Balmaseda expurga sus pecados

A los condenados ayer por el inquisidor se les excomulgó y se les impuso el sambenito, como se ve en la representación./S. LLAMAS
A los condenados ayer por el inquisidor se les excomulgó y se les impuso el sambenito, como se ve en la representación. / S. LLAMAS

Miles de personas presenciaron la llegada del inquisidor al XX Mercado Medieval

SERGIO LLAMAS

La sangre no llegó al río. La visita del inquisidor que protagonizó ayer a mediodía el XX Mercado Medieval de Balmaseda se saldó con unas cuantas excomuniones y sin ninguna hoguera. Eso sí, los pecadores fueron condenados a llevar el 'sambenito' de los infames. La lluvia respetó la representación popular, que se desarrolló entre canciones de taberna ante miles de espectadores. Tras la obra, el público corrió a disfrutar de la animación de una quincena de compañías teatrales y de casi 200 puestos artesanos.

«Excomulgamos y anatemizamos a estos herejes, los segregamos de los límites de la Santa Iglesia de Dios a fin de que sean entregados a padecer los suplicios eternos. Y así como el fuego es extinguido por el agua, así se extinga su luz, por los siglos de los siglos», condenó el inquisidor, encarnado por Ángel Jorge. «Creo que he visto la plaza más llena que otros años», afirmó tras la obra, todavía con sus prendas carmesí. Él había salido en años anteriores, pero «nunca había hecho de alguien tan malo», reconoció.

430 vecinos tomaron parte ayer en la representación popular. Familias enteras, vestidas de época, dieron vida al pueblo llano

La historia podía sonar fantástica, pero su base es completamente real. Así lo reconoció Javier Etxebarria