«Somos el encanto de los pueblos, sin tiendas pequeñas no hay vida»

Lucía Larrinaga regenta el negocio que su tatarabuela abrió en Markina hace 142 años. / MAIKA SALGUERO
Lucía Larrinaga regenta el negocio que su tatarabuela abrió en Markina hace 142 años. / MAIKA SALGUERO

Lucía Larrinaga es la quinta generación al frente de 'Casa Pepa', de Markina, fundada en 1876 y merecedora del premio al comercio centenario de Bizkaia

MIRARI ARTIME MARKINA.

Son tiendas que siguen al pie del cañón, que pese a su longevidad perduran en el tiempo. Comercios que como los demás se han ido adaptando al paso del tiempo y a los nuevos gustos sin dejar del todo atrás su esencia y tradición. En Markina pueden presumir de contar con uno de ellos, en concreto, con uno de los establecimientos más antiguos del territorio; 'Casa Pepa' fundada en 1876 y que acaba de recibir el premio al comercio centenario concedido por la Cámara de Comercio.

Lucía Larrinaga es la responsable del negocio. Representa a la quinta generación de Josefina Pepa, que hace siglo y medio decidió emprender un negocio que aún sigue en pie. «Todo lo empezó mi tatarabuela cuando hace 142 años partió del valle del Pas, en Cantabria, con un cuévano -cesto de mimbre grande y hondo- a la espalda vendiendo telas», relata.

«Al ser multada en varias ocasiones por la venta ambulante, decidió establecerse y abrir tiendas en Lekeitio y Estella, así como en Markina, donde compró el actual edificio que acoge el negocio y la vivienda familiar», añade. «También atendía en verano el balneario de Urberuaga, que entonces reunía a personas muy destacadas», recuerda.

«Fue una emprendedora nata», asegura Lucía que tomó las riendas del establecimiento de manos de su madre. «Vivíamos en Madrid y al regresar mi madre tomó el relevo de mis tías y luego más tarde, con 18 años, me incorporé yo», detalla.

Las distintas mujeres de la familia han logrado mantener la esencia de sus orígenes, con telas y textiles de calidad que durante décadas se han vendido detrás de un mostrador que invita a viajar al pasado y que ya forma parte del paisaje markinarra donde permanece casi toda la vida. La demanda actual les ha obligado a ampliar el abanico de género que ofrecen y a incluir desde cremalleras e hilos de seda, hasta pijamas y medias.

«Adaptarse a los tiempos»

No obstante, lejos de la imagen gris y desfasada que podría denotarse de un comercio centenario, el colorido y la variedad es la seña de distinción de este negocio. «Desde que yo comencé, el mercado ha cambiado muchísimo», destaca Larrinaga.

«Ha habido Navidades en las que hemos estado hasta tres dependientas, pero ahora es mucho más difícil, la competencia es muy dura y es necesario adaptarse a los tiempos para atraer a nuevos clientes», recalca su propietaria que tiene intención de jubilarse en este negocio familiar.

«Somos el encanto de los pueblos, sin nosotros, sin las tiendas pequeñas, dejan de tener vida», insiste. «Aunque internet, las compras on-line y los centros comerciales son una competencia muy dura y difícil, hoy en día se detecta más sensibilidad hacia los comercios pequeños y es normal, atendemos como en casa», matiza.

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