CEMENTERIOS Y LIMUSINAS

El Ayuntamiento de Bilbao es un gran propietario

CEMENTERIOS Y LIMUSINAS
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

La propiedad es un derecho jurídico perfecto y un debate filosófico perpetuo. También una complicación muy grande. Eso lo aprende uno del peor modo posible, en las mudanzas, y lo olvida después, como casi todo, para sobrevivir. Hace unos años, un estudio determinó que en un hogar medio se acumulan entre 3.000 y 4.000 objetos, quince veces más de los que tenían en sus casas nuestros abuelos. Además de lo que está dentro del hogar, cabe la posibilidad de que uno tenga entre sus propiedades el hogar en sí mismo. Y un coche. Y un trastero. Y lo que hay en el trastero: bicis, herramientas, disfraces, maletas, una zarigüeya disecada, la colección completa (400 números) de la revista ‘Guitarristas del Metal’.

Es el síndrome de Diógenes ordenado en cajas de Ikea. ¿Qué hace uno en este mundo cargando con todo eso? Lo lógico sería desesperarse, pero también puede buscarse a alguien que tenga aún más cosas, cosas peores, quiero decir. Existe: el Ayuntamiento. Porque al menos usted y yo no tenemos entre nuestras propiedades un cementerio. No habrá muchas cosas más deprimentes de las que ser propietario. Pues el Ayuntamiento tiene tres. Cementerios. Montes, en cambio, tiene 51. Un monte es más bonito de tener. Pero llevará mucho trabajo. Si lo habitual es tener tres macetas en el balcón y conseguir que se den en ellas terribles episodios de deforestación, como para hacerte cargo de los montes que rodean Bilbao. Cierto que el Ayuntamiento, puesto a hacerse cargo, incluso se hace cargo de los bilbaínos. ¿Seremos también de su propiedad? Sí, yo creo que sí. Por eso el Consistorio tiene 4.300 viviendas. Por si hay que guardar dentro bilbaínos. En la asombrosa lista de propiedades municipales, hay además tres pantanos, 13 museos, 100 estatuas, una espada de acero toledano, un pastor belga y una limusina clásica. El anuario municipal del 89 describe el auto como el ‘Coche de la Villa’. Fue cosa de Gorordo. Hoy la ‘limo’ se oxida en Elorrieta. Igual que la chimbera del abuelo en el altillo. Todo trastos. Ya verás el día que me ponga a tirar cosas. Los trastos del Ayuntamiento, eso sí, valen 3.000 millones e incluyen el ayuntamiento propiamente dicho, con su Salón Árabe, su campanario y su carillón.

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