«No somos una carga»

Hay 82.400 vascos con discapacidad en edad activa. Solo en Bizkaia, las nuevas contrataciones ascienden a 5.856 y la tasa de paro ronda el 15,9%

«No somos una carga»
Fotos: Sergio García
Sergio García
SERGIO GARCÍA

Son casi el 10% de la población vasca y cada día que pasa es una lucha sin cuartel por lograr el reconocimiento de quienes les rodean y fundirse con ellos sin estridencias. Su máxima aspiración es la normalidad, que se les trate como a uno más. Jardineros, conserjes, mozos de almacén; pero también funcionarios, médicos o jueces. La diversidad funcional tiene tantas caras como la sociedad de la que forma parte.

La Ley General de Discapacidad establece que las empresas mayores de 50 trabajadores tienen que reservar a este colectivo el 2% de sus plantillas, un precepto que no siempre se respeta aunque el grado de cumplimiento en Euskadi es de los mayores del país. «Las compañías han interiorizado el mensaje, y no sólo porque tienen que dar una imagen, sino porque muchas licitaciones incluyen este requisito y nadie quiere quedarse fuera de juego», explica Txelo Arroniz, gerente del Grupo SIFU en el País Vasco, un centro especial de empleo que cuenta entre sus clientes con 1.600 firmas de toda España, desde Repsol e Iberdola hasta Toyota, el Banco Sabadell o Halcón Viajes.

No son los únicos. Talleres Usoa, ONCE o Lantegi Batuak están metidos en la misma pomada. Tampoco es una excepción la Administración pública, que es a través del Departamento foral de Acción Social quien establece el grado de dependencia de cada uno. El objetivo final es incorporar a estas personas en empresas ordinarias; que no trabajen en entornos protegidos, sino lo más normalizados posibles.

También estudios superiores

Los discapacitados son cada vez más conscientes de que son capaces, aunque el escenario no sea el más propicio. En Bizkaia, hablamos por lo general de gente por encima de los 40 o 45 años; individuos, muchos, que no optan a su primer trabajo con alta en la Seguridad Social y contrato laboral hasta los 35. Y eso aquí, donde la tasa de paro ronda el 16%, prácticamente la mitad que en el resto de España, según datos del Servicio Público Estatal de Empleo. Una realidad en la que influye claramente el grado de formación (el 24% han realizado estudios superiores) y donde los hombres acaparan seis de cada diez contrataciones, siendo mayoría los discapacitados físicos. Por sectores económicos, el 82,6% de los empleos formalizados lo fueron en servicios, el 15,1% en la industria, el 1,43% en la construcción y sólo el 0,7% en el sector agrícola.

EL CORREO ha querido compartir una jornada cualquiera con cuatro de estos trabajadores. Sus anhelos, sus preocupaciones y su esperanza de abrirse un hueco en el mercado laboral. «No somos una carga, sólo necesitamos los debidos apoyos«. Lo suscribe Sarai Caneda, psicóloga y técnica de apoyo. «La principal discapacidad es la falta de confianza en uno mismo. Una vez que fortaleces eso, que vences el nerviosismo y la ansiedad, descubres gente que sólo aspira a hacer su parte, que con motivación puede hacer cualquier cosa».

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A sus 50 años, Ricardo Z. (nombre ficticio) las ha vivido de todos los colores. Sus primeros escarceos con el alcohol se produjeron con 16 años y no tardaron en convertirse en algo fuera de control, compulsivo, a lo que no tardó en sumarse la adicción al juego. Sigue aquí la historia de Ricardo.

Aitor Calleja I Carrista «Me gano la vida desde los 16 años y valgo para todo»

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