Las costuras

El parking de Loiu se quedó sin plazas ayer por primera vez

Las costuras
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Sospechábamos que el aeropuerto podía estar quedándose pequeño, pero quizá no esperábamos que las costuras fuesen a abrírsele precisamente por el parking. Ayer, sin embargo, dejar el coche en 'La Paloma' se convirtió en una misión imposible. Los aparcamientos del aeropuerto se llenaron hasta los topes. Las tres mil y pico plazas ocupadas. Hubo quien no tuvo más remedio que estacionar en la azotea sin asfaltar del parking. Y esos, al menos, pudieron hacerlo. También quienes accedieron a las explanadas que los operarios del aeropuerto habilitaron como aparcamientos de campaña. Con la acumulación de nervios, furia y desesperación que es inherente a estos casos, casi es de agradecer que ningún conductor intuyese a lo lejos la pista de aterrizaje y acelerase desesperado: «Espérate, que ahí veo un sitio».

Piensen que no encontrar dónde dejar el coche ya es suficientemente malo cuando uno va al cine y puede culpar de todo a su perra suerte y a la dura condición del urbanita. Qué no sentirá uno cuando lo que va a perder no es un estreno sino un avión. Y cuándo la culpa no es del destino sino de Aena.

Si no fuese porque entre los conductores que sufrieron lo de ayer es probable que haya quien sepa taekwondo y también dónde vivo, yo bromearía ahora un poco con lo sofisticado de la tortura. Es que es de una gran perversidad, como si se le hubiese ocurrido al malvado Fumanchú en esos momentos suyos de levantar la uña: «Y que vayan viendo que tienen que ir a aparcar a Derio y volverse en taxi mientras se acerca el cierre del embarque para Fráncfort».

Hoy en el aeropuerto miran a los cielos y agradecen que al final ningún usuario se quedase sin coger su vuelo. Lo que nadie parece entender es por qué ayer, que no era un día de especial ajetreo, fue cuando la capacidad del parking se mostró por primera vez insuficiente. Debería servir como advertencia. Comienza a lucir el sol y se acercan fechas de compromiso. La semana próxima el BEC acoge, precisamente, el encuentro sobre conectividad aérea más importante de Europa. A partir de ahora, la tradicional contemporización sobre posibles ampliaciones no va a funcionar igual sabiendo que el colapso en el aparcamiento ya no es una posibilidad que se bordea, sino algo que puede repetirse por la razón ganadora de que ya ha sucedido una vez.

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