El Correo

Cristina García Rodero encuentra el color de la India

Exposición en el CaixaForum de Madrid.
Exposición en el CaixaForum de Madrid. / la Caixa
  • La fotógrafa española más reconocida viaja con la Fundación Vicente Ferrer a Anantapur para retratar el drama y la esperanza de las mujeres indias

Una mujer fotografiando a mujeres en la India. Cristina García Rodero retrata a una niña que se esconde con su novio en un hospital de la Fundación Vicente Ferrer porque sus padres la quieren casar con alguien al que no conoce; a una adolescente condenada al analfabetismo porque cuida de su hermano, con parálisis cerebral, mientras sus padres trabajan; a una joven viuda, marginada porque los demás creen que sirvió mal a su marido y da mala suerte. Y pese a todo lo anterior, pese a todo el drama, la fotógrafa española más prestigiosa ha titulado su nueva exposición ‘Tierra de sueños’. “La gente que he conocido compensa lo mal que lo he pasado. Ha sido tan bonito...”.

Quien habla es ella, Cristina García Rodero, que durante un mes y medio, empujada por la Fundación Vicente Ferrer y por la Obra Social la Caixa, vivió en Anantapur, en el estado de Andhra Pradesh, al sur del país, una de las zonas más pobres de la India. “Cuando vinieron a mi casa, no me lo pensé dos veces”, cuenta García Rodero. La Fundación Vicente Ferrer le propuso que contara con su cámara cómo era aquella tierra, la religión, los pueblos... Y después de mancharse de polvo los zapatos por aldeas perdidas, de decir muchas veces “tierra, trágame”, de no encontrar acción en la gente… Después de todo eso, a ella le ha salido un cuadro en femenino con historias terribles y paradójicamente, llenas de esperanza. “Si eres mujer, en la India no vales nada, y mucho menos si eres pobre, pero algo está cambiando”, explica la fotógrafa, antes de relatar las historias que la han conmovido, como la de las chicas jóvenes que llegaban a los hospitales de Vicente Ferrer los fines de semana.

“Se habían intentado suicidar. Algunas no sobrevivían, pero las que lo hacían te contaban que querían matarse porque los padres habían elegido con quién se iban a casar. Las bodas acordadas son la base de muchos problemas. A veces los novios no se conocen hasta el día de la boda, ¡no han hablado nunca antes! Nosotros aquí nos dejamos llevar por la pasión, y allí los padres eligen con más frialdad. Por eso es una institución que ha pervivido tanto tiempo”. Cristina García Rodero habla como si tratase de explicarse a sí misma por qué suceden esas cosas (“cuánta inteligencia se desperdicia con la pobreza”, reflexiona), pero también, por qué existen organizaciones como la Fundación Vicente Ferrer. “Empecé a conocerles. Vi que habían comenzado con pozos, luego hicieron presas, luego hospitales. Solo un hospital justifica toda la vida de Vicente Ferrer”.

La fotógrafa recuerda que al principio no encontraba la luz que quería para sus imágenes, y se desesperaba, pero que al final, la India para ella ha sido el paraíso del color. “La India es color”, insiste. “Mezclan el amarillo con el morado, el fucsia con el naranja. Esa mezcla hace que te quites todos los miedos”, sonríe.

Los miedos los lleva quitando de la India la Fundación Vicente Ferrer desde 1969, cuando este humanista y su mujer, Anna Ferrer, comenzaron a desarrollar sus proyectos de cooperación en Anantapur. Ahora cubren 3.148 pueblos, cuentan con un equipo de 2.400 colaboradores (el 99% de ellos, nacidos en la ciudad) y ayudan a más de tres millones de personas, como explica Jordi Folgado, director general de la Fundación Vicente Ferrer: “La exposición nos ayuda a transmitir la razón por la que existimos: hay esperanza, se puede erradicar la pobreza extrema. Cada foto habla de los avances que ha tenido la sociedad en la que trabajamos y dentro de los problemas, hay felicidad”.

“Por ejemplo”, continúa, “cuando llegamos nos decían que la educación no era para todos, era solo para los de la casta superior. Ahora vemos cómo chicos y chicas han llegado a la universidad, se han hecho ingenieros, y su experiencia va a ayudar a sus comunidades”. La muestra podrá verse en CaixaForum Madrid hasta el 28 de mayo.

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