El Correo

Del barro primitivo al cristal pulido

Una de las obras de la exposición. / Borja Agudo
  • La Sala Rekalde expone la obra de la escultora Isabel Garay, un homenaje a casi 40 años de trabajo sensible plasmado en formas geométricas

A Isabel Garay (Muskiz, 1946-Santander, 2016) no le convencía que se pusiera la etiqueta de 'minimalista' encima de sus esculturas. Creía que era algo demasiado estadounidense, un recurso de los artistas que se habían dedicado a actualizar la herencia de Brancusi. En realidad, la escultura minimalista ya se había inventado -por todo lo alto- en el Egipto de las pirámides. Más de dos mil años después, había que hacer algo más.

Lo que se puede ver desde hoy en la Sala Rekalde de Bilbao es la sensibilidad que Garay imprimió a las formas geométricas, que predominan en su exposición, y también a las figuras de barro de sus inicios, con un aire de divinidad primitiva.

Muy ligada al ámbito artístico de Bilbao, sobre todo a través de la galería Vanguardia, Garay trabajó en Santander y expuso en salas de Madrid y del norte de España. La muestra de Rekalde, comisariada por Hubert Besacier y compuesta por cuarenta obras, tiene el sentido de una recapitulación de su obra y también de un homenaje a la artista que falleció el año pasado.

«He querido que se vea con una mirada la riqueza de su trabajo, con barro, con vidrio de colores y aluminio, con acero y madera. Por eso he combinado obras de distintos periodos en un mismo espacio», explica Besacier. El comisario señala una escultura compuesta de dos semicírculos, uno de madera y otro de acero. El efecto del tiempo ha cubierto de musgo la madera y de roña el acero corten. Son los signos del paso del tiempo, que la escultora quería subrayar.

«Todos los materiales que utilizó proceden de la tierra, algunos transformados por el fuego, como el acero y el vidrio, o como el mismo barro cocido. Es un viaje desde lo más telúrico hasta el cielo, simbolizado por el cristal transparente», explica Besacier.

Atmósfera atlántica

Las formas de ventanas, puertas y escaleras, colocadas en sentido vertical o apoyadas sobre el suelo, así como el uso del cable de hierro de distintos grosores, remiten al componente arquitectónico de la escultura, como recuerda el comisario.

Pero la artista vizcaína comenzó en la pintura y terminó también en los cuadros hechos a pastel agrupados en la serie 'El cielo y su geometría', en la que evoca el paisaje de Cantabria y del País Vasco, con predominio de los azules del mar. «Es la atmósfera atlántica», considera Besacier.

Su carrera se desarrolló a lo largo de cuarenta años, en los que a veces, más que ir descartando unos elementos para incorporar otros diferentes, los iba integrando en su obras. Es el caso de la serie 'Barras y estrellas', donde la artista alterna módulos de barro y de hierro de iguales dimensiones y forma. Esta combinación también destaca en 'Sobre triángulos', y a partir de ahí desaparece.

La muestra en la Sala Rekalde permite recordar la trayectoria de una artista no siempre reconocida en País Vasco. Después de haber visto la exposición, el espectador concluye que ese olvido no está justificado. No hay que esforzarse para ver la categoría de Garay como escultora.

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