El Correo

Charlando con Auserón

Santiago Auserón y Jorge Drexler, sobre el escenario.
Santiago Auserón y Jorge Drexler, sobre el escenario. / Mr. Duck
  • El ciclo de conciertos 'Voces en la ría', en el que Santiago Auserón entrevistará a modo de telonero con cuatro artistas especiales, arrancó con una conversación demasiado larga que demoró la liberación de la magia cantautoril, experimental y humanista de Jorge Drexler, su primer invitado

Muy buena entrada en el Campos para ver a Jorge Drexler en su última aparición sobre un escenario antes de recogerse para terminar de componer y grabar un disco que presentará en directo a partir de septiembre. El uruguayo ha sido el primero de los cuatro invitados de la serie 'Voces en la ría', dirigida y seleccionada por el zaragozano Santiago Auserón (62 años tiene el muy Dorian Gray; «aparenta 42 el cabrón», se le escapó a su convidado, que tiene 52). El programa se anunciaba así: entrevista previa, actuación del invitado en formato reducido (al final Drexler vino solo) y epílogo con Auserón colaborando en alguna canción.

Lo malo fue que el prólogo entrevistador se dilató demasiado y provocó que algunos espectadores desertaran: primero varios invitados y luego gente de abono de las butacas de 35 euros. Y es que la cita era a las 8 y el concierto en sí arrancó hora y tres cuartos después, exactamente 103 minutos más tarde, cuando el maño soltó «pero yo ya chitón» y el respetable rompió en un aplauso liberador.

El presunto introito resultó más largo que un programa televisivo de entrevistas, con los dos protagonistas sentados en un sofá y varias cámaras inmortalizando el encuentro. Durante ese luengo diálogo a dos bandas entre dos cultos personajes del pop (Auserón doctor en Filosofía –desde 2015, con 61 años, que defendió su tesis 'Música en los fundamentos del logos' en la Complutense madrileña-, Drexler en Medicina), supimos que los cuatro primeros apellidos del cantautor uruguayo provienen cada uno de un país (judío-alemán, asturiano, polaco y brasileño); que mediante su madre conoció la música de su tierra, desde el folk a la canción política, y vía su padre la del mundo, como el jazz; que Jorge estudió piano de los 5 a los 10 años y luego se pasó a la guitarra, cuyos primeros cuatro acordes dominados fueron los del 'Blue Moon', y que los usa en el 60 % de sus canciones; que al oír una canción suele saber si está compuesta antes la letra o la música (y puso como ejemplo una de Auserón); que ejerció tres años de médico, de otorrinolaringólogo; que está leyendo un libro de neurociencia donde se dice que «los niños aprenden antes a decir mío que yo»; y desdeñó con elegancia el reggaetón, cuyo ritmo sincopado relacionó con el de los burdeles de Persia, y confió que no le gustan los burdeles, pero sí la música que de ellos ha surgido: el blues, el tango, la cumbia…

Desde el principio hasta el fin, este primer capítulo de los cuatro de 'Voces en la ría' duró 147 minutos, o sea dos horas y media, para 14 canciones. Antes del concierto en sí, Drexler logró meter de canto cuatro temas durante la charla, todavía sentado en el sofá: 'Milonga del moro judío', cuyo estribillo le descubrió Sabina y que interpretó muy bien, con delicadeza; un culmen como 'Mi guitarra y vos', donde usó los silbidos del público y recitó demostrando memoria prodigiosa, sensibilidad epidérmica, dicción diáfana y curiosidad investigadora; 'Zamba del olvido', melancólica, triste más bien, escrita por Drexler y cantada por el próximo invitado del ciclo, el portugués Antonio Zambujo; y lo que definió como su tema más cercano a la milonga, «una milonga atípica, 'Dance Me To The End Of Love', como Atahualpa Yupanqui meet Leonard Cohen», la introdujo antes de entonarla en inglés y muy bien, desde la guitarra a la voz.

Temas en pie

Cuando Auserón por fin dijo chitón, Drexler se quedó solo en escena e interpretó diez temas más en 53 minutos, casi todas en pie. La mayoría también fueron peticiones del público a las que el cantautor humanista (así le definió Auserón) respondió con seguridad escénica: 'Don de fluir', que presentó como homenaje y robo (sic) a Caetano Veloso; 'Amar la trama', que resonó a Pedro Guerra; y ya con la guitarra eléctrica otro culmen como 'Noctiluca', una pieza fosforescente y moderna escrita para su hijo Luca –luz- (aquí va un clip); 'Todo se transforma', de sus títulos científicos, también con influjo de Pedro Guerra; la experimentación de 'Deseo'; y, para acabar de nuevo con las acústicas, dos piezas a pachas con Auserón, ambas menos vivaces que el nivel medio: 'Desde que la samba es samba', de Veloso y Gil, tema que anima a cantar para echar fuera la tristeza; 'Y al otro lado del río', la que Jorge cantó a capella en la ceremonia de los Oscar.

Hicieron mutis, la peña pidió el bis a rabiar, se encendieron las luces, pero Drexler reapareció y cantó otras tres, emocionado de verdad, pues con tan largo retraso tenía ya la mosca detrás de la oreja. Cantó solo y muy bien dos temas de amor positivista y transversal como 'Me haces bien' y el coreado 'Sea' (y que sea lo que sea), antes de la tercera colaboración de Auserón para otro tema con el pistón más flojo desde la interacción entre ellos a la ejecución: 'Señora del mar', de Juan Perro (el alias de zaragozano, ya saben), donde Jorge nos hizo reír con su parodia del baile.

Fue la sexta vez que he visto a Drexler, y la segunda menos buena, por culpa de tanta interrupción. Es de suponer que los tres próximos jueves el anfitrión Auserón resumirá la introducción. Y es que el público paga la entrada sobre todo por el concierto, y la entrevista debería ser un extra que no impaciente al respetable, ni lo haga huir.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate