«No tenemos agua ni para ducharnos»

Luis Mari Otaegi friega en la cocina del caserío con agua de una garrafa.
Luis Mari Otaegi friega en la cocina del caserío con agua de una garrafa. / MAIKA SALGUERO

Una familia del barrio rural de Larruskain, en Markina, afronta el día a día pendiente de un manantial al carecer de suministro

MIRARI ARTIME MARKINA.

«El manantial del que nos surtíamos de agua se ha agotado, prácticamente no sale ni un hilito y en la actualidad no disponemos de suministro ni tan siguiera ni para lavar, fregar o ducharnos». Esta es la situación a la que se enfrenta la familia de Aña Ipiña y Luis Mari Otaegi en el caserío donde residen, en el barrio rural Larruskain de Markina. «Estamos en el siglo XXI, es un derecho que nos corresponde, una prestación obligatoria de las administraciones pero, aunque hemos trasladado esta situación en reiteradas ocasiones al Consistorio y al Consorcio de Aguas de Bilbao Bizkaia, no hemos obtenido respuesta», lamenta la pareja.

Cansados de vivir así, han decidido recurrir al Ararteko, «porque nos están negando un recurso fundamental», denuncian. De hecho, aunque la situación se ha agravado de manera notable durante este verano, hace años que por los grifos de su casa no corre agua potable. «Lo bombeamos del río para llenar el manantial, pero claro, no está tratada y siempre no es posible. Sin ir más lejos, esta semana al venir completamente embarrada por los chaparrones», relatan.

Como consecuencia, las acciones más cotidianas como darse una ducha, lavar los platos o poner la lavadora se han convertido en misión imposible. «Llenamos garrafas de la fuente de Markina para las comidas, pero no es raro el día en que tenemos que tirar de amigos o familiares para asearnos y lavar la ropa», revelan. Algo tan sencillo y habitual como cepillarse los dientes se ha convertido también en una práctica poco sana. «Hemos sufrido varios episodios de gastroenteritis y los médicos nos han dicho que no nos limpiemos con agua del manantial», señalan.

Su caserío 'Agorrixe' se encuentra situado a poco más de cuatro kilómetros de la entrada a Larruskain. «El entramado de tuberías está a unos 2,5 kilómetros por lo que faltarían poco más de dos kilómetros para conectarnos a la red y solucionar este problema», explica Ipiña.

Solución urgente

La pareja denuncia que «hablan de inversiones millonarias en abastecimiento por todo el territorio, en acciones de solidaridad con pueblos hermanados de otros países para llevarles agua y nos parece bien, pero nosotros también estamos aquí, en Markina, en el siglo XXI y sin agua potable», critican. Aunque su hogar es uno de los más afectados, el resto de los habitantes del pequeño enclave rural tampoco está mucho mejor.

«Ante la tala de árboles o episodios de constantes lluvias nos encontramos continuamente con agua inservible incluso para los servicios básicos de limpieza e higiene», detallan los afectados en la reclamación presentada ante el Consistorio, acompañada de los resultados de unos análisis químicos realizados por una conocida entidad de la comarca en la que se recalca que «no es apta para el fregado diario de los utensilios de cocina».

El abastecimiento procede de un depósito clorado, «sin más tratamiento», y aunque se han dirigido en repetidas ocasiones tanto al Ayuntamiento como al Consorcio de Aguas «no hemos obtenido solución alguna», añaden. Los afectados exigen actuaciones inmediatas en su escrito. «Estamos perjudicados por la falta de un derecho básico y por el incumplimiento de una prioridad de todas las administraciones implicadas», remarcan.

La estación de tratamiento de agua potable de Iparragirre abastece desde 2004 a Markina y Etxebarria, así como a las localidades de Bolibar y Munitibar, que se incorporaron con posterioridad. Concretamente, la planta trata el agua procedente de las captaciones de Alcibar, Muniategi y Arambaltza, así como la recogida de los arroyos Iterixa y Urko y Muxu. En la actualidad, tiene una capacidad de tratamiento de 40 litros por segundo para abastecer a una población de 5.600 personas.

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