Mueren un vecino de Mungia y su suegro al quedar sepultados cuando abrían una zanja en su chalé

Los cuerpos han quedado sepultados bajo tierra. / Luis Calabor

Las víctimas, de 50 y 76 años, realizaban unas obras de canalización con ayuda de un amigo cuando un corrimiento de tierras ha acabado con sus vidas

Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS

Las víctimas abrían una zanja con ayuda de una excavadora para desviar un curso de agua cuando quedaron enterrados bajo una avalancha mungia. Óscar B., de 50 años, y su suegro, Luis María G., de 76, «habían puesto toda la ilusión en esa casa y mira dónde tenían su destino», reflexionaba ayer una residente del barrio de Atxuri tras conocer la tragedia. La localidad vizcaína de Mungia vive estremecida por la desgracia que ayer sobrevino a dos de sus vecinos. Perdieron la vida sepultados por un derrumbe de tierra cuando trabajaban en una zanja junto al chalé que se estaban construyendo en el extrarradio del municipio, en la linde con Gatika.

El terrible suceso se produjo sobre las diez de una soleada mañana. Luis María, que residía con su mujer en el centro de Mungia, ayudaba a su yerno, con conocimientos de albañilería, en la construcción de una preciosa casa unifamiliar de piedra en la finca que éste había adquirido sobre una vaguada rodeada de arbolado, en el extrarradio de Mungia. La vivienda, de dos plantas, aún no estaba acabada y por tanto tampoco habitada. El hombre, marino retirado, acudía también casi a diario, con su mascota, un pastor vasco, a cuidar de una huerta que cultivaba en ese mismo terreno. El perro recorría ayer la finca nervioso después de la pérdida de su dueño.

Un amigo les ayudaba con la excavadora y fue testigo de cómo les caían encima 4 metros cúbicos de tierra Tragedia

Al parecer, según fuentes cercanas al caso, los dos hombres, a los que se les veía desde hacía meses trabajando en la casa en colaboración con distintos gremios, habían descubierto lo que pensaban que podía tratarse de un manantial o una fuente de agua y querían canalizarlo para evitar que pudiera afectar a los cimientos de la vivienda.

Un amigo a los mandos de una pequeña excavadora colaboraba ayer con ellos en la apertura de una profunda zanja cuando por causas desconocidas se produjo un corrimiento de tierras que les dejó enterrados bajo unos cuatro metros cúbicos de escombros, según cálculos de los Bomberos de Diputación que acudieron al rescate. El operario que manejaba la máquina fue la persona que avisó a los servicios de emergencia al percatarse de que los dos hombres habían quedado atrapados bajo tierra.

Un equipo de psicólogas de Cruz Roja se desplazó a Mungia para atender a los familiares de las víctimas Duelo

El 112 movilizó de inmediato a un helicóptero de la Ertzaintza, con agentes especialistas en rescate en montaña, que tomó tierra en las inmediaciones del lugar del suceso. El parque foral de Bomberos de Derio envió a cinco bomberos con cuatro vehículos, entre ellos la autoescala por si era necesaria, y posteriormente contó con otros tres bomberos de refuerzo del parque de Artaza, que se desplazaron con un furgón con útiles de apuntalamiento, según los datos facilitados ayer por la Diputación vizcaína.

Equipos de emergencia trasladan uno de los cadáveres.

Intervención contrarreloj

Sabían que en estos casos cada segundo cuenta y, con el paso del tiempo, asumieron que era prácticamente imposible rescatarles con vida. Los bomberos permanecieron en la finca durante casi tres horas hasta que el juez ordenó el levantamiento de los cadáveres, sobre las doce y veinte del mediodía. La excavadora fue retirando entre tres y cuatro metros cúbicos de tierra hasta el punto donde se encontraban los cuerpos, momento en que un médico certificó el fallecimiento de ambos.

Se movilizaron ocho bomberos de los parques de Derio y Artaza con cinco vehículos para el rescate Emergencia

Un equipo de psicólogas de Cruz Roja acudió a Mungia para asistir a los familiares de las víctimas. La mujer e hija de los dos fallecidos se acercó hasta el chalé rota por el dolor. El alcalde de Mungia, Ager Izaguirre, se mostró consternado por esta «tremenda desgracia» que ha afectado a «una familia de toda la vida de Mungia, muy querida». «Ha sido un golpe muy fuerte», afirmó en declaraciones a este periódico, al tiempo que ofreció su «cercanía y apoyo» a los afectados en estos «momentos tan difíciles».

Dos técnicos del Instituto vasco de Seguridad y Salud Laborales, Osalan, y la inspectora de Trabajo también acudieron a la casa en obras, ya que en un primer momento se pensó que podía tratarse de un accidente laboral, aunque finalmente se descartó ya que una de las víctimas era propietaria del terreno y la otra, un familiar que le estaba echando una mano.

Fotos

Vídeos