El Correo

La vaquera rompecorazones

Whitney Rose enamoró en el Satélite T.
Whitney Rose enamoró en el Satélite T. / Óscar Cubillo
  • La canadiense Whitney Rose encantó y enamoró al público mixto del Satélite T cantando de maravilla en un concierto de country genuino trufado con versiones y realzado por su guitarrista solista

Otro éxito de público y de arte cosechado por una artista femenina esta semana en Bilbao, en cuya agenda de conciertos brillan numerosas chicas y mujeres: Joanne Shaw Lewis, Canteca de Macao, Labrit, Rubí, Margo Cilker o la que nos ocupa, la vaquerita y gatita Whitney Rose, quien emocionó y convenció a un Satélite T casi agotado y lleno por unos 150 espectadores, entre ellos varios tipos vestidos de cowboys (camisas rechulas, sombreros…) y las ‘numerosas mujeres guapas’ que dijo ver desde el escenario la genuina cantante de country Whitney, que les dedicó una canción asegurando que las mujeres pueden hacer todo lo que hacen los hombres, y encima mejor.

Whitney Rose, pequeñita, de melena morena y rostro redondo, eligió un vestido hippie, largo y oscuro que gustaría a la getxotarra Rubia y condujo un cuarteto agraciado con un guitarrista a cargo de una Fender Telecaster que excitaba al instante en cada punteo eléctrico, veloz e incisivo. En 86 minutos sonaron 19 canciones, entre ellas el instrumental ‘Sleepwalk’ de Santo & Johnny abriendo el bis. Hubo otras versiones reconocibles, como un ‘Suspicius Mind’ de Elvis Presley nada verbenero a la cuarta canción, ese primer bis triple completado por dos canciones de botellas, ‘Two More Bottles’ de Emmylou Harris y el ‘The Bottle Let Me Down’ de Merle Haggard, y abriendo el segundo bis el ‘Stand By Your Man’ de Tammy Wynette, que una felina Whitney se gustó al entonar agarrada al micro, sin colgarse su guitarra acústica y volcada sobre el público justo después de que un sujeto le declarara su amor.

Whitney Rose (Prince Edward Island, Canadá, 1986) obtuvo el éxito con su segundo disco largo, ‘Heartbreaker Of The Year / Rompecorazones del año’ (15), y se mudó a Austin, Texas, desde donde ha lanzado el EP de seis cortes ‘South Texas Suite’ (16), bien inspirada y empapada de whisky, garitos (los honky tonks), paisajes, botas (‘The Devil Borrowed My Boots’ a la quinta y ‘My Boots’ antes de los bises) y desamores (‘The Last Party’, una de sus canciones más tristes como explicó en la introducción, cuando informó que los cantantes de country deben componer muchos temas melancólicos).

En el Satélite T se lo pasó de cine (por ejemplo cuando bailó alrededor de su guitarrista y le secó con la toalla) y cantó de maravilla (esa garganta de cristal de bohemia, sin abusar del tono nasal). Sonó retro pero más genuina que Imelda May (‘My First Rodeo’, con punteos al gusto de John Paul Keith), amalgamó en una misma pieza a Dwight Yoakam, Chris Isaak y Levi Parham (‘Chivalry Is Dead’), logró que las notas lagrimearan desde el techo como la virginiana Neko Case (‘Looking Back On Luckenbach’), saltó de la alegría familiar de la banda de Johnny Cash a la tristura de Roy Orbison, su guitarrista disparó ráfagas como el Shakin’ Stevens más rockin’ (‘Your Time To Cry’, o esa cima de la cita que fue el ‘Bring Me Down’, con la Telecaster saliéndose de la tabla), e introdujo un par de canciones escritas por damas: ‘Analog’ de Brennen Leigh, no sin antes recomendarnos que si no la conocíamos la buscáramos en Internet al llegar a casa y comprásemos todo lo suyo, y ‘You Don’t Own Me’ de la difunta feminista difunta Leslie Gore, que Whitney entonó con pasajes gritados souleros y dramáticos.

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