El Correo

El cine bruto de Campusano

El director José Campusano.
El director José Campusano.
  • El Festival Márgenes dedica un ciclo a este cineasta argentino que utiliza a actores no profesionales y trata de reflejar en su obra realidades que suelen quedar fuera de las pantallas cinematográficas

En pleno rodaje de Vikingo en un barrio no muy recomendable del Gran Buenos Aires, al director, José Campusano, se le acercó un delincuente local. “Nos gusta su trabajo, cualquier cosa que usted necesite, a la orden”, recuerda el director que le dijo. Así consiguió una camioneta, poder filmar en dos casas de delincuentes reales e incluso que se pusieran ante la cámara con sus armas para rodar un par de escenas. 

'Vikingo' se rodó allá por 2009 y pronto se convirtió en un emblema de la comunidad motera en América Latina. La película se puede ver incluso en Youtube, donde supera las 100.000 reproducciones. “La realidad nos pone constantemente en un lugar de privilegio al filmar. Cuando los protagonistas se sienten reconocidos en una película y están integrados en un rodaje sale su parte más humana. Lo sienten como un proyecto que merece la pena, lo defienden, y eso te permite llegar a filmar una película como 'Fantasmas en la Ruta', que denuncia la trata de personas grabando en el propio territorio de la trata, con la propia policía haciendo de policía que protege a las redes de trata”. 

Así defiende su cine José Celestino Campusano (1964, Quilmes, Buenos Aires), hijo y hermano de boxeadores, criado al margen de cualquier educación formal, en un entorno humilde y violento. El Festival Márgenes dedica estos días un ciclo a la obra de este cineasta singular que trata de reflejar en su obra realidades que normalmente quedan fuera de las pantallas cinematográficas.

La muestra 'En el barro, una aproximación al cine de José Celestino Campusano', organizada con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y de la Embajada Argentina, tendrá lugar entre el 15 y el 19 de diciembre en La Casa Encendida de Madrid. El propio Campusano acudirá a presentar las películas y a dialogar con el público asistente. Además, el día 16 de diciembre impartirá una clase magistral bajo el título: 'Cinebruto. Por un cine comunitario autocrítico, con rigor estético y narrativo'. El acceso a las proyecciones y a la clase magistral será gratuito hasta completar el aforo.

Las cinco películas que componen la muestra hablan de prostitución, trata de blancas, moteros con sus propios códigos de honor, corrupción policial, delincuencia y bajos fondos. Todas ('Vikingo', 'Fango', 'Fantasmas en la Ruta', 'El perro Molina' y 'Placer y Martirio') han sido creadas a partir de anécdotas reales de testigos que las vivieron y que acaban integrados en sus películas en un proceso creativo colaborativo y participativo desde la más radical realidad.

“La mejor historia para filmar pasa delante nuestro y por nuestra incapacidad no la podemos ver. Así, esta manera de trabajar me permite crecer desde el minuto cero. Tiene que ver con el diálogo con determinados sectores de la sociedad a los que la industria ha dado la espalda y con recabar anécdotas reales que están ligadas a sus usos y costumbres que acaban conformando una historia muchísimo más rica de lo que se me hubiera podido ocurrir a mí. Si les escuchas, las historias, tremendas, llegan”, explica. Quince o 20 anécdotas conforman una película que se va construyendo en torno a referentes locales que tengan roles de relevancia en sus entornos. “Siempre acaban facilitando localizaciones, vehículos, espacios y elementos para que el propio entorno social genere sus propias producciones, las ampare y las sientan suyas y así sus historias acaban en el circuito cinematográfico”, asegura el director.

Aspecto 'trash'

Sus películas, de aspecto 'trash', cuentan con actores no profesionales que a veces se interpretan a sí mismos en la ficción, y apestan a realidad, quizás porque no se empeña en disfrazarla, como suele ser habitual en la industria. “Dejo que el lenguaje corporal hable por sí mismo, sin orientarlo, esa es una de las claves”, explica.

Campusano escribió su primer guión sobre una secta que captaba adolescentes argentinos, con 14 años, pero que no comenzó a dirigir en firme hasta la llegada del digital a principios del siglo XXI. “La irrupción del digital democratizó la posibilidad de hacer cine. Aún nos queda democratizar la exhibición, que no es lo mismo. Este cine sigue relegado a museos, centros culturales, cineclubes, bibliotecas, universidades… Son aliados fieles, combativos y volcados en estos proyectos. Iniciativas como el Festival Márgenes nos ayudan a llegar al gran público. Estamos viviendo una revolución a la velocidad de la luz y esto es un síntoma más”, asegura.

Siete películas conforman su filmografía. Todas ellas con el cine como militancia, con el denominador común de dar voz a sectores normalmente silenciados. "Cuando se invisibiliza a un sector de la sociedad, se invisibiliza también sus derechos y sus aportaciones. Creemos que las instancias de nuestros rodajes deben transformarse en espacios de amplia convergencia a través de los cuales rostros, réplicas, idiosincrasias y espacios vírgenes para el registro y de alguna forma tan cercanos, dejan así un legado no esperado a las futuras generaciones”, concluye.