El campamento

25 personas acampan bajo el viaducto de Rekalde

El campamento
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Existe una inconfundible arquitectura de la miseria y en Bilbao, ciudad famosa por su arquitectura del éxito, llega a mostrarse por algunas esquinas en todo su esplendor marchito. Me refiero a esas estructuras precarias de colchones, plásticos y mantas que consiguen poner en pie quienes no tienen techo y se reúnen en mayor o menor número para compartir un rincón que sea al menos un poco recogido y tranquilo.

Duerme demasiada gente en la calle en Bilbao y cualquiera puede señalar algún punto donde se establecen dos o tres sin techo. Nos resultan tan invisibles que a veces es precisamente eso, la acumulación de plásticos y cartones, lo que nos hace evidente su presencia.

Lo infrecuente es que se vea en la ciudad un campamento improvisado donde se reúnen veinticinco personas. Es lo que sucede en el corazón mismo de Rekalde, bajo el viaducto de la autopista, desde hace un par de semanas. En el recodo que se aprovecha como frontón acampa un montón de gente. En su mayoría son jóvenes argelinos. Al parecer están de paso. El destino de su viaje es Francia. Que no lleven un mínimo de tres meses en Bilbao les impide el acceso a los albergues municipales y les obliga a pasar las noches como pueden. En los comedores sociales sí encuentran al menos algo caliente y nutritivo que echarse al cuerpo.

Hace unas semanas se habló en estas páginas del incremento de gente que no tiene un lugar donde dormir, de la gran ocupación de los albergues que prepara el Ayuntamiento, de comedores en los que la demanda había obligado a reducir de tres a dos las comidas diarias que se ofrecen a quien lo solicita.

El asentamiento de Rekalde viene a confirmar aquellos datos y presenta una naturaleza indiscutible. Las cifras siempre quedan sujetas a la interpretación y el malabarismo. Y puede que a un campamento con sillas, mesas, colchones y veinticinco personas tú puedas discutirle muchas cosas, pero entre ellas, a menos de que quieras hacer el ridículo, no estará la que es precisamente la peor de todas: su propia existencia.

Los vecinos de Rekalde cuentan que se han acostumbrado a la presencia de toda esa gente amontonada en el frontón. Explican que no arman bronca, que apenas hacen ruido, que les da pena que unos chicos tan jóvenes tengan que verse así.

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