El Correo

Fantasmagóricos y creídos

Fantasmagóricos y creídos
  • Sobrevalorados por la afición, señalados positivamente por parte de la crítica pero aún en el circuito clandestino, los neoyorquinos The Mistery Lights dieron un bolo desordenado y disperso el sábado en un Antxiki mixto e indulgente con los oficiantes

Qué chasco el sábado noche en la sala superior, la pequeña, del Kafe Antzokia, donde actuaron los neoyorquinos The Mistery Lights. Además de desaliñados, Las Luces Misteriosas neoyorquinas parecieron desordenados y dispersos, distraídos y sin acabar de empastarse. Su rock de garaje con raíces hondas en la Texas de los 60 apenas se materializó en canciones y se conformó con exhalar una bola reverberante y oscura de psicodelia, con modelar un groove cuya vibración ayudaría a penetrar el consumo de sustancias tóxicas, que no era el caso del que suscribe. Oficiaron desaliñados –como reza la promoción-, desordenados y dispersos, a la par que jactanciosos, de creídos: y es que el líder saltarín provocó al principio al respetable (más joven de lo habitual, más mixto, con varios integrantes guiris) contando que les habían dicho que aquí nos gusta la juerga pero por lo que veía no era así. Claro, buen hombre, vamos a un bolo para que nos diviertan, no para entretener, agasajar, adular ni adorar al oficiante.

Pues los cuatro joveznos yanquis (el bajista desaliñado, que no dejaba de mirar el mástil, vestía una camiseta que informaba en inglés ‘Donald Trump es mi esclavo sexual’; quizá llama así a su hámster, ¿no?), de moda en una escena underground en la que pronto deberían difuminarse si existiera la lógica, durante su show de 65 minutos (breve, menos mal) ejecutaron unas 15 piezas, varias unidas, alguna interrumpida y consignadas en un set list más aleatorio que preciso y que arrancaba con estos dos estadillos: ‘jam’ (o sea improvisación) y, en la segunda línea, ‘intro’ (alguna chorradilla para epatar o calentar ante el pretendido trance).

Ese sábado la sala superior del Kafe Antzokia se veía llena, pero no apretada, y se oía bastante rumor parlanchín de las filas traseras. Y tal público mixto, se ignora si más indulgente para con la banda que respecto a él mismo, siguió contento y por delante atento un repertorio retro, con muchos ecos (los de los coros fantasmagóricos, los del órgano espectral que pulsaban los yanquis de cuando en vez…), menos canciones que soniquete o atmósfera (estos misteriosos con su lisergia hacen buenos a los Allah-Las californianos, que vaya rollo impostado nos propinaron en su día), más vínculos con el garaje vintage que con el contemporáneo de The Cynics, Kurt Vile y demás, una versión del ‘Hey Joe’ (de lo mejor, quizá por lo más reconocible), dejes de Them, sacudidas en el rollo garajero de los Yardbirds (empezaron un boogie pero lo pararon, también es mala suerte), y por el epílogo alguna canción mejor construida, caso de ‘What Happens When You Turn The Devil Down?’ (no nos extrañaría que para ella hubieran robado los arreglos guitarreros del primer LP de Dream Syndicate; este es su clip

), y las dos del bis, abierto con un rhythm and blues sin ensayar y cerrado en plan híbrido de los Strokes con un Ty Segall que les da mil vueltas, que se mearía en estas Luces Misteriosas igual que un caniche burgués a un arbusto de un jardín público. Pero vaya, quizá tuvieron un mal día y siempre no son así de… vulgares.

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