El Correo
Acaban de editar un disco grabado en 1988. En la imagen, durante el último ensayo antes del concierto de hoy. Maryluz cantará también con Carlos Creator.
Acaban de editar un disco grabado en 1988. En la imagen, durante el último ensayo antes del concierto de hoy. Maryluz cantará también con Carlos Creator. / Borja Agudo

Metal vizcaíno de calidad

  • Cinco bandas exponenciales del heavy provincial recuerdan hoy los viejos buenos tiempos en Bilbao

«No es tan fácil hacerme callar». La frase con la que Barón Rojo retaba en 'Resistiré' a los poderes fácticos (a todos, porque el heavy ejerce esa capacidad de que el enemigo sea al tiempo etereo y concreto) calará esta noche en el Hika Ateneo de Bilbao, donde media docena de exponentes del primigenio rock duro vizcaíno se darán cita en el '80's Metal Explosion'. Kartzarot, Halley 86, Éxodo, Talión y Sabotaje, junto con dos figuras clave de aquella escena, la cantante Maryluz -una de las primeras voces femeninas del metal en España- y el músico y productor estelar Carlos Creator, ofrecerán «una fiesta» que es fundamentalmente una fotografía de un tiempo y un sonido. Una especie de bucle temporal destinado a recordar que también Deep Purple, Judas Priest e Iron Maiden sembraron su ideario en este territorio. Y de qué manera.

Porque si algo hubo en Bizkaia en aquellos tiempos fueron heavies de casta. La 'estética Fortu' era más bizarra y urbana que el hair metal, una derivada del glam a la que se denostaba sin piedad -«hasta se inventaron insultos para calificar a Europe», bromea Iñaki Susunaga, bajista de Talión y que esta noche tocará también con Éxodo-, y salía triunfadora en los barrios de Bilbao y la Margen Izquierda frente a las escuálidas mallas del punk. En los 80's era posible programar a AC/DC y Scorpions en Onda 3, JMC Radio -ambas emisoras libres de Portugalete- o la capitalina Txomin Barullo Irratia, visitar más tarde la legendaria tienda de discos Long Play de Barakaldo, que hoy resiste como los 'barones' al pirateo y la regresión del soporte físico, para debatir sobre el género con músicos y aficionados mientras se iban pasando las carpetas de Boston, Whitesnake y Leño, y terminar la jornada en el Jamaica, el Zappa o El Garaje gozando de destellos eléctricos en escenarios imposibles.

Y, sin embargo, la repercusión mediática y comercial de este auténtico caladero de bandas quedó eclipsada por dos extremos de imposible conciliación: la canción euskaldun de autor y, sobre todo, el rock radical; una fórmula alquímica de ahijados de los Sex Pistols, actitudes marginales y textos antitodo que se convirtió en la etiqueta exportable y política de la arista vasca. Un fenómeno provisto de un contenido social bastante superior al artístico y que afectó a otras dimensiones de la música en esta provincia, como el pop.

La cuestión es que unos y otros achicaron el terreno de juego a un género que, al igual que el punk, disponía de toda la autoridad para hablar de desempleo, crisis y desgarro social en la Bizkaia del obrerismo, la desindustrialización y la heroína, pero desde una vertiente más elaborada y cultista. «Tocábamos mucho, aunque hacer algo más serio resultaba complicado porque el que contaba con apoyos era el rock radical vasco. La gente de las compañías en Madrid lo conocían más y los grupos tenían mayor repercusión a nivel nacional, así que ellos hacían los discos», explica Goyo, guitarrista de Halley 86, y anteriormente de Tuareg y Neurosis.

El efecto 'Made in Japan'

En efecto, en la medida de sus posibilidades, con guitarras de tercera mano, baterías más parcheadas que la bicicleta de un cartero rural y amplificadores artesanales, el metal autóctono era especialmente cuidadoso en cuanto a letras y melodías. Su sonido era más hábil, limpio y trabajado. Más canónico. Había ahí, en la generación vasca del trueno y el riff, múltiples escuchas adolescentes de los discos de Led Zeppelin, Uriah Heep, Black Sabbath, Marillion o Rory Gallagher, la leyenda irlandesa que apadrinó decenas de punteos en la margen izquierda. Aunque si hubo un disco que voló la cabeza de aquella generación, ese fue el 'Made in Japan' de Deep Purple. «Todos tenemos ese directo como referencia. Qué manera de tocar, cantar, improvisar, arriesgar... Brutal», elogia Iñaki, que precisamente esta noche interpretará una versión del trallazo emocional 'Black Night', reivindicando que el rock duro en la provincia guardaba más fidelidad al sonido europeo que al americano, con ritmos potentes y pegada fuerte a la batería. «Luego estaba Judas Priest, que suponía rizar el rizo. Y llegó Iron Maiden, que rompió las estructuras de los Purple. Eran pura potencia. ¡Entonces había que copiar a los Maiden! Nos fijábamos mucho en los grupos que buscaban no repetir las mismas fórmulas una y otra vez. Ahí es donde aprendías. Te decías: 'Yo no se tocar una guitarra así, pero voy a hacer el esfuerzo por aprender», añade el bajista.

En realidad, el objetivo consistía en cumplir la máxima de Carlos Creator: detrás de un guitarrista de heavy metal tiene que haber acción. «Nos gustaba la acción, descargar energía en el escenario... pero es incierto que entre los heavies hubiera mal rollo . Al revés, detrás de la apariencia heavy hay una persona que va a lo suyo y no monta líos, sino que su interés es escuchar música, estar con su ídolo, cantar con él y, al día siguiente, levantarse y volver a su trabajo».

Roberto Mellid fue uno de los fundadores de Kartzarot, banda que inició su andadura en 1989, justo cuando terminaba la época de esplendor para una gran parte de los militantes del género. «Era más undergound. Quizá fuera más fácil tocar con un equipo aceptable en las fiestas de los pueblos, pero lo que resultaba difícil era grabar un disco. Y conseguir instrumentos decentes», recuerda el guitarrista. Kartzarot tuvo que pedir un prestamo «al Hispano 20, que entonces trabajaba con universitarios» para pagar las 350.000 pesetas -unos 2.100 euros- que costaron la grabación y distribución de su primera maqueta. «¡Y las copias que nos daban eran en cassette!», apostilla.

El festival del Hika Ateneo, para el que se ha completado ya todo el aforo, tiene mucho que ver con la industria discográfica. Los grupos quieren rendir homenaje a los sellos Gadir Records, Iberia y Sounds of Metal, que en los últimos años han recuperado material antiguo de todos ellos para editarlo. Nunca es tarde para inetntar cumplir el axioma que el veterano locutor 'El Pirata' envió a Talión como primer paso a la fama: «Primero tenéis que triunfar en vuestra tierra».

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