Bilbao, cómo has cambiado

Un viaje por la historia de la villa a través de la hemeroteca, con parada en cuatro ejemplares del periódico

1993. Agujeros. El Bilbao de hace 25 años estaba en plena construcción del metro. En la foto, la Plaza Circular, entonces aún Plaza de España./MAITE BARTOLOMÉ
1993. Agujeros. El Bilbao de hace 25 años estaba en plena construcción del metro. En la foto, la Plaza Circular, entonces aún Plaza de España. / MAITE BARTOLOMÉ
Carlos Benito
CARLOS BENITO

Un periódico viene a ser el retrato de una jornada. Y las páginas de información local también pueden verse como el retrato de un lugar en un momento determinado. Del mismo modo que nos miramos todos los días en el espejo sin apreciar cambios, pero nos asombramos al encontrarnos tan distintos en una foto de hace diez o veinte años, las noticias del pasado nos vuelven particularmente conscientes de las alteraciones que ha experimentado nuestro entorno sin que a veces nos hayamos dado mucha cuenta. Este reportaje es un pequeño viaje a través de la historia de Bilbao utilizando como vehículo la hemeroteca de EL CORREO y de su cabecera madre, ‘El Pueblo Vasco’: vamos a detenernos en cuatro jornadas de finales de enero separadas por tramos de 25 años, en busca de noticias que reflejen cómo ha evolucionado la vida en la villa.

Hace 100 años Dos 'goals' a la Real

El Bilbao de 1918 era una ciudad de unos 130.000 habitantes que todavía no había absorbido los municipios de Deusto y Begoña. Sus habitantes estaban sumidos en una época de cambio radical: era el momento en el que los borricos y las yuntas de bueyes convivían con la nueva pasión por los automóviles y el cinematógrafo, promesas de un futuro tecnificado. Aquel 28 de enero, lunes, la portada de ‘El Pueblo Vasco’ incluía en su apretadísimo texto la noticia de una manifestación en Barakaldo (cuatro mil personas protestaron por la escasez de alimentos y carbón) y la inevitable sección de ecos de sociedad: que el señor don Carlos de la Plaza estaba enfermo «de bastante cuidado», que la señora doña Matilde Igartua había contraído una pulmonía, que el distinguido don Antonio Menchaca había regresado de Madrid...

1918. Colecta. Un grupo de postulantes solicita donativos a unos agentes de orden público en la Fiesta de la Flor.
1918. Colecta. Un grupo de postulantes solicita donativos a unos agentes de orden público en la Fiesta de la Flor.

El asunto más destacado del día en la capital era la inauguración del nuevo órgano de la iglesia de San Nicolás, construido en Barcelona con materiales «de lo más superior», pero lo que sirve mejor para tomarle el pulso a aquella ciudad reconocible pero remota son las noticias breves: las comidas económicas para los necesitados (30 céntimos de peseta por un menú de garbanzos, carne, tocino y patatas), el ferial de Basurto de la víspera (con burros a 100 pesetas), la denuncia a los talleres de construcción de barcos de Olabeaga por no respetar el descanso dominical, los tres individuos (José, Paulino y Evaristo) que cometieron «actos contrarios a la moral» o las «caricias de esposo» por las que fue arrestado un sujeto, en realidad una monumental paliza a su mujer. Fue una jornada tranquila, sin los frecuentes heridos por disparos de Browning: días más tarde, en una tanda de cacheos, la Policía requisó catorce armas de fuego.

El diario, que tenía cuatro páginas y el número de teléfono 1.297, centraba su información deportiva en el ‘match’ (así se decía entonces, cuando el fútbol aún conservaba el arraigo inglés) entre el Athletic y la Real Sociedad. «Hay en el ‘team’ de San Sebastián una tradición tan gloriosa y evoca su nombre el recuerdo de tantas luchas enardecidas, que su sola presencia basta para ejercer sobre nuestros aficionados el poder de un conjuro», se entusiasmaba el cronista. El Athletic ganó dos a cero, con goles (mejor dicho, ‘goals’) de Laca y Pichichi, y arbitró Ibarreche, que antes había sido portero (ejem, ‘goal-keeper’) de los bilbaínos. Ah, entre los anuncios de películas y de barcos de línea a Cuba, Brasil, Filipinas o Fernando Poo, nos encontramos con la sorpresa de dos productos familiares, el rioja Viña Tondonia y el Licor del Polo de Orive, que siempre se publicitaba con ocurrentes coplillas. La de hace justo un siglo decía así: «Dentífricos hay más de 400 / lanzando anuncios a los cuatro vientos / y todos ellos saben a vitriolo / si se comparan con Licor del Polo».

Hace 75 años Cuidadas escenas bélicas

El diario del jueves 28 de enero de 1943 está marcado por una guerra, la Mundial, que se lleva el espacio principal de la portada y una buena porción de las seis páginas. Y el Bilbao de aquella época seguía arrastrando las secuelas de otra guerra, la Civil, evidentes a poco que se examinen al trasluz las informaciones locales. Para empezar, la villa parecía de pronto otra, porque muchos nombres habían cambiado por imperativo de Estado: una noticia cuenta que la Naviera Aznar ha donado 50.000 pesetas para sufragar a perpetuidad dos camas en el Santo Hospital Civil del Generalísimo Franco, que no es otro que Basurto, y los anuncios inmobiliarios ofrecen pisos a 50.000 pesetas en la Avenida de José Antonio (la actual Sabino Arana). Por todas partes se adivina una ciudad sumida en las sombras de la posguerra, cuyos habitantes tratan de salir adelante a base de ingenio, esfuerzo y paciencia: se anuncian almacenes de trapos, se ofertan radios a plazos, se avisa de novedades en las cartillas de racionamiento y se requieren socios capitalistas, todo ello entre publicidad de medicamentos como el Hércules («verdadero linimento español»), convocatorias de ingreso en las Falanges Juveniles y publicidad de «escuelas automovilistas» que preparan para conducir en el Ejército.

