Los clásicos

Los acuerdos presupuestarios resucitan viejos proyectos

Los clásicos
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Las personas tenemos proyectos recurrentes: aprender a tocar un instrumento, dar la vuelta al mundo, practicar el paracaidismo en la modalidad de caída libre, vivir en las selvas de Borneo estudiando a los gorilas, ordenar las fotos que tenemos en el ordenador. Ya se ve que son cosas del todo irrealizables, sobre todo lo de las fotos. Por eso en torno a ellas construimos ensoñaciones. Las ciudades tienen igualmente proyectos recurrentes, pero no los rodean de ensoñaciones sino de estudios. Puede parecer prácticamente lo mismo, pero no lo es. Sobre todo porque, a diferencia de las ensoñaciones, los estudios cuestan dinero. Y también porque a veces los estudios cuajan y se convierten en la antesala de los hechos.

En lo tocante a Bilbao, y dejando a un lado la expansión hegemónica por el occidente europeo, la obtención simultánea de todos los premios urbanísticos existentes y la conquista de al menos una Copa del Rey antes de 2034, los proyectos recurrentes tienen que ver con cosas como el cierre del anillo tranviario, la llegada del metro al aeropuerto o la puesta en marcha de la famosa Línea 4, entre Matiko y Rekalde. Seguro que alguno de ustedes acaba de suspirar, en plan proustiano, como quien recuerda de pronto lo mucho que le gustaba una canción. No habrá sido por lo del metro al aeropuerto, que es una cosa bastante sensata de la que solo nos acordamos cuando salimos de viaje. Habrá sido más bien por todo lo relacionado con el tranvía y la Línea 4. Fueron verdaderos clásicos municipales de nuestro pasado reciente. Y qué grandes momentos de drama y porfía nos ofrecieron las figuras de entonces, los Azkuna, los Basagoiti, los Oleaga. Se lanzaba aquella gente los metros y los tranvías a la cabeza como si de flores se tratase.

Ahora los acuerdos presupuestarios en Vitoria van a propiciar que el Gobierno vasco retome estudios sobre algunos de esos proyectos tradicionales y recurrentes. Servirá cuando menos para devolverlos a la actualidad y animar tal vez el trecho de mandato que desciende hasta las municipales de 2019, que se intuyen ya a lo lejos. Entre los proyectos, la pista de atletismo de San Mamés. Es un clásico más reciente, pero igualmente vistoso y peliagudo. Y eso que no implica meter trenes en el campo. Solo atletas.

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