Flores para cerrar las heridas de guerra de la batalla de Matxitxako

Erkoreka participa ante Juan Azkarate en la ofrenda floral a las víctimas de la batalla./Luis Ángel Gómez
Erkoreka participa ante Juan Azkarate en la ofrenda floral a las víctimas de la batalla. / Luis Ángel Gómez

«Lo guardo todo en mi memoria y confío en que jamás se olvide todo lo que allí vivimos», afirma el último superviviente, Juan Azkarate, que tenía entonces sólo 14 años

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Cuesta cerrar las heridas de guerra y, a veces, por desgracia, cicatrizan mal. Especialmente cuando ocurre como en la contienda civil española, que a los tres años de enfrentamiento armado siguieron cuarenta de dictadura. Un estudio publicado hace unos años por la Universidad Autónoma de Madrid y que se recoge en la 'Revista Electrónica de Psicoterapia' asegura que la «feroz represión» que se vivió hasta la Transición «creó el clima social capaz de perpetuar los traumas y duelos» durante al menos cuatro generaciones. Más allá del trabajo con los supervivientes, la recuperación de la memoria histórica permite, según se decía en aquel trabajo, sanar heridas «individuales y colectivas». Algo de eso hubo ayer en el homenaje a la Marina Auxiliar de Euzkadi (sic), organizado por la agrupación Matxitxako Elkartea de Bermeo.

El acto anual, que se celebra en torno a la escultura 'Matxitxakoko Guda' ('La batalla de Matxitxako'), de Nestor Basterretxea, recuerda desde hace once años el enfrentamiento naval que tuvo lugar en aquellas aguas el 5 de marzo de 1937, entre la Marina de Guerra Auxiliar, unidad militar creada por el Gobierno vasco, fiel a la República, y el crucero 'Canarias', perteneciente a la flota rebelde. El combate duró hora y media y terminó cuando el 'Canarias' alcanzó las calderas del bou 'Nabarra', en cuyo hundimiento se basa la obra del desaparecido escultor bermeano.

Contra el olvido

Un total de 27 tripulantes del 'Nabarra' fallecieron en aquella batalla naval. El último superviviente que queda se llama Juan Azkarate. Aquel 5 de marzo tenía sólo 14 años y formaba parte de lo que se conoció como Eusko Itsas Gudarostea (Marina de Guerra Auxiliar de Euskadi). Ayer asistió al acto de Matxitxako para recibir el reconocimiento del Gobierno de Euskadi a la Marina vasca, a través del portavoz del Ejecutivo, Josu Erkoreka. «Lo guardo todo en mi memoria y confío en que nada de lo que vivimos se olvide jamás», acertó a decir, visiblemente emocionado.

El consejero de Gobernanza Pública y Autogobierno, que presidió el acto, llegó acompañado por la directora del Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos Gogora, Aintzane Ezenarro. El homenaje contó asimismo con la participación, entre otros, de la directora de Víctimas y Derechos Humanos del Gobierno vasco, Monika Hernando, y la secretaria general del PSE-EE, Idoia Mendia.

Han pasado 71 años desde la batalla de Matxitxako. Antes de terminar el acto, Azkarate, emocionado, depositó ante la escultura de Basterretxea un ramo de flores en recuerdo de los fallecidos. La memoria sana.

«Queda mucho por hacer para reconocer a quienes sufrieron por la paz y la libertad»

El portavoz del Gobierno vasco, Josu Erkoreka, afirmó ayer en el homenaje celebrado a la Marina vasca en Bermeo que «es mucho lo que queda por hacer para rescatar del olvido la memoria histórica y homenajear a todas las personas que sufrieron en defensa de la democracia, la libertad, la paz y los derechos humanos». En el mismo acto, la líder de los socialistas vascos, Idoia Mendia, recordó que «hoy en día también resulta necesario combatir y defender derechos que creemos conquistados y no siempre lo están».

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