1943. Campeones. Los jugadores del Athletic (entonces Atlético), a su vuelta a Bilbao con la Copa del Generalísimo.
1943. Campeones. Los jugadores del Athletic (entonces Atlético), a su vuelta a Bilbao con la Copa del Generalísimo.

Ni siquiera el Athletic se salvaba, ya que la dictadura había desfigurado su nombre hasta convertirlo en Atlético de Bilbao. A finales de semana tenía partido con el Aviación madrileño, pero el enfrentamiento pillaba al equipo «decaído ostensiblemente» debido a las lesiones de varios jugadores. El gran refugio de tantas penas era el cine, con una cartelera notable: el Trueba, el Buenos Aires, el Actualidades, el Ideal Cinema, el Salón Vizcaya, el Coliseo Albia, el Olimpia... Se podía elegir entre ‘Ondas misteriosas’, ‘La 8ª mujer de Barba Azul’ o ‘Rosa de sangre’ y su «puro ambiente mejicano», pero hasta los prometedores anuncios de las películas iban acompañados de una colleja de realidad: los cines proyectaban aquella semana la cuarta entrega del No-Do, «interesantísima y de toda actualidad», con un reportaje sobre «el paso de las jerarquías españolas por Irún hacia Alemania» y una selección de «muy cuidadas escenas de la guerra», como si el público bilbaíno no hubiese tenido bastante.

Hace 50 años Cinco 'seicientos' robados

Todo se había vuelto mucho más grande a estas alturas. El periódico, con 60 páginas, presumía de su «extraordinario dominical» y costaba 4 pesetas, una más que en día laborable. Y la villa misma se acercaba ya a los 400.000 habitantes, unos 50.000 más que ahora: corrían los tiempos en los que el municipio de Bilbao abarcaba Erandio y el Valle de Asua, que acabarían emancipándose en 1983. Aquel 28 de enero era el primer día que los abonados de la capital vizcaína podían comunicarse directamente por teléfono con Sevilla, sin necesidad de operadoras, y la ciudad admiraba con la boca abierta el proyecto del futuro Hospital de Deusto, un complejo de quince plantas, 908 camas y nueve quirófanos que iba a levantarse en el plazo de un año y que, por supuesto, jamás se llegó a construir.

1968. Ilustración del proyecto del Hospital de Deusto, que iba a atender a pacientes «de todos los puntos de España».
1968. Ilustración del proyecto del Hospital de Deusto, que iba a atender a pacientes «de todos los puntos de España». / E. C.

Era una época de pujanza industrial, con estadísticas alentadoras y también negativas. Contaba el diario que los hoteles bilbaínos se llenaban entre semana gracias a los viajes de negocios: había 1.229 habitaciones (hoy son más de cuatro mil), acababa de abrir el Avenida y para el 68 estaba prevista la inauguración del Abando. Otra noticia recogía que Bizkaia había acumulado 135 muertos en accidente laboral a lo largo del año anterior, una cifra que contrasta con la de nuestra época, que suele situarse en torno a la veintena. La sección de sucesos incluía un curioso apartado de coches robados: nada menos que cinco 600, un taxi Seat 1.500 y un Citroën 2CV. Y la modernidad se abría hueco en forma de música, con actuaciones como la de la cantante yeyé asturiana Albertina Cortés en la matinal del club Dantzari, acompañada de las orquestas Los Megatones y Los Roker’s.

El Atletic seguía llamándose Atlético y tenía como entrenador a Piru Gainza, que avanzaba la alineación para el partido de la tarde contra el Barça, desde Iribar hasta Rojo. Y la Avenida José Antonio tampoco había cambiado aún de nombre, pero los pisos nuevos con garaje y jardín habían pasado a costar entre 1.181.000 y 1.800.000 pesetas.

Hace 25 años Esperando al metro

Se podría pensar que el Bilbao de aquel 28 de enero de 1993, jueves, era ya prácticamente idéntico al nuestro, pero en realidad tenía algo de crisálida en plena metamorfosis, sometida a una transformación radical y, a veces, también bastante incómoda. Las obras del metro multiplicaban los cortes de tráfico: en la calle Esperanza, en Doctor Areilza, en Gran Vía, en Iruña, en Lehendakari Aguirre... El plano aparecía salpicado de puntos negros como bocas de túnel. Estaban en marcha proyectos como la nueva terminal de mercancías de Renfe, el remate de la autovía a Santander, el traslado de Hacienda a la antigua feria... Y Thomas Krens, director de la Fundación Guggenheim, andaba esos días de visita por Bilbao para perfilar junto a las instituciones la programación del futuro museo, cuyo diseño arquitectónico todavía no se había dado a conocer. ¡Ni la fantasía más feroz habría acertado a imaginárselo!

En el Bilbao de 1993, los autobuses a otras ciudades todavía partían de distintas estaciones según la empresa (Henao, Autonomía...) y sobrevivía un cine X con dos salas, que aquella semana proyectaba ‘En defensa de la muy p...’, así, con inequívocos puntos suspensivos. Y, pese al ambiente general de rápida mudanza, también parecía que algunas cosas nunca iban a cambiar: el lehendakari, José Antonio Ardanza, confirmaba su asistencia a la manifestación en Bilbao contra el terrorismo de ETA, convocada para el domingo por Gesto por la Paz con el lema ‘Para todos y para siempre’.

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