«El cáncer cambió mi escala de valores. Ya no persigo récords»

Selina Moreno, una nadadora de 'aguas abiertas'./E.C.
Selina Moreno, una nadadora de 'aguas abiertas'. / E.C.

Selina Moreno nadará desde esta madrugada durante 19 horas, de Bilbao hasta Santander, para apoyar las investigaciones oncológicas infantiles

MARTÍN IBARROLA

Selina Moreno se ha acostumbrado a nadar entre barcos transatlánticos y ballenas errantes. Poco después de superar un cáncer de mama comenzó a practicar una modalidad de natación extrema conocida como ‘aguas abiertas’, en la que recorren grandes distancias con la única ayuda de un traje de baño, un gorro, unas gafas de buceo y un gel de grasa con el que conservan el calor corporal. Esta madrugada se juntará con el ultrafondista Vicente García para nadar los más de 60 kilómetros que separan Bilbao de Santander en representación de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Los dos atletas comenzarán la travesía –inédita hasta la fecha– a las cuatro de la mañana en el puerto de la capital vizcaína y nadarán en relevos de 75 minutos hasta alcanzar su destino unas 19 horas más tarde. «Todo lo que recaudemos estará destinado a los programas de la AECC para la investigación del cáncer infantil. Esperamos que la gente se anime con las donaciones a través de la web de la asociación. A Vicente y a mí nos pareció que lo más importante eran los nanos. Un chaval no debería pasar por todo ese proceso», lamenta esta valenciana de 45 años que trabaja como administrativa en un hospital.

La primera gran travesía comenzó para Selina con los tratamientos de quimioterapia y radioterapia que le arrancaron un agresivo cáncer de mama. «En ese tiempo perdí una potencia muscular que jamás podré recuperar. Empecé a interesarme por este deporte y a entrenar todos los días. Ya me había acostumbrado a soportar un nivel alto de sufrimiento, pero lo importante es que mi escala de valores había cambiado radicalmente. No aspiraba a ser la más rápida o la más fuerte, sino a llegar a la meta y disfrutar del camino. Ya no persigo récords o trato de batir marcas».

Sin embargo, aunque no le interesen los méritos que se miden con el segundero del cronómetro, hace tres años batió un récord mundial femenino al cruzar los 22 kilómetros entre Alemania y Dinamarca por el estrecho de Beltquerungen 6 horas y 22 minutos. Tuvo que esquivar un carguero que provocó un oleaje «de bandera roja», el agua bajó hasta los 14 grados, había vientos helados, el sol desapareció y las corrientes del Báltico empujaban en contra. «Me habían avisado de que serían horas de agonía. En mi modalidad no está permitido que nos toquen, nos apoyemos en el barco o nos ayuden de ninguna manera. Si lo logré fue únicamente por la mentalidad que llevaba».

Evitar los tiburones

Selina ha cruzado el Canal de la Mancha de noche, ha nadado junto a un banco de atunes en el estrecho de Gibraltar, ha evitado zambullirse con el periodo porque atraería a los tiburones del Pacífico en Santa Catalina, nadó durante 18 horas seguidas en el canal de Menorca. Ahora se enfrentará al oleaje del Cantábrico por una buena causa. «Uno nunca sabe cómo puede acabar un reto de aguas abiertas. Por muy informada y preparada que crea estar, siempre se viven momentos difíciles. Son travesías largas y duras en las que debes asumir los bajones y seguir como puedas. Realmente nadar en mar abierto te enseña la manera de luchar contra obstáculos tan grandes como el cáncer».

Su compañero en esta hazaña, Vicente García, es también un atleta de élite con un largo historial de travesías. Sin embargo, ninguno de los dos dispone de sponsors y ellos mismos deben costearse los gastos del transporte y de la gasolina del barco que los acompañará en la prueba. «Nos da igual. Solo esperamos ayudar en la lucha contra el cáncer».

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