El Correo

¡Aúpa, morrosko!

Nick Moss (izda), durante su actuación de este jueves en Gernika.
Nick Moss (izda), durante su actuación de este jueves en Gernika. / Óscar Cubillo
  • El gigantesco guitarrista de blues de Chicago Nick Moss arrancó en Gernika su gira española de once conciertos y dejó al respetable mixto anonadado con sus largos punteos plenos de sentimiento. ¡Este sábado estará en Ermua!

El jueves arrancó en Gernika, en el lleno, mixto y entusiasmado Iparragirre, la gira española de once conciertos seguidos de la Nick Moss Band de Chicago (abajo indicamos todas las fechas). Atención, pues este sábado recalará en Ermua (Lobiano, 20 h, 8 €), y seguro que repiten varios espectadores guerniqueses hechizados por los largos punteos suministrados por el líder del combo. Los músicos americanos vinieron en cuarteto, sin su cantante y segundo guitarrista Michael Ledbetter, descendiente de Leadbelly, quien se ha largado con el más afamado Monster Mike Welch aunque Nick Moss no lo haya actualizado su web www.nickmossband.com/about-nmb.

La ausencia no fue óbice para que disfrutara del bolo una masa cada vez más desatada: ovacionaba a rabiar, a veces jaleaba he-he-he-he arrastrada por la emoción, un sujeto le gritó ‘¡aúpa, morrosko!' al hacha, y el segundo bis lo rascó la peña tras dos minutos de insistencia. Nick Moss, obeso más que corpulento, se parece por las arrobas y por los punteo longitudinales al también guitar hero blusero blanco neoyorquino Popa Chubby, pero quizá el chicagüense se ondule más como una montaña rusa a lo largo de esos solos que crean atmósferas sobradas de feeling, que suben y bajan las sensaciones, que frenan en seco y remontan de nuevo.

En total, el bolo duró 114 minutos para solo 7 piezas. Sin contar los dos bises, Nick Moss interpretó cinco temas en hora y media exacta, a 18 minutos de media. Y los suyos no fueron solos de relleno, sino que resultaron extraordinariamente extensos, sin más.

Con leve retraso salieron a escena, enchufaron y saludó el líder, Nick Moss, de estética motera diciendo: «gabon, Gernika». Y qué ovación, oigan. Los dos primeros temas, que reflejaron influjos de BB y Albert King, les sirvieron para desentumecer, desengrasar o calentar, y pecaron de hosteleros: el primero fue una suerte de rumba tribal con soul y el segundo una versión sinuosa y algo Nueva Orleans del standard blues ‘Cut You Loose’ (Buddy Guy, James Cotton…).

A la tercera, cambió el panorama. Moss presentó la pieza como una historia triste, pero afirmó que era «la puta verdad», y se sumergió en un blues lento cool y dramático al modo de Otis Rush o de su maestro Jimmy Dawkins, al que acompañó en su día. Eso fue el punto inflexión, un blues más largo que las de Joe Bonamassa, y el humo salía de todas las partes, de los numerosos porros y cigarrillos, de las seis cuerdas (con chispazos en las rupturas atmosféricas), de los hálitos de los presentes… Fueron unos veinte minutos de viaje con el público boquiabierto (es posible que fuera este ‘This Is The End’

(aquí ejecutado en quinteto).

La siguiente pieza fue un boogie que empezó normalito y destripaterrones, tipo blues-rock de ‘Comanchería’ con punteos flamígeros a lo Jimi Hendrix o Eric Gales, y también fritó la slide y sonó a George Thorogood (los temas eran tan largos que comprimían influencias), y pidió palmas, y las recibió, y no sonó a pachanga, y Nick Moss estiraba los punteos con sus dedos tan gruesos que para escribir un whatsup se las pasará canutas, y seguía punteando con ‘persistencia’ (¡como en la película ‘El fundador’, que vimos esa tarde!), desbordando emociones, derribando muros de contención, anegando al oyente. Al acabarla esta fue cuando le gritaron «¡aúpa, morrosko!».

Acabó el bolo con el quinto tema, donde cedió solos a sus escuderos y se atascó algo la cita en plan jam sesión. Pero aún faltaban dos bises: el primero, el ‘Boogie Man’ de Freddie King, por él presentado y revisado con palpitaciones de rock sudista, y el segundo, solicitado durante dos minutos, fue el ‘Howling For My Darling’ de Howlin’ Wolf, uuuu-uuuuhhh. Repetiríamos en alguno de los bolos que quedan, pero no nos va a cuadrar la hoja de ruta. Grrrrrr….

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