El cazo y el ipad

El paro feminista fue un éxito también en Bilbao

El cazo y el ipad
FERNANDO GÓMEZ
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

El primer triunfo histórico del paro feminista de ayer consistió en cancelar la emisión de buena parte de los programas televisivos matinales. No habían dado las diez y el país ya era mucho mejor sin toda esa gente hozando en el crimen y el cotilleo.

Lo reconozco: me bastó comprobar que Ana Rosa no estaba en antena con nuevas revelaciones sobre el descuartizador pirómano de Alpedrete para pensar en titular, del tirón, ‘Éxito histórico sin precedentes’. O quizá algo más categórico. Por una vez, la realidad iba a tener el detalle de adaptárseme bastante al título previsto.

Lo cierto es que nadie sabía cómo podría transcurrir una huelga que había conseguido pillar con el pie cambiado incluso a los sindicatos. Pronto quedó claro que el éxito, en efecto, no iba a tener precedentes. La mañana funcionó a ese respecto como una pendiente engrasada y el paro feminista se deslizó por ella aumentando de volumen y velocidad, también de prestigio repentino, hasta demostrarse imparable.

Fue una veloz mezcla de triunfo y de sorpresa. El feminismo se reveló con un poder de convocatoria probablemente inesperado que evidenciaba una enorme transversalidad. Incluso llegó uno a sentir cierta lástima por las políticas cuyos partidos habían decidido no secundar aquello en su versión ambiciosa. La clase de lástima que se siente por quien pierde un tren que quizá no vuelva a pasar.

Por otro lado, nadie debería entender que las mujeres que se manifestaron ayer secundaban en su totalidad más causa que la suya propia, es decir, la de las mujeres. Quiero decir que si el anticapitalismo (por ejemplo) pudiese sacar a la calle a toda esa gente, y de ese modo, solo entre la mitad de la población, no se entiende que hoy no estemos organizados en falansterios y pagando con una moneda nueva: el ‘kropot-coin’.

En Bilbao la sentada de las doce desembocó multiplicada frente al Ayuntamiento y ofreció una de esas imágenes imponentes. La ciudad está especializándose en ellas. Cada vez nos salen mejor. Es como si la esfera de Oteiza hubiese roto a funcionar como un imán contestatario. A ese respecto, no se entiende que el alcalde Aburto no pegue un volantazo en lo de la promoción y comience a publicitar Bilbao como ciudad de manifestaciones. Lo digo también porque la imagen de ayer dio la vuelta al mundo, pero en serio. La edición digital del ‘New York Times’ ilustró la noticia del día mundial de la mujer con una foto de Vincent West en la que se veía un océano de manos haciendo el triángulo feminista frente al Ayuntamiento.

Si la foto era imponente, la escena en directo era aún mejor. Con las manos levantadas sobre sus cabezas, las mujeres cantaban en Bilbao ‘A la huelga’, la vieja canción anarquista que durante la dictadura sonaba clandestina a través de Radio Pirenaica.

La letra, eso sí, estaba tuneada. Y hay que tener mucha osadía para tocarle una coma a su autor, Chicho Sánchez Ferlosio. Pero que la historia parezca ponerse al fin de tu lado es algo que debe de darte mucha marcha y las mujeres se han hecho también con el cancionero. Donde el clásico libertario llamaba a la huelga federal abandonando el torno, el feminismo instaba ayer a las compañeras a dejar quietos «el cazo, la herramienta, el teclado y el iPad».

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