La carretera de Enekuri a Artxanda será un gran paseo con miradores y tráfico limitado

Artxanda, al fondo, es el principal pulmón verde de Bilbao y el Ayuntamiento quiere 'acercarlo' a la ciudad; que forme parte de la vida de sus habitantes./JORDI ALEMANY
Artxanda, al fondo, es el principal pulmón verde de Bilbao y el Ayuntamiento quiere 'acercarlo' a la ciudad; que forme parte de la vida de sus habitantes. / JORDI ALEMANY

El Ayuntamiento y la Diputación ultiman un acuerdo para arrancar este año con las obras que buscan potenciar el mayor parque de Bilbao

Luis López
LUIS LÓPEZ

No tiene sentido que una urbe como Bilbao, muy justa de espacios verdes, viva de espaldas a Artxanda, el mayor parque de la ciudad. En el mundo de las metáforas excesivas, es como cuando Nueva York crecía de espaldas a Central Park.

Hace tiempo que el Ayuntamiento viene cavilando sobre cómo recuperar Artxanda para los bilbaínos, y ahora mismo anda inmerso en un proceso participativo que busca, precisamente, ideas para el gran parque. Mecanismos para atraer a la gente no sólo el fin de semana, sino cada día. Que este pulmón verde forme parte de las rutinas de los vecinos, que lo sientan suyo y que lo vivan.

Un buen punto de partida es actuar en su entorno y, en concreto, en sus accesos. Por eso, el Consistorio y la Diputación prevén arrancar este mismo año con una obra que cambiará de manera radical la fisonomía de la carretera que sube desde Enekuri al parque y de ahí continúa hasta Santo Domingo. El objetivo es convertir esa vía, la BI-3741, en un gran paseo de 5,6 kilómetros salpicado de miradores, zonas de recreo y, sobre todo, con mucho menos tráfico.

Ricardo Barkala, concejal de Obras y Servicios, habla de «un nuevo paseo-mirador, un eje peatonal reforzado entre Enekuri y Santo Domingo». Por supuesto, esto no quiere decir que se vaya a prohibir la circulación de vehículos, pero sí se pretende transformar la vía, «tranquilizarla» y «calmar el tráfico» en estos 5.600 metros. La pregunta es cómo. «Hay distintos mecanismos: limitar la velocidad a 30 ó 50 kilómetros por hora, instalar un firme de superficie adoquinada, hacer rotondas...». En realidad, lo de las rotondas ya forma parte de un plan de la Diputación presentado en diciembre de 2016 (se trata de una carretera foral) y del que no se han vuelto a tener noticias. El proyecto, con un presupuesto de 1,2 millones, contempla tres glorietas: en el barrio de Berriz (donde el restaurante del mismo nombre); en el acceso al área recreativa de Artxanda, junto al antiguo restaurante Nogaro; y en la segunda intersección hacia esa zona viniendo de Santo Domingo, junto al colegio Trueba.

En su contexto

5.600
metros es la distancia durante la que se prolongará el paseo-mirador que irá desde Enekuri a Santo Domingo; la carretera BI-3741 se «transformará en una vía calmada de tráfico».
Algo global
El proyecto vial forma parte de un plan conjunto que pretende recuperar el monte Artxanda para la ciudad y convertir el parque en un centro de ocio con usos que se están estudiando. La intención es actuar no sólo arriba, en el cogollo central de la zona verde, sino en todo el área que va desde Enekuri hasta Santo Domingo.

Lo que pretende ahora el Ayuntamiento es complementar este proyecto foral y hacerlo más ambicioso. «No se trata de hacer aceras junto a la carretera», ataja Barkala. La idea es crear un corredor que dé especial relevancia a los caminantes, con elementos físicos que separen su espacio del de los coches, pero quizás compartiendo una misma altura e incluso un mismo tipo de pavimento.

El plan, antes de junio

Con este panorama, y las limitaciones de velocidad, se desanima a los conductores a utilizar esta vía para llegar a Artxanda en favor del acceso por Santo Domingo o del transporte público, que es la otra gran apuesta. Junto al paseo habrá «miradores y zonas de estancia» con vistas hacia Bilbao y también en dirección al aeropuerto y el valle del Txorierri.

Y todo esto, ¿para cuándo? La experiencia dice que mientras no hay dinero encima de la mesa ni máquinas en el terreno, no hay que hacerse muchas ilusiones. De momento, no hay presupuestados nada más que los 1,2 millones de euros del plan foral. Pero el concejal Barkala no tiene dudas: antes de que abandone el Ayuntamiento (lo hará en junio para presidir el Puerto de Bilbao) quiere dejar acordado con la Diputación quién asumirá la titularidad de la obra y cómo se repartirán los costes.

Puede ser que la entidad foral ceda la titularidad de la carretera al Ayuntamiento, o que éste participe en la obra por otras vías -hay que tener en cuenta que quedarse con una infraestructura exige luego notables inversiones en mantenimiento-. Las opciones están abiertas, pero la disposición para llegar a acuerdos parece ser buena. De hecho, Barkala asegura que este mismo año arrancarán las obras en el primer tramo: el que va del colegio Trueba hasta la vieja pista de hielo. Es decir, la zona por donde pasa el funicular y donde está ese mirador a Bilbao en el que se detienen los coches en maniobras algo arriesgadas. Se trata de alrededor de un kilómetro en el cogollo mismo de lo que aspira a ser un espacio de ocio fundamental para la ciudad.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos