Los bilbaínos podrán beber agua del Nervión a partir de enero en caso de graves sequías

Un operario supervisa la limpieza del fondo del tanque de tormentas de Etxebarri con la salida en tromba de 50 metros cúbicos de agua. / Borja Agudo

La planta de bombeo de Etxebarri captará caudales del mayor acuífero dulce de Bizkaia para enviarlos a potabilizar antes de que lleguen al grifo

José Mari Reviriego
JOSÉ MARI REVIRIEGO

Cuando las lluvias se hagan de rogar por caprichos de la naturaleza, o del cambio climático, ya no sólo habrá que mirar a las nubes en busca de soluciones. Bastará con abrir el grifo de la planta de bombeo que el Consorcio de Aguas Bilbao-Bizkaia está a punto de terminar en Etxebarri, a orillas del río Nervión. La central, que estará lista en enero, aprovechará este punto -el mayor acuífero dulce de la provincia- para extraer caudales y enviarlos por tuberías a las instalaciones de Venta Alta, donde se potabilizarán antes de incorporarse a la red que da de beber al Gran Bilbao. Sequía conjurada en caso de emergencia.

Pero si lloviese de forma torrencial, la solución también está a su lado. El mismo complejo, situado en la confluencia del Nervión y del Ibaizabal que alimentan la ría, da cabida a un colosal depósito subterráneo, concebido para contener las avenidas de aguas sucias que se cuelan por los colectores del saneamiento cuando hay borrasca a la espera de que amaine. Se llama tanque de tormentas y tiene una capacidad de almacenamiento de 113.000 metros cúbicos. Para hacerse una idea de sus dimensiones, con esa cantidad de agua se podría llenar casi del todo el nuevo estadio de San Mamés.

Las obras hidráulicas se han convertido en piezas esenciales para garantizar el abastecimiento a un millón de vizcaínos y neutralizar los efectos contaminantes de cuencas aún industrializadas, como es el caso de los ríos de la vertiente cantábrica. A raíz de las devastadoras inundaciones de 1983 y de la gran sequía del ciclo 1989-1990 que afectó a Bizkaia y los embalses alaveses del Zadorra que le aseguran el suministro, el Consorcio multiplicó sus labores de prevención. No sólo en tareas de regeneración de la ría, posiblemente la actuación más importante para el medio ambiente que se ha ejecutado en el territorio, sino de regulación de caudales. Tanto por exceso como por defecto.

Esa es la misión de la infraestructura que opera en Etxebarri, cerca de Bolueta. En una visita guiada por el presidente del Consorcio, Ricardo Barkala, y de su director gerente, Pedro Barreiro, se puede comprobar la envergadura del complejo, que consta de dos plantas. Una de almacenaje, en marcha desde hace tres años para retener los excedentes de aguas sucias antes de su envío ordenado a la depuradora Sestao, y otra de bombeo, que enfila su recta final tras una inversión de 10 millones. Ya están construidos tres de los seis sistemas que permitirán bombear el agua del Nervión a la potabilizadora de Venta Alta, en Arrigorriaga.

El Consorcio se dota así de vías alternativas en caso de necesidad. Además de controlar el sistema alavés del Zadorra, realizará una gestión integral del servicio en Bizkaia tras asumir de manos del Ayuntamiento de Bilbao el pantano burgalés de Ordunte -abastece al 60% de la capital-. Es decir, dispone de dos cuencas, cantábrica y mediterránea. La planta de bombeo de Etxebarri le permitirá regular las fuentes para capear episodios graves de sequías. «Si nos sobrase agua aquí, podríamos mandarla de vuelta a la red del Zadorra», explica Barreiro.

Salto de 150 metros

El gran bombeo del Nervión tiene otra virtualidad. Desde aquí hasta Venta Alta hay cuatro kilómetros de tuberías. El Consorcio aprovechará el desnivel de 150 metros para generar energía eléctrica por precipitación del agua. No se trata de un salto como si fuera una cascada. Pero la caída puede producir la suficiente fuerza como para aportar una fuente energética extra para el consumo propio de la mancomunidad.

La entidad no ha querido desaprovechar la ocasión de generar electricidad con la gestión del agua, fuente limpia y renovable. Pero no lo podrá hacer cuando quiera. La producción con el salto sólo podrá ejecutarse cuando haya un caudal más que suficiente que no afecte al suministro de agua de los vizcaínos.

Y únicamente estará autorizado en invierno por una cuestión ecológica. En esa estación del año cae la temperatura del agua, lo que dificulta la proliferación de larvas del mejillón cebra, la especie invasora que ha colonizado parte de los embalses alaveses. La mancomunidad se ha propuesto evitar su propagación a los cauces que van a El Abra.

La capacidad de los embalses cae por debajo de la media de la última década

Los embalses alaveses que garantizan el suministro a Bizkaia acumulan esta semana 160 hectómetros cúbicos de agua, el 63,5% de su capacidad. Tras el estío, los pantanos estrenan el otoño -el cambio de estación se produjo ayer- con reservas que han caído 12 hm3 por debajo de la media de la última década.

El pantano de Ullibarri -el de mayor capacidad de Euskadi- está al 65%, mientras que Ordunte, que abastece a Bilbao, está al 59,3% -el año pasado por estas fechas rondaba el 55%-. En el conjunto de España, la sequía ha provocado que la producción hidroeléctrica haya caído a la mitad, lo que ha obligado a tirar de combustibles fósiles que disparan las emisiones de CO2.

Para mejorar el control de las aguas, el Consorcio ha puesto en marcha una extensa red de tanques de tormenta, depósitos que recogen el excedente de las aguas de lluvia que pueden llegar mezcladas con residuos fecales al compartir redes de saneamiento a rebosar. Hay 19 aljibes, aunque mucho más pequeños que el de Etxebarri -la idea es sacar a licitación el próximo año uno más grande en la cabecera de Galindo-.

El tanque a orillas del Nervión tiene cuatro piscinas de 10 metros de profundidad. Una vez lleno -algo que ha ocurrido en tres ocasiones en lo que va de año-, se regula el envío a la depuradora de Galindo, en Sestao, a través de una válvula instalada en un solar cercano a la plaza del Ayuntamiento. Se minimiza así la cantidad de agua sucia que pueda ir al río y, de allí, a la ría y al mar. Es un alivio.

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