BOOM en NOCHEVIEJA

El Ayuntamiento pide prudencia con la artillería

BOOM en NOCHEVIEJA
Ignacio Pérez
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Llegado el fin de año, leo las recomendaciones municipales sobre el manejo de petardos y pirotecnias y siento una ternura instantánea hacia la especie humana. No puede el Ayuntamiento insistir con mayor pedagogía: el género explosivo está bastante prohibido. Cuidado con los petardos, dicen. Habrá controles, incautaciones, multas. Pero al mismo tiempo, conociendo perfectamente la pulsión tanática que domina al contribuyente en estas fechas, la municipalidad se resigna a encadenar advertencias que suenan como súplicas. Por favor, no coloque los petardos dentro de botellas. Y no se sitúe usted delante del artificio mientras lo enciende. Y una vez encendido, no se lo meta en la boca como si fuese un puro. Y no bañe nada en gasolina pensando que arderá mejor. Y no se ponga ristras de explosivos valencianos en la cabeza. Y no ate, hombre de Dios, los cohetes más gordos al lomo del perro mientras canta por Elton John inventándose la letra: «Rocket dog, na-nananá».

¿Qué nos pasa a los humanos con los explosivos? Aunque, terminando como estamos el año de la revolución feminista, deberíamos convenir que las explosiones, el estruendo y las quemaduras de tercer grado son otra de esas sutilezas ligadas al cromosoma sexual Y. Afinémoslo por tanto: ¿Qué nos pasa a los humanos masculinos con los petardos? Podría pensarse que es alguna clase de obsesión infantil, pero en realidad a los niños les basta con unas bengalas. Son los padres, tíos y abuelos los que cada año transforman una esquina de la mesa de Nochevieja en la planta K-25 de Los Álamos y comienzan a desempaquetar adquisiciones clandestinas mientras planean ingenierías destructivas. Todos conocemos ese momento previo a las campanadas. El atareado corrillo no deja de requerir cubatas y comienza a emitir frases inquietantes: «Lo que nos falta es fisión, hacedme caso».

La pasada Nochevieja los bomberos tuvieron que sofocar diecisiete incendios relacionados con la pirotecnia solo en Bilbao. La mayoría se dieron en contenedores y toldos. Hubo suerte y ninguna familia consiguió, por azar o por ambición, reproducir el ‘Big Bang’ con el material del chino. El Ayuntamiento también debe estar preocupado por eso. Una alteración cósmica grave que tuviese origen en la villa no favorecería nuestra imagen internacional.

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