Bilbao asiste a la explosión de los ciclomensajeros

Caleb Arias recorre Abando con su bici después de haber trabajado varios meses en Madrid. / IGNACIO PÉREZ

30 ciclistas recorren la villa repartiendo comida rápida o haciendo recados tras el desembarco de Glovo y Deliveroo

Josu García
JOSU GARCÍA

Llevan dos meses entre nosotros. Es probable que el lector les haya visto pedalear por la Gran Vía o el Sagrado Corazón y se haya preguntado quiénes son esos ciclistas que se mueven con soltura entre los coches, con una voluminosa mochila de color amarillo chillón o verde turquesa a la espalda. Son ciclomensajeros. Por ahora son una treintena y trabajan para dos plataformas digitales de gran auge y expansión en toda Europa: Glovo y Deliveroo.

Las dos firmas llegaron a Bilbao a principios de octubre y, desde entonces, ofrecen sus servicios a través de una aplicación de móvil en la que el usuario puede pedir desde comida rápida a domicilio hasta que le acerquen unas llaves a un lugar determinado de la ciudad. Comprar un medicamento en una farmacia de guardia, surtir de bebidas a un piso de universitarios... Cualquier recado es bienvenido, siempre y cuando el objeto a transportar quepa en la mochila.

Hasta su desembarco, los ciclomensajeros eran una 'rara avis' en la ciudad. Sólo una empresa (Ecomensajeros Oraintxe) contaba con un puñado de estos profesionales, aunque más volcados en el transporte de documentos para instituciones. Los bilbaínos comienzan ahora a acostumbrarse a esta explosión de ciclistas que se mueven de un lado para otro de la villa.

CÓMO FUNCIONA

1,9
euros cuesta cada recado que hacen los ciclomensajeros, en un radio de entre 3 y 4 kilómetros. La mayoría de los pedidos son de comida rápida.
La compra
El usuario paga con tarjeta desde el móvil por anticipado. Después, el ciclomensajero se encarga de ir a por el producto al supermercado, farmacia o restaurante para llevarlo al domicilio del cliente.
Respeto a las normas
Los ciclomensajeros tienen que respetar escrupulosamente las reglas de tráfico. Eso sí, pueden echarse la bici al hombro para atravesar sitios peatonales o coger el metro para atajar.

Caleb Arias emplea su tiempo en hacer portes para Glovo. La cita con este joven de 22 años es en Abando. Muchos coches se extrañan al verle. Avanza ágil entre el tráfico. Caleb tiene una gran experiencia. Ha desarrollado este oficio durante muchos meses en Madrid. Ahora ha venido a conocer la capital vizcaína y establecerse aquí. «Me gusta mucho la ciudad; no me la esperaba así», dice.

«Lo peor son las cuestas»

Hasta hace poco, el joven estuvo entrenando duro para ser olímpico. Su especialidad era la pista, tal y como atestiguan sus fornidas piernas. «Pero un coche me llevó por delante en un entreno y tuve que despedirme del deporte de élite». Tuvo una fractura abierta de tibia y peroné. «Ser ciclomensajero me permite ganarme la vida y seguir cerca de un deporte que me apasiona», afirma mientras pedalea con fuerza en su bicicleta de carreras, de marca BMC.

A Caleb no le importa la meteorología de Bilbao. «Todo el mundo dice que es duro moverse por aquí, porque llueve mucho. Yo les respondo que es peor el calor asfixiante del sur. A lo que aún no me he acostumbrado -confiesa- es a las cuestas. ¡Hay muchas y muy duras en Bilbao!». Su área de reparto comprende unos 4 kilómetros a la redonda, desde el centro de la villa. «Llegamos hasta Otxarkoaga o Santutxu», afirma.

Caleb gana entre «1.400 y 1.600 euros» al mes. Su trabajo es muy flexible. «Me subo a la bicicleta cuando quiero. No tengo un horario ni un calendario fijo. Soy autónomo», explica. «Si me interesa estoy activo y, si no me apetece, pues descanso», asegura. Glovo le garantiza un mínimo de 6 euros por cada hora que está disponible. El joven está muy en forma. «Pedaleo de 800 a 1.000 kilómetros a la semana», afirma.

- ¿Qué es lo más raro que ha transportado?

- Un yelmo y la parte de arriba de una armadura.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos