Lo que Bizkaia esconde bajo el mar

Los miembros del GEAS se sumergen para inspeccionar un pecio en el Abra. / Iñaki Andrés

La Guardia Civil revisa medio centenar de barcos hundidos y vestigios de distintas épocas, algunos romanos y fenicios, para evitar expolios

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

«Bajo el mar puedes encontrar lo más bonito y lo más horroroso del mundo». Así lo explican los miembros del Grupo Especialista de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil, encargado de cuidar del patrimonio arqueológico submarino de Bizkaia. Para ellos, que normalmente se sumergen en busca de armas del crimen y personas fallecidas -algunas de ellas en circunstancias terribles-, vigilar las huellas de la historia que han quedado sepultadas bajo las aguas se parece a un regalo, la parte amable y «casi recreativa» de su trabajo. Este grupo de cinco profesionales, asentado en Logroño, realiza la inspección periódica de cerca de medio centenar de barcos hundidos, submarinos y restos antiguos de interés cultural -monedas, anclas, ánforas, cañones y huesos humanos- repartidos por el litoral vizcaíno hasta las doce millas, límite de la zona de competencia del instituto armado. La mayoría son vestigios de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, pero también hay piezas romanas y fenicias procedentes de pecios que, al ser de madera, no han aguantado bien el paso de los siglos, pero han dejado como testimonio parte de la carga que llevaban al naufragar.

Los efectivos del GEAS deben comprobar una o dos veces al mes, sobre todo en primavera y verano, que estos restos, considerados patrimonio cultural, no han sido expoliados y siguen en su sitio, sufriendo únicamente la erosión ordinaria del tiempo y el mar, sin que haya intervenido la mano -a veces, demasiado larga- del hombre. Para llegar a los lugares que acogen estos 'tesoros' -palabra que la Guardia Civil elude para no alimentar la codicia ni las falsas ilusiones de encontrar reliquias de alto valor económico-, los buceadores se coordinan con el Servicio Marítimo Provincial de Bizkaia, que, con sus cartas de navegación y la tecnología de sus embarcaciones, los lleva al punto exacto donde deben realizar las inmersiones.

«Es una labor preventiva, porque últimamente no se han visto indicios de que quieran expoliar por aquí», indican fuentes del cuerpo. Sin embargo, sí reconocen que alguna vez han detectado «al típico 'piratilla' que va con un buceador» en busca de aventura y, si hay suerte, de algún 'souvenir' histórico, y también con algunos aficionados que husmeaban por libre... Aunque, recalcan, es «prácticamente imposible» que sus esfuerzos tengan resultado. Primero, porque la vigilancia es estrecha -las embarcaciones del instituto armado están de patrulla «las 24 horas»- y, segundo, porque resulta extremadamente difícil dar con la ubicación exacta de los barcos: aunque los aspirantes a expoliadores dispusieran de cartas de navegación precisas y de los instrumentos necesarios para localizar los restos históricos -radares, sónares-, la mala visibilidad de las aguas del Cantábrico hace que puedas estar al lado de un barco hundido y ni siquiera lo veas. «A veces nos cuesta hasta a nosotros dar con el lugar exacto», admiten los guardias, que también alertan del peligro que entrañan las inmersiones: «Te juegas el tipo, sin duda. Hay que tener muy buena preparación y, aun así, te expones a muchos riesgos, como quedarte enredado en artes de pesca, por poner un ejemplo».

«El verdadero valor de los objetos y barcos que se encuentran bajo el mar es la historia que cuentan en el lugar en el que están» elsa expósito, portavoz de la guardia civil en el país vasco

Patrulleras por el litoral, inspecciones periódicas de los buceadores... ¿No sería más fácil estropearles el 'negocio' a los expoliadores extrayendo los restos y mostrándolos en un museo, donde todos los puedan ver? «No, no. El verdadero valor de los objetos y barcos que se encuentran bajo el mar es la historia que cuentan en el lugar en el que están -explica Elsa Expósito, portavoz de la Guardia Civil en el País Vasco-. Por eso hay que evitar también la actuación de los expoliadores: además de llevarse objetos, destrozan la zona histórica, a veces incluso usan máquinas, y causan un daño irreparable». Según apunta, los pecios mejor conservados de España son los que permanecen bajo las aguas, donde, aunque cueste creerlo, están 'protegidos' incluso de los temporales, ya que en lo más profundo del mar no se dejan sentir. Además, algunos restos antiguos, al sacarlos a la superficie, «pueden quedar convertidos en arena». Parece un encantamiento de cuento de hadas, pero no: una pieza antigua que haya estado sumergida y que contenga materiales férricos y arcillosos -como monedas y ánforas, por ejemplo- puede pulverizarse al salir a la superficie y quedar en contacto con el oxígeno. «Cuando se realizan extracciones legales, se suele aplicar a los restos tratamientos de conservación y restauración para evitar que esto ocurra. Por eso, cuando se comete un expolio, muchas veces no sólo se dentroza la zona histórica, se destruye la pieza... y esto es irreparable», lamenta Expósito.

«Hay mucho patrimonio no conocido. Estamos convencidos de que queda mucho por descubrir» servicio marítimo provincial de bizkaia

Así, para salvaguardar este patrimonio subacuático, se ha reforzado en los últimos años su protección legal. El famoso caso Odissey -la empresa cazatesoros estadounidense que en 2007 expolió el navío Nuestra Señora de las Mercedes, hundido por los ingleses en 1804 en la bahía de Cádiz con 500.000 monedas de plata y oro- puso sobre la mesa la vulnerabilidad de los restos que descansan en el fondo del mar. En aquella ocasión, el botín fue reclamado por España y recuperado tras cinco años de litigios en los tribunales. Desde aquel aviso para navegantes, se han rellenado lagunas legales para garantizar el cuidado de este patrimonio. El Código Penal establece penas de prisión de seis meses a tres años, ampliables en casos especialmente graves, a quien cause daños o expolie yacimientos arqueológicos, terrestres o subacuáticos, y también contempla sanciones económicas que van desde los 60.000 a los 600.000 euros o el cuádruple del valor del daño causado, en caso de que sea cuantificable económicamente.

'Pescar' cuellos de ánfora

El motivo por el que en Bizkaia no ha habido casos flagrantes de expolio también tiene que ver con el tipo de restos que hay, no muy 'apetecibles' dado que su valor histórico no se traduce en euros. «Aquí, salvo algunas excepciones, están en bastante mal estado. No es como en Cádiz o en la zona de Pontevedra, donde hay mucho y muy valioso, lo que suscita mucho interés», indica el teniente jefe del Servicio de Salvamento Marítimo Provincial de Bizkaia, que en el desempeño de su tarea, en distintos puntos del país, ha aprendido a «ver a la legua» a los expoliadores: «Suelen ser barcos extranjeros, sobre todo ingleses y estadounidenses, y van muy preparados». Según indica, en Bizkaia, quienes 'sacan' restos sin querer son los pescadores, que, de cuando en cuando, se topan con algo entre sus redes. Como ya conocen la ley, o lo vuelven a echar al mar o se lo entregan a la Guardia Civil, para que la pieza sea catalogada y puesta a buen recaudo. «Lo último que nos han traído ha sido un cuello de ánfora», apuntan fuentes del instituto armado.

Estos hallazgos fortuitos revelan que la Bizkaia que no se ve, la que está bajo el mar, guarda todavía muchos secretos. Hasta se sospecha que hay restos celtas. «Se protege lo que se conoce, pero también hay mucho patrimonio no conocido -indican desde el cuerpo-. Habría que estudiar cartas antiguas de navegación, investigar... Estamos convencidos de que aún queda mucho por descubrir».

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