El Correo
Un momento del concierto.
Un momento del concierto. / David Herranz

Sinfonismos vascos

  • Melodías de Sorotan Bele, Oskorri, Lertxundi, Urko o Hertzainak fueron reproducidas sinfónicamente por la Donostiako Musika Eskola Orkestra el domingo en el Campos en una coproducción entre el tercer festival Loraldia y el séptimo ciclo Izar & Star

El tercer festival multidisciplinar Loraldia, que pretende promover la cultura vasca (como siempre en estos casos, se refiere a que se expresa en euskera), se celebra en Bilbao entre el 7 de marzo y el 8 de abril. Habrá una treintena de shows en distintos locales, shows a menudo únicos, irrepetibles (en principio). Es el caso de la colaboración, celebrada el domingo en el Teatro Campos, entre el Loraldia y el séptimo ciclo Izar & Star, aquel en que músicos vascos homenajean a sus influencias. En el Izar & Star suelen participar grupos de rock adaptando a otros similares, pero esta vez el pianista Aitor Amezaga, en comandita con la Donostiako Musika Eskola Orkestra, repasó un repertorio titulado ‘Euskal Kantuak Sinfonikoaren Bidean’ (cantos vascos por la vía sinfónica, se podría traducir), ya recogido en el disco ‘Barruan’ (Agorila Productions, 2015), grabado con la Orquesta Sinfónica de Bratislava.

Getxotarra de 58 años, Amezaga posee un largo currículo, pues ha trabajado en más de 80 discos desde 1973, entre otros de Sorotan Bele, Urko, Mocedades, Akelarre, Anje Duhalde, Tijuana In Blue, Eskorbuto, La Polla Records, Txirri Mirri eta Txiribiton, Tapia eta Leturia, Txomin Artola, Imuntzo eta Beloki, Pantxo eta Peio, Amaia Zubiria, Maixa eta Ixiar, Kaxiano, Los 5 Bilbaínos, Jotakie, Reincidentes, Extremoduro, Alberto Cortez, Gorka Knörr…

Varios de estos nombres vascos se repitieron en su actuación dominical en un Teatro Campos poco poblado (menos de 200 espectadores), donde vivimos un concierto de 56 minutos para 11 piezas, sin bis a pesar de que el respetable lo solicitó. El piano se oía sobre la orquesta juvenil y mixta vestida de negro, una gran alineación que funcionó mejor en los pasajes conjuntos (sirva como contraejemplo el solo al borde del abismo en la inaugural ‘Bikaia maite’, de Benito Lertxundi) y en las melodías más reconocibles (‘Aita-Semeak’ unida a ‘Furra-furra’, de Oskorri, a la segunda pieza).

Además, la Donostiako Musika Eskola Orkestra trascendió de su timidez y casi rompió la barrera, la cuarta pared en varias piezas más, caso de ‘Aitormena’ de Hertzainak (con dejes beatlenianos casi), ‘Xalbadorren heriotza’ de Xabier Lete (muy solemne), o ‘Bentara noa – Haika mutil’ (tradicional vía Laboa, también solemne y con arreglos de txapalaparta).

La orquesta jovezna donostiarra echó el resto en el tridente final. Tanto creció, que parecía adulta. Muy según la tradición española, les quedó ‘Maite, maite, maitia’ de Urko, versallesca ‘Azken agurraren negarra’ de Gorka Knörr, y el remate con la banda sonora de la película ‘Frío sol de invierno’, resultó lo óptimo, lo más destacado, lo más arreglado, un tema compuesto por Aitor Amezaga, que saludó al final con el director, Enekoitz Martínez.

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