit, Michigan, 1956), premiada con cinco Grammy y a la que ya vimos triunfar en el Arriaga, en marzo de 2009, en el ciclo 365 Jazz Bilbao (así lo contamos).

El del 41º Getxo Jazz fue un concierto de 11 piezas en 106 minutos, creciente en todos los sentidos: desde el orden general de las canciones hasta el modo de ejecutar en gradación emocional cada pieza, desde el modo de moverse por escena la oronda diva afro hasta la reacción cada vez más desatada del respetable, muy maduro, quizá con mayoría femenina, y que en el bis acabó bailando y coreando funk. Aunque cierto es que, a pesar de las facultades, la elegancia y la solvencia de los oficiantes, a la velada le costó coger altura tras durante la terna inicial: un instrumental inaugural brasileiro para desengrasar los cuatro escuderos (Topo está convencido de que lo hicieron para probar sonido sobre la marcha), el primer título vocal que fue el reconocible ‘Suzanne’ de Leonard Cohen, entonado de modo etéreo y exagerado por la Reeves, que lo empezó como una Barbara Hendrix presuntuosa y lo remató a lo Ella Fitzgerald en la ópera negra ‘Porgy & Bess’, y el tercero del lote, con ella ya sentada en un taburete para arrimarse a los africanismo suavitos vía Paul Simon en el ‘Minuano’ de Pat Metheny, pieza de atmósfera algo hotelera (circuito que se curró en sus pinitos la hoy doctora honoris causa por el Berklee College of Music en 2003 y por la Juilliard School en 2015).

Al acabar ‘Minuano’, la carpa rugió excitada y la diva, con peinado en plan ‘Las meninas’ de Velázquez y brillante y vaporoso vestido turquesa, siguió el show exagerada, pero con más alma, usando su voz como un instrumento, estirando casi cada sílaba como si fuera Flora Purim al frente de Return To Forever al entonar la balada after hours ‘Infant Eyes’, de Wayne Shorter (en la que susurraba: «precious thing, sweet miracle of love»). Revolucionó el gallinero con una improvisación funk que derivó hacia el blues africano y que fue el ‘All Blues’ de Miles Davis, y el etnicismo continuó con el ‘Tango’, original de Reeves incluido en su último álbum, ‘Beautiful Life’ (2015, su quinto Grammy a la mejor interpretación femenina de jazz vocal), un número que más bien resonó a danzón cubano santero, con ella onomatopéyica alardeando estilística por encima de la banda gregaria siempre que ella abría la boca.

Dúo acústico con Romero Lubambo

La ovación consiguiente devino bramido de nuevo, y entonces Dianne Reeves, afectada a lo Roberta Flack, casi exhibicionista, hizo ‘Once I Loved’ de Antonio Carlos Jobim (esa que reza «because love is the saddest thing when it goes away») en dúo acústico con el veterano y rubiales guitarrista brasileño Romero Lubambo, al que definió como «mi hermano, mi hermano de otra madre». A lo Return To Forever le quedó su original ‘Nine’ (aquí va una versión en vivo con orquesta), donde usó otra vez el scat vocal, y tras obligar sin esfuerzo al público entregado a repetir sus grititos como Miguel Ríos, le ordenó que chasqueara los dedos para marcar el ritmo del standard ‘One For My Baby (And One More For The Road)’, que lo atacó en plan blues, mostrándose rotunda a lo Dee Dee Bridgewater y alcanzando el cénit de la cita (el blues nunca falla en manos de cantantes de este nivel).

Desde ese momento hasta la despedida siguió medrando la diva Reeves: la balada etérea con soul ‘Cold’ (original suyo) también remitió a Dee Dee y en su epílogo aprovechó para presentar a sus músicos… ¡cantando! Hizo mutis pero volvió a escena y a gritos sobre la música que seguía sonando dijo «gracias por ser una gente maravillosa, gracias por celebrar y apoyar la música, gracias por amaros los unos a los otros», y se despidió dibujando un corazón con la mano, como un futbolista tras meter un gol.

Pareció que se había acabado el concierto, pero el público pidió más y Dianne Reeves concedió un tema extra, un funk con el gentío danzando en pie a sus pies, su original titulado ‘Mista’, con el saxo invitado del telonero, el concursante Claudio Jr. De Rosa, que sopló como un tímido escudero de James Brown mientras la jefa ponía en danza a la carpa, que tenía completamente en sus manos, y le hacía gritar ‘o-ja-jeee’ en plan Miguel Ríos, antes de hacer mutis definitivo deseando una sola palabra: ‘peace’. Paz. Que no falte.

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