Bilbao da la bienvenida a la Virgen

Domi Sáiz se arrodilla ante la imagen peregrina de Fátima, recién llegada a la plaza de Santiago./IGNACIO PÉREZ
Domi Sáiz se arrodilla ante la imagen peregrina de Fátima, recién llegada a la plaza de Santiago. / IGNACIO PÉREZ

La imagen peregrina de Fátima ha llegado a la villa, donde presidirá las Jornadas de Católicos y Vida Pública del Euskalduna

Carlos Benito
CARLOS BENITO

La Virgen ha llegado a Bilbao de la manera más discreta, como de incógnito. Eran las cinco de la tarde de este jueves y, en la plaza de Santiago, la gente redescubría el placer casi olvidado de estar al sol. Una Mercedes Vito blanca se detuvo delante de la catedral: dentro venían Paco Jesús Rodríguez, granadino de Órgiva, y el baracaldés Félix Martínez, que abrieron los portones, plantaron junto al vehículo un gran estandarte del Ejército Azul -la asociación de fieles que difunde el mensaje de Fátima- y se aplicaron a desembalar cuidadosamente la misteriosa carga que traían desde Valladolid.

Y ahí acabó el incógnito, claro: fue asomar el rostro de la Virgen, envuelta en su manto de levísimo azul celeste, y decenas de personas se arremolinaron alrededor de la furgoneta. Se trataba de la imagen peregrina, la que el papa Pablo VI bendijo en 1967, la que desde 1972 recorre las carreteras de España, siempre de aquí para allá. «La llevamos a sus hijos para que puedan hacer su entrega, sus peticiones -explica Paco Jesús, que lleva diez años acompañando a la imagen-. Ella quiere la paz para el mundo y a menudo está en sitios donde puede haber conflicto». El año pasado permaneció tres meses en Cataluña, que coincidieron con las tensiones del 'procés', pero eso... ¿era casual, no? «Era providencial», corrige el granadino.

Pronto se han juntado ya un par de cientos de personas alrededor del maletero abierto, transformado en capilla improvisada. Muchos fotografían la imagen con sus móviles y otros se retratan junto a ella, lo más cerca que pueden sin saltarse la prohibición de tocarla. «Desde pequeña, mi madre me inculcó la devoción. Le pido la paz en el mundo y que nos queramos un poco más todos. ¡A ver si nos hace el milagro!», plantea Domi Sáiz, una maestra de 82 años que ha venido desde Basauri. Sor María y Sor Fe, de las Siervas del Jesús, se suman a ese deseo: «Sentimos mucha alegría, porque nos tiene que ayudar y bendecir en un mundo tan desunido y enfrentado, tan difícil», comenta sor Fe.

Fotos, cruces y rosarios

Algunos fieles acercan objetos a la Virgen, adornada ya con el rosario que le regaló Juan Pablo II. Edurne Iribar ha traído la foto de los hijos, la de la nieta, un puñado de cruces y un monedero lleno de rosarios. «Yo tengo en el salón de casa una imagen igual, más pequeña, con su lamparita», explica. Claro que, para imagen con historia, la que sostiene Ignacio de Barquín, una figura de pasta de madera que aproxima con delicadeza a la Virgen peregrina, para que esta «le transmita sus virtudes y sus gracias». La suya, en realidad, es más antigua, porque tiene ya 90 años: «La trajeron nuestros bisabuelos de Fátima. Cuando bombardearon Somorrostro, se refugiaron con la Virgen debajo de una pila de hierba para el ganado. Empezó a arder, acercaron la imagen y el fuego se apagó. Les salvó del bombardeo».

El programa

Las jornadas
Se celebran el 20 y 21 de abril en el Palacio Euskalduna.
La visita
La Virgen ha sido llevada esta noche en procesión a la iglesia de los Santos Juanes, donde el 20 de abril, a partir de las 10.00 horas, se rezará el rosario y se celebrará una misa. A las 13.00 horas se trasladará al Euskalduna. Allí estará hasta el domingo, cuando pasará a la parroquia Nuestra Señora de Fátima, en Enekuri.

Son las seis y el repique de campanas pone fin a este rato de veneración informal y callejera: a la Virgen, que está en Bilbao para presidir las Jornadas de Católicos y Vida Pública, le espera un apretado programa hasta el domingo. Cuatro seminaristas con túnica blanca toman las andas e introducen la imagen en la catedral abarrotada. «Para mí -dice uno de ellos, David Garrido, de Ecuador- resulta muy emocionante. Es como estar cerca de la madre; yo, que estoy tan lejos de casa».

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