Noche de paz en el pórtico de la catedral

La Coral interpreta 'Noche de Paz' en la Catedral de Santiago. / Luis Ángel Gómez

La Coral de Bilbao y EL CORREO organizan un ‘flashmob’ para felicitar la Navidad

César Coca
CÉSAR COCA

María Climent tiene 11 años y canta en la Sociedad Coral de Bilbao. La sonrisa no le cabe en la cara cuando acaba de interpretar junto a un centenar de integrantes de la formación -hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos- ‘Noche de paz’ en el pórtico de la Catedral de Santiago. El Casco Viejo de la villa está engalanado con las luces de Navidad y a nadie parece importarle que haga frío y a ratos llueva a mares.

«Canto de todo», confiesa María, que lleva dos años en el grupo. Ha llegado a la catedral hace una hora y mientras los cámaras buscaban ángulos y probaban la iluminación, se la veía inquieta y feliz, curioseando y hablando con sus amigos. Para ella, como para muchos coralistas, se trata de algo nuevo. Algo que surgió cuando EL CORREO propuso hace unas semanas a la Sociedad Coral de Bilbao realizar un ‘flashmob’ que fuera al mismo tiempo una felicitación navideña. Íñigo Alberdi, director general de la entidad, y Enrique Azurza, responsable del coro, recogieron el guante sin dudarlo. Apenas hubo debate sobre la fecha, el tema que cantarían el centenar de coralistas disponibles ese día y el escenario en el que lo harían: sería el viernes 15, interpretarían ‘Noche de paz’, escrito por el compositor y organista Franz Xaver Gruber con letra del sacerdote Joseph Mohr, y lo harían en la catedral.

Así que, nada más terminar en el interior del templo la misa de las siete, los niños se cogen de la mano y se agrupan en dos filas, formando sendas cadenas que entran en el pórtico por los dos extremos del mismo. De esa manera comienzan a entonar el villancico -en la versión de Julen Ezkurra- y enseguida se ven acompañados por el coro mixto de adultos que suman sus voces tras la primera estrofa. Cantarán el villancico completo cinco veces, combinando en sus interpretaciones euskera, castellano y alemán. Nada que les resulte extraño. «Hemos cantando en varios idiomas», asegura Unai Uriarte, de quince años, que lleva seis en el coro. «Nos dicen lo que significa lo que cantamos aunque no sepamos exactamente lo que es cada palabra, pero no importa».

Emoción y magia

No importa porque la magia no está tanto en la letra como en el espíritu del valor universal de paz y amor que transmite este villancico que justamente hoy cumple 199 años. Se estrenó en 1818 en la iglesia de San Nicolás de Oberndorf, una pequeña población situada a menos de veinte kilómetros de Salzburgo, en Austria. El edificio fue demolido a comienzos del siglo XX y la capilla bautizada con el nombre de ‘Noche de Paz’ se levanta en otro lugar, aunque no lejos de la ubicación original. Existen diferentes versiones sobre el origen del villancico, pero una de las más aceptadas apunta que el párroco encargó a su amigo el compositor una partitura que pudiera ser interpretada por un coro y el acompañamiento de una guitarra, dado que el órgano de la iglesia se había averiado.

Fuera así o no, la popularidad del ‘Noche de paz’ no fue inmediata pero una vez que se extendió por el mundo ha superado a todas las canciones navideñas. Y su significado va más allá de sentimientos religiosos para relacionar a personas de cualquier raza, religión, edad y sexo, unidas por el deseo de paz. De ahí la emoción que sienten los coralistas mientras cantan. «Cada tema es distinto, pero algunos son muy emotivos. Este es uno de ellos». Lo dice Mercedes Almeida, que aún lleva pocos meses en el coro de adultos pero recuerda el tiempo de la infancia, cuando formaba parte del grupo coral de su colegio. «Tengo una lista de cosas pendientes de hacer, y hace un año decidí que era el momento de intentar entrar en la Coral». Pocas veces ha cantado en la calle, pero ya tuvo una oportunidad anterior, por Santa Águeda.

Con ese motivo lo hizo también Txaro Etxebarria, que estuvo en varias formaciones antes de entrar en la Coral, donde lleva 18 años. «El disfrute es cantar», asegura completamente convencida. Da igual que sea con orquesta -«un lujo», comenta- que en la calle, con música instrumental o sin ella. Y los villancicos tienen algo especial: «Cada vez que canto uno es como un regreso a la infancia; sucede seamos creyentes o no».

Le pasa a los integrantes de esta sociedad formada en 1886 que han interpretado un repertorio enorme y muy variado a lo largo de estos años. Ya lo dice María Climent: «Canto de todo». Y esta vez fue ‘Noche de paz’.

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