El Correo

Manolete de paso por Bilbao

  • El torero, del que se cumple hoy el centenario de su nacimiento, mantuvo una relación de amor-odio con la afición del coso vizcaíno

Hoy se celebra el centenario del nacimiento de Manuel Rodríguez ‘Manolete’. Y por ello, el Club Cocherito rendirá un homenaje al ‘Monstruo’, en reconocimiento a las dieciocho corridas de toros y cuatro festivales del Club Taurino que protagonizó en Vista Alegre entre los cursos de 1940 y 1945. Para ello, a la proyección de la película inacabada que filmó el francés Abel Gance, único documental que recoge la voz de Manuel, seguirá una conferencia de José Morente, un intelectual especialista en la figura del diestro.

El IV Califa mantuvo un relación de amor- odio con la afición de Bilbao, donde todas la tardes que actuaba una parte de la misma le afeaba que los enemigos a los que se enfrentaba no fueran dignos del prestigio del coso; motivo por el que la temporada de 1947 no acudió a las Corridas Generales, lo que hizo que sus opositores viajasen a los anfiteatros de Vitoria y San Sebastián a recriminarle su ‘huida’. Su relación con los ruedos alavés y guipuzcoano era excelente gracias a la amistad de su apoderado con los hermanos Martínez Elizondo, que el curso de 1945 ajustaron la reaparición de Manuel en la feria de la Blanca, sin estar repuesto de una lesión cervical, de la que posteriormente le atendió el Dr. Salaverri, en la villa.

Uno de los partidarios más significados de Manuel Rodríguez era Serafín Menchaca, a quien popularmente se conocía como el Cónsul de Córdoba en Bilbao, personaje muy chirene, quien -en invierno y verano, por la mañana y por la tarde- de manera habitual tocaba su testa con un amplísimo sombrero cordobés. Otro de sus notables seguidores era el pintor Federico Echevarría, autor del cartel abstracto anunciador de la inauguración de la actual plaza de Vista Alegre.

La desaparición del estoico estoqueador conllevó que su figura fuera inmortalizada por Vázquez Díaz, Zuloaga y Echevarría. La composición de Federico -de más de dos metros de alto- muestra a Manolete sujetando con su mano izquierda un capote y la montera, con una plaza de toros pueblerina de fondo. Años después, este retrato se exhibía en el museo particular del pintor, en Madrid. Con posterioridad, su militancia manoletista le llevó a ampliar su colección con algunos relicarios ad hoc de la tarde en que perdió la vida: una cajita con arena del punto exacto en que sucedió la fatal cogida, una mascarilla del diestro, una reproducción de su dedo índice realizada con escayola, la almohada del hospital linarense en la que expiró junto con una carta acreditativa, un alamar del terno rosa y oro que lució la misma jornada, la muleta con la que dio sus últimos pases manchada con la sangre de Islero, que la madre del diestro le cedió; el capote de paseo con que confirmó la alternativa en Las Ventas -que el maestro le regaló- y una estatuilla modelada por Federico.

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