El Correo

Estupendo y especial

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Gari & Maldanbera en Los Cuartitos del Arriaga. / Mr. Duck

  • Gari, ex Hertzainak y actual líder de Maldanbera, fascinó en el ciclo Los Cuartitos del Arriaga en un bolo con mucha magia, entre el dream pop y el post rock, tan vasco como Ruper Ordorika y con una potencia a la altura de un grupo universitario estadounidense actual

Un concierto estupendo, especial y atinado el de Gari & Maldanbera presentando en el Arriaga su disco 'Estutu' (Elkar, 16), producido por Jon Agirrezabalaga, de WAS. Especial, y espacial, no sólo por la disposición del escenario: el cuarteto se ubicó en el centro de la tarima, colocados los músicos en círculo (por cierto: los cuatro aportaban voces), mirándose entre ellos y dando la espalda al público sentado, que rodeaba al núcleo por todos los lados y estaba también subido al escenario principal, una escena con atrezo artie como los estuches de los instrumentos colgando de la tramoya, con el patio de butacas vacío pero el telón subido (qué bonito en el bis cuando se encendieron las luces cual fondo de luciérnagas) y con un sonido excelente y con una visualización magnífica empero la disposición inusual.

La acústica fue estupenda, insistimos: Pato disparó su cámara desde todos los flancos y asegura que se oía genial por doquier, y el que suscribe ('servidor', como se presentó Gari a sí mismo cuando introdujo a sus escuderos al final) se sentó detrás del baterista Nacho Beltrán, a un metro de distancia, y ni se imponían ni incordiaban los parches. A la entrada del Arriaga se avisaba de que el concierto duraría 75 minutos, pero a la postre se prolongó hasta los 94 minutos para 18 temas (y eso que se les fastidió la caja de ritmos y no tocaron 'Emaidazu', incluido en la novedad), aunque en ningún momento se hizo largo porque se respiraba serenidad y se llegó a espolvorear magia de filiación norteamericana, pues no en vano –nos dio por pensar- los instrumentos tocados eran los mismos, las influencias y filias comunes, y sólo variaba el idioma.

El guadiana Gari (Iñaki Igon Garitaonaindia, Legazpia, 1964), en su trayectoria de montaña rusa parece que se encuentra ahora en un pico positivo a tenor de lo que se cató en el escenario del Arriaga. Fue un bolazo transportador, meditado, contenido, maduro (en la presentación del disco, en el Museo Bellas Artes de Bilbao, afirmó que se sentía bajando el último puerto de su carrera), conocedor, con muchos instrumentos en su sitio (hasta dos teclados), los cuatro músicos mirándose entre sí (como Tortoise, como el trio jazz del pianista Michel Camilo…) y un estilo moderno y global que en esencia abarcaba desde el dream pop flotante y luminiscente aún en la oscuridad del recinto ('Eternitatea eta beste egun bat' con sus coros idóneos para la noche del BBK Live, 'Egun on mundo' con el epílogo explosivo y ovacionado…) hasta el post rock decididamente reptante ('Alferrik dana').

Podríamos citar más nombres, más concomitancias, más referencias, más sugerencias, más insinuaciones de su repertorio: la de Brian Wilson según el que suscribe y la de Pink Floyd para Pato en la pieza inaugural 'Yase', la entonación euskérika de Gari que a veces remitía a Ruper Ordorika ('Bizitzak' con su aire góspel blanco americano, 'Hil ez denak' algo Mumford And Sons y arrastrando las palabras), dos claros destellos de Ilegales (los punteos aportados por Miguel Moyano en 'Esperantzara Kondenatua' y en el final de 'Zerura begira'), el rock del Lou Reed adulto ('Amapola', 'Berlín'), el alt co de Lambchop ('No Space No Time'), el blues de PJ Harvey ('# 9', así se consignaba en el setlist), el tono menor de The Walkabouts ('Estutu', título del último disco y cuyo clip oficial es de estética bastante dream pop también) o la versión de Hertzainak 'Zoratzen', con Gari a solas abriendo el bis, un bis de seis títulos con los tres primeros –dos de Gari a solas y el tercero a dúo con el teclista y bajista Oier Aldekoa- conformando la parte menos transportadora, más normal de un show mágico y exportabilísimo.

Videoclip oficial de 'Estutu', de Gari & Maldanbera

Y acabó el concierto y todos los espectadores compartieron sus emociones positivas y Gari se hartaba a vender a 10 euros y a autografiar CDs. Pero le pudimos decir que había estado muy bien y que, encima, nos había gustado mucho.

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