«Los centros de menores de Bizkaia han llegado a una situación límite»

Varios menores suben a un autobús para viajar a otro centro tras el incendio en el de Amorebieta./I. PÉREZ
Varios menores suben a un autobús para viajar a otro centro tras el incendio en el de Amorebieta. / I. PÉREZ

Los educadores denuncian agresiones, saturación y la existencia de mafias que generan «una espiral de conflictos»

Miguel Pérez
MIGUEL PÉREZ

«Simplemente lo que ha sucedido es que los problemas que acumulan los centros de menores de Bizkaia han explotado en Amorebieta, pero no es nada del otro mundo». Con estas palabras, el delegado de CC OO Roberto Alaña resume el «caos» en el que, según la central, se encuentran sumidas estas casas de acogida debido a su masificación -en algunas la ocupación llega a duplicar la oferta de plazas-, el «insuficiente» número de educadores y el ambiente generado por «pequeñas mafias» que crean «una espiral de conflictos» con el personal y el resto de los internos. «Es una minoría de cuarenta que tiene acojonada a la mayoría», explica.

LAB y Podemos Bizkaia denunciaron también ayer la saturación del servicio y mostraron su «inquietud» por el incendio de las instalaciones de Amorebieta el pasado martes. La institución foral declinó hacer cualquier valoración del siniestro que, al cierre de esta edición, continuaba bajo investigación de la Ertzaintza sin que se hubieran producido detenciones. La hipótesis de un origen intencionado continuaba vigente.

Para entender el incendio que ha obligado a cerrar temporalmente el caserío y distribuir a los residentes en otros centros de Orduña, Loiu, El Vivero o La Arboleda, es preciso conocer el contexto. «No es una cuestión de procedencia de los jóvenes. Es un reduccionismo estúpido». «Culturalmente su nivel es medio-alto y se ve que vienen de familias consolidadas», informa Alaña. La red acoge a menores extranjeros no acompañados cuyo flujo ha aumentado hasta rebasar las previsiones oficiales. Algunos testimonios recogidos por los educadores dentro del propio colectivo señalan a que, una vez pisaron España, bastantes de ellos fueron dirigidos por mafias directamente a Bizkaia.

«Caemos como moscas»

También CC OO cita la existencia de «pequeñas mafias» que enrarecen la convivencia en las casas, pero de una naturaleza diferente: unida por la fuerza, se trata de «una minoría que opera contra el resto de los menores» y los educadores. Sólo en Loiu se han producido en el último mes cinco agresiones contra el personal, «y en algunas hablamos de agresiones con operaciones por medio, no simples empujones, que son diarios. Por no hablar de las veces que sube una ambulancia o un coche patrulla porque ha habido una pelea. Los educadores estamos agotados y sin ilusión. Caemos como moscas». La «precariedad» de medios es tal que ha habido turnos de noche con solo tres personas para ocuparse de cien internos. «No hay recursos para contenerles y quienes quieren montar una bronca lo saben».

En su contexto

113
jóvenes estaban acogidos hace tres semanas, según CC OO, en el caserío de Amorebieta que el martes registró su tercer incendio aparentemente provocado en un mes. Su capacidad es de 40 plazas.
Más de lo previsto
La Diputación cifró hace un par de meses en 486 menores los que habían llegado a Bizkaia este año, el triple que en 2015. Algunas fuentes estiman que el total ahora rondaría los 700 ingresos.
42
educadores trabajan en el centro de Loiu repartidos en turnos, de modo que «lo máximo es que haya doce para atender a cien chavales».

Según los trabajadores, una solución pasaría por «no crear cajones de sastre» y diferenciar los perfiles de los menores en los puntos de primera acogida como el de Amorebieta. «Tú no sabes si consumen, delinquen, tienen temas judiciales encima o son gente de bien que solo quiere estudiar. Al final, los primeros se hacen fuertes y crean una mafia contra los demás». «El problema se le ha ido de las manos a la Diputación», añade Alaña, que destaca los «cupos» como una posible salida al colapso, aún consciente de la complejidad de aplicar una medida así en un terreno donde una institución provincial carece de márgenes amplios. En cualquier caso, los trabajadores urgen a corregir «una situación muy al límite»: Amorebieta contabilizaba hace tres semanas 113 menores cuando su capacidad es de 40. En Loiu, de 72 se pasó a un centenar «y ahora hay que añadir otros 25 trasladados desde el caserío incendiado». En Orduña hay 60 ocupantes en unas instalaciones concebidas para 30. Y en Arabella se cuentan 25 frente a 12 plazas.

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