Botas vendo

Hay solo un paso entre Wallapop y el contrabando

Botas vendo
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Cristóbal Montoro no se refleja en los espejos. Es un ministro de Hacienda consecuente. Sabe que su trabajo consiste en dar miedo. No disimula. Uno puede imaginarlo en lo más alto de la torre del Ministerio, abriendo las ventanas para que su ejército de inspectores voladores salga como cada mañana a la caza del infractor tributario. «Volad, volad, mis pequeños». Hace diez días a Montoro alguien debió de acercarle un portátil para enseñarle qué era eso de Wallapop y Ebay. Y al rato la carcajada del ministro se oyó en media Europa. De hecho, hubo gente en Transilvania que salió a la calle desnuda y dando aullidos, pensando que el Amo regresaba del reino de las sombras. Pero no. Era solo Montoro, en Madrid, descubriendo cómo funcionan los exitosos portales de compraventa on line. Ese montón de felices incautos registrando transacciones económicas con la sensación de que nadie les ve. «Pero si todas estas operaciones están gravadas al 4% por el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales», dijo después Montoro, frotándose las manos y esparciendo ese suave perfume a timbre fiscal y azufre.

El episodio ilustra la confusión reinante. Accede uno a las webs en boga para vender algún trasto, para comprar alguna rareza, y lo hace con la sensación de que participa en un discreto trueque en un callejón oscuro, lejos de la mirada de los curiosos. Esto puede resultar deseable por la naturaleza de la adquisición (no es fácil explicar por qué necesita uno al mismo tiempo el vestido de fallera y los correajes de la Wehrmacht), pero también por el origen de lo que se vende. A los mercados de segunda mano les resulta difícil triunfar y no terminar teniendo problemas con la llegada de material sospechoso, cuando no directamente robado. El alcance de la Red, su particular idiosincrasia, multiplica este efecto, pero también lo desenmascara. Y no nos lo metemos en la cabeza: el ordenador pilla ‘wifi’ y deja de ser privado. O sea, que puede uno caerse con todo el equipo. Por ejemplo, un agente de la Ertzaintza que pone a la venta en Wallapop unas botas tácticas que no son de su propiedad, sino que son dotación: parte del equipamiento que en algún momento se le proporcionó para desempeñar su trabajo. ¿Quién podía pensarlo? La limpieza de armarios quedando tan cerquita del contrabando.

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