Chabolas con piscina junto a la basílica de Begoña

Las chabolas han sido levantadas en las inmediaciones del Seminario diocesano de Zabalbide. /Fernando Gómez
Las chabolas han sido levantadas en las inmediaciones del Seminario diocesano de Zabalbide. / Fernando Gómez

Una pareja de Otxarkoaga levanta varios chamizos en un terreno abandonado ante la «desconfianza de los vecinos»

MARTÍN IBARROLA

Los vecinos que acostumbran a pasear cerca de la basílica de Begoña han podido contemplar cómo una fortificación casera ganaba altura en una parcela abandonada junto al Seminario Diocesano de Bilbao. Una chabola construida por una pareja de Otxarkoaga que vivía en la calle y eligió este rincón para refugiarse. La chabola cuenta ya con dos pisos, una piscina, una caseta adicional y todo tipo de chatarrería. En lo más alto ondea una ikurriña y una bandera del Athletic. Los inquilinos cuentan que la han fabricado con restos rescatados de obras, andamios y contenedores. José María es uno de los dos okupas originarios, que ahora comparten el terreno con otra pareja y un amigo. «Aunque lo hemos montado bien, no es ningún lujo. No tenemos agua, nos bañamos y limpiamos en una piscina para niños. Hay ratas por todas partes y dormimos con los ojos en la nuca por el miedo a que nos entren a la noche. Estamos muy desprotegidos», asegura este hombre de 48 años al que sus conocidos apodan ‘Camarón’.

Para salir del terreno, José María desliza su mano entre las tablas y libera el candado que bloquea la puerta de entrada, también reciclada de la basura. Igual que el famoso cantautor flamenco, luce el tatuaje de una estrella de seis puntas bordeada por una media luna junto al pulgar. Sus uñas aún están sucias por el barro que remueve para cultivar la huerta. «Soy un hombre de pocas letras. Hoy en día necesitas cien cursillos para poder currar en cualquier obra. He trabajado toda mi vida en la limpieza de chatarra junto a mi padre y no tengo formación. Me cuesta conseguir empleo», lamenta. La pareja explica que permanecerá en la parcela mientras espera alguna respuesta de las listas de pisos de protección oficial en las que están inscritos. «Cada día luchamos por sobrevivir. Mi mujer tiene 44 años y cuatro úlceras. Lleva más de treinta entradas al hospital. No es una vida fácil».

Herramientas desaparecidas

Los jardineros del Seminario, Andoni Ortiz y Mikel Uruburu, han sido testigos de la evolución de este minúsculo poblado. «La primera pareja vino en septiembre y estuvo seis meses sola. Después llegó otra y antes del verano se incorporó una quinta persona». Los dos operarios comenzaron a preocuparse cuando desapareció la máquina de fumigación, algunas herramientas y los buzos de trabajo. «Nos hemos visto obligados a contratar una empresa de seguridad e instalar cámaras. No podemos acusarlos con certeza, pero los robos coinciden con su llegada», asegura el rector del Seminario, Aitor Uribelarrea. En cualquier caso, insisten en que no ha desaparecido nada de valor y que, con la excepción de esta sospecha, no tienen «ningún problema de convivencia». «Mientras no se metan en nuestra propiedad, no tenemos nada que decir y no nos importa que vivan ahí».

«Nosotros no hemos sido, no les hemos quitado nada. A nosotros también nos han robado varias veces y no nos hemos quejado», se defiende José María. Las monjas del refugio de la Fundación Eudes, con quien también linda su terreno, tuvieron que amonestarles porque la pareja sustraía agua de una fuente de su propiedad. «Cuando se lo dijimos, dejaron de hacerlo. Es una pena, porque lo tienen todo muy limpio y no dan problemas, pero ya han creado desconfianza». El vecino de Otxarkoaga trata de aliviar la situación. «Nos buscamos la vida como podemos. Lo que puedo asegurar es que no nos gusta hacer mal a nadie».

«Legalizarlas o destruirlas»

El Ayuntamiento ya ha enviado a un inspector al lugar. «Aunque no se haya registrado ninguna denuncia, estamos en vías de identificar al dueño de la propiedad. Esa persona tendrá que tomar la decisión legalizar las edificaciones o derruirlas. Es un proceso largo que puede incluir diferentes alegaciones», detallan fuentes municipales. No es la primera vez que esta pequeña campa es ocupada. Los seminaristas y las monjas recuerdan que durante años hubo «un señor que cultivaba un huerta». Parece que tampoco él era el dueño del terreno. En agosto del año pasado un incendió arrasó el solar. «Unos chavales lo utilizaban para criar perros. Alguno de los animales eran robados y las autoridades cerraron el chiringuito. Cuando descubrieron lo que había pasado, los chicos quemaron el jardín», aseguran los jardineros del Seminario.

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