El Correo

La plana mayor del toreo despide a Fandiño en Orduña

José Tomás, con Diego Urdiales a su derecha. / Ignacio Pérez
  • Más de un centenar de diestros de primera fila acudieron este lunes al funeral del torero vasco

La ikurriña y la bandera de Orduña ondeaban a media asta en la Plaza de los Fueros. A la sombra del Txarlazo, envuelta en un calor insólito, la ciudad donde nació hace 36 años Iván Fandiño vivió este lunes uno de esos días que quedarán marcado en la memoria de sus vecinos. El día en que el mejor torero vasco de la historia fue despedido por la plana mayor de las figuras de la lidia. Un centenar largo de diestros de primera fila se mezclaron entre los familiares y amigos del diestro en la Parroquia de Santa María. Sudor y lágrimas en una tarde aciaga.

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José Tomás, Enrique Ponce, El Juli, José Padilla, Espartaco, Ortega Cano... «La familia del toro es grande y estrecha a la vez. Cuando ocurre una desgracia así todos morimos un poco con el fallecido», lamentaba Vicente Ruiz ‘el Soro’. Aquel chaval de la calle Orruño volvía a la iglesia en la que hizo la primera comunión convertido en mito. Familiares, amigos y compañeros le habían velado durante toda la mañana en el tanatorio de Amurrio. A las cinco de la tarde, hora taurina por excelencia, la plaza de toros de Orduña se sembró de coronas en su exterior.

Es la misma plaza de la que Iván tenía las llaves para dar capotazos cada vez que volvía a su pueblo. Un quite maldito por chicuelinas a ‘Provechito’, el tercer astado de la tarde en Aire sur’l Adour, se saldó con una cornada fatal de quince centímetros. El pasado sábado Iván Fandiño cumplía el titular que dio a este periódico con 18 años: «O meto la espada o entra el cuerno en mi cuerpo». La apostura de los toreros que, impecables, mantenían la chaqueta atada con 37 grados demostraba que son una casta especial.

Una hora antes de que comenzara el funeral los bancos de Santa María ya estaban llenos. «Todo hombre ha de entrar una vez sola en la casa de su eternidad», reza un lema profético en el pórtico de la parroquia. Teo Galán, su mozo de espadas hasta el sábado, se mostraba inconsolable: «Iván era un torero de raza, por no decir con cojones, muy buen torero. Lo tenía todo en contra: vasco y descendiente de gallegos. No se ha visto en la vida. Era un hombre humilde, sencillo y recto, al que se le veía venir. Un chico de pueblo».

La marcha fúnebre ‘Pobre Carmen’ abrió unas exequias que se cerraron con el pasodoble ‘Iván Fandiño’, compuesto por José Urrutia, director de la Banda Municipal de Orduña. En el primer banco, sus padres Paco y Charo, y su mujer, Cayetana García Barona, sin su hija Mada, que cumplirá los dos años sin su padre. «Aquí tuvo Iván tentaciones o ideas de llegar a ser sacerdote», descubrió el párroco. «A lo mejor a los 18 años su dios era Enrique Ponce», dijo mirando en las primeras filas al aludido.

La alcaldesa de Bildu, Idoia Aginako, y el concejal bilbaíno Ricardo Barkala fueron toda la presencia institucional en una ceremonia donde se escuchó el ‘Xalbadorren Heriotza’ cantado por dos cantantes de Orduña , José Luis Biguri y Txomin Barcina. Tras la canción, el ‘Agur Jaunak’ interpretado por txistu y tamboril quebró la compostura de los presentes. La Virgen de la Antigua despedía desde las alturas a su niño.

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