«La UVI llegó volando, pero la placenta ya había salido»

Lila y Mostafa ya en el Hospital de Cruces, con su hijo recién nacido Faris y su hija Tesnim. / PEDRO URRESTI

Una matrona sustituta asiste el parto de un niño en el centro de salud de Bermeo, sin epidural ni los medios de un hospital a su alcance

MARTÍN IBARROLA BILBAO.

El parto de Faris apenas superó la hora y media. Cuando Lila Ahemes Srir entró ayer por la mañana en la consulta del centro de salud de Bermeo con fuertes dolores, la joven matrona sustituta que la atendía se vio frente a una situación para la que se había preparado durante años de estudios. A sus 27 años, recién acabada la residencia, Sara García tuvo que tomar una decisión de urgencia: la madre no iba a llegar al hospital y tendría que alumbrar a su hijo allí mismo. «Este centro únicamente se encarga de la atención primaria. Disponemos de médicos de cabecera, pediatras, enfermeras y matronas. El ginecólogo solo pasa un par de veces por semana. Para cualquier otra especialidad derivamos a los pacientes a los hospitales o a los ambulatorios cercanos. En el momento en el que llegó la madre ni siquiera estaba la matrona titular. Es una suerte que contemos con profesionales tan bien formados», se enorgullecía Iñaki Merino, director de la Unidad de Atención Primaria de Bermeo.

Según el relato de Sara, que ayer por la tarde todavía se sentía «en una nube», la UVI móvil «llegó volando», pero la placenta ya había salido y no le quedó más remedio que actuar. «Mis compañeros se volcaron y me ayudaron en todo momento. Sin ellos no hubiera sido posible». Antes de la operación también llamó a otras matronas de ambulatorios cercanos para pedir consejo. Como no contaban con ningún anestesista, iba a ser un parto sin epidural y el riesgo estaba muy presente. «En los nacimientos naturales como este las contracciones son muy fuertes, duelen como si te partieras por dentro. Pero Lila colaboró muchísimo y consiguió sacar al bebé en muy poco tiempo. Afortunadamente, no hubo grandes problemas. La madre estaba tranquila y el bebé nació sanísimo».

Empapadores del psiquiátrico

Sara defendía la implicación del pediatra, las enfermeras y el resto del equipo que la acompañó. «Si pedía algo, lo conseguían al momento». Solicitó empapadores y solo tardaron unos minutos en facilitárselos. No supo hasta más tarde que una auxiliar había tenido que pedírselas al Hospital Psiquiátrico de Bermeo. «Los recursos son mínimos comparados con Cruces, pero un parto se puede hacer donde sea si tienes una buena formación y un equipo de profesionales que te respalda», insistía. «Se lo debo todo a mis tutoras y, sobre todo, a una matrona que conocí cuando rotaba por los ambulatorios. Solo cuando empiezas a trabajar eres consciente de todo lo que has aprendido». Ya en el hospital de Cruces, la madre repetía una frase con una sonrisa incontrolable: «Estoy muy contenta, muy contenta».

Los doctores confirmaron que tanto la Lila como el bebé se encontraban en perfecto estado. El padre, Mostafa Zyat, confesaba estar pasando un bache. Llegó con su mujer a España hace años y ya llevaban dos en Bermeo. «No hay trabajo. Hago lo que sea, como albañil o ayudante en la cocina de un restaurante. Pero ahora mismo no encuentro nada». Ayer disfrutaron de un oasis que los alejó un momento de la cruda realidad. Era Faris. Tenía las manos diminutas y una perfumada piel rosada.

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