El Correo

«Kukuxumusu sin mí se irá a la mierda»

Mikel Urmeneta no está dispuesto a rendirse y renunciar a su peculiar estilo.
Mikel Urmeneta no está dispuesto a rendirse y renunciar a su peculiar estilo. / efe
  • El dibujante Mikel Urmeneta anuncia una larga batalla legal contra la sentencia que le prohíbe dibujar a sus personajes. «Acabará en el Supremo y nos dará la razón»

Mikel Urmeneta (Pamplona, 1963) ha perdido la primera batalla contra Kukuxumusu, la firma que fundó hace 27 años y cuyo socio mayoritario es desde 2014 el diseñador Ricardo Bermejo. El Juzgado de lo Mercantil número 1 de Pamplona dictaminó el martes que él y sus compañeros de Katuki Saguyaki, la empresa que creó cuando le despidieron como director artístico de Kukuxumusu, no pueden reproducir ningún elemento del universo de la marca. Un cosmos delimitado por los 15.000 dibujos que Kukuxumusu adquirió a cada uno de sus autores a lo largo de su historia. «La sentencia me prohíbe ser yo mismo», dice en alusión a su personalísimo estilo de dibujo. Y se prepara para una larga guerra legal.

– ¿Cómo se encuentra?

– Bien. Entraba dentro de lo previsible que fallasen en nuestra contra en esta primera ocasión. Lo que nos hace flipar es cómo está redactada la sentencia. Parece un corta y pega del peritaje de Pilar Bonet, la perito de ellos. Y, además, no se mete en el fondo del asunto y nos hace dudar acerca de qué podemos y qué no podemos hacer.

– ¿Qué puede dibujar ahora?

– El estilo principal de Kukuxumusu es el de Mikel Urmeneta. Es como si fuese Botero, Kukuxumusu dibujase personajes gordos y esta sentencia me impidiese hacer obra nueva con ese estilo. Me prohíbe ser yo mismo. Además no solo es mi estilo, sino que también son mis personajes, que nunca he cedido ni vendido a la marca. Cedí dibujos concretos, no personajes. Hay personajes, como el toro ‘Mr. Testis’, que son anteriores a la marca y siempre he explotado en paralelo fuera de Kukuxumusu porque todo el mundo daba por hecho que son personajes míos. Lo hacía porque eran mi toro, mis personajes, mi mundo...

«Se parece al dibujo 3.200»

– Está hablando en pasado: ‘era’.

– Es que parece que la idea de la sentencia es quitarme esos personajes, mi estilo de dibujar... Está poniendo un candado a mi imaginación. Dice que no puedo transformar ningún elemento cedido a Kukuxumusu, pero ¿qué es transformar? En los 15.000 dibujos vendidos a la marca hay, además de 27 años de evolución, estilos de artistas diferentes. Si Kukuxumusu puede transformar todo ese mundo heterogéneo, Bermejo podrá demandar a cualquier dibujante si considera que hay elementos de ese universo. Podrá decir en cualquier momento: «Esto se parece al dibujo 3.200». Cualquier autor de España está en peligro de que Bermejo le demande. Todas las asociaciones de ilustradores y artistas plásticos, que reúnen a más de 150.000 socios, están inquietas y nos han manifestado su apoyo.

– La sentencia habla del universo Kukuxumusu...

– En un inicio, el demandante intentó que el universo Kukuxumusu se refiriera a la iconografía con la que la gente asocia la marca. Como eso era inabarcable e indefinible, al final se identificó con los dibujos vendidos. En el universo Kukuxumusu así definido, hay dibujos que no identificarías hoy con la marca. Hay a la vez un toro superabstracto y el toro Testis.

– La marca se alimentó de más dibujantes que usted, ¿verdad?

– Sí. Además de mis actuales compañeros en Katuki Saguyaki –Txema Sanz, Asisko, Belatz y Marko, a los que también se ha prohibido seguir con su estilo–, colaboraron dibujantes como Mauro Entrialgo, Simónides y Jokin. Sus dibujos no tienen nada que ver con lo que la gente identifica con el estilo Kukuxumusu, pero, al estar entre los 15.000 vendidos, ¿ahora no van a poder dibujar según su estilo?

– Hasta que el asunto se resuelva, pueden pasar años.

– Me imagino que acabará en el Supremo y nos darán la razón. Mientras tanto, estaremos puteadillos. Seguramente, para cuando lleguemos al Supremo, Kukuxumusu no existirá. Porque Kukuxumusu soy yo y sin mí se irá a la mierda, está claro. No sabemos qué tiempo durará, pero una empresa sin alma y sin contenidos no durará mucho por mucho nombre que tenga.

Más pleitos

– ¿Qué haría si el Supremo acabara fallando en su contra?

– Tengo mil aficiones creativas, desde la fotografía hasta el cine, pero jamás voy a dejar de dibujar, me caiga lo que me caiga. Además, Bermejo se ha apropiado de personajes nuestros y por eso vamos a demandarle por violar los derechos de autor. Los ‘ilustraidores’ que contrata para plagiar lo que no es suyo están destrozando nuestros personajes porque los ponen en situaciones que en tu cabeza jamás hubiesen estado, unos colores o elementos que en tu cabeza jamás llevarían...

– Su vida dio un giro radical en enero del año pasado...

– Cambió mucho con la crisis y, por supuesto, desde que en enero de 2016 me echó Ricardo Bermejo, desde que rompió el contrato de prestación de servicios que tenía como director artístico. Yo vivía felizmente en Nueva York. Llevaba desde allí un equipo de veinticuatro personas que dependían de mí. Además de los contactos y los trabajos que podían salir allí, todo lo que yo vivía en Nueva York era beneficioso para la marca. Me he tenido que venir a Pamplona, estoy sin un sueldo, sin posibilidad de crecer porque Bermejo me pone palos en las ruedas...

– Pero Ricardo Bermejo llega a Kukuxumusu como socio capitalista para salvar la empresa, ¿no?

– Bermejo llega a Kukuxumusu porque, por la crisis, necesitamos financiación. Mis dos socios, que habían pasado el mal trago de despedir a amigos, no querían más líos y le vendieron sus acciones. Como yo me veía insustituible a nivel creativo, en ningún momento me esperé que el tío, en vez de hacer buenas migas conmigo, empezara a meterse en el mundo creativo intentando modificar dibujos, poner su huella.

– Cuando le echó, argumentó que usted apenas aportaba nada para su sueldo de 250.000 euros.

– El sueldo, que era de 230.000 euros anuales, fue pactado con él, que era el socio mayoritario. Bermejo no dice que esa cantidad incluía una nómina de otra persona que él no quiso que entrara en Kukuxumusu y también todos los gastos de empresa míos, que podían ser un 40%.

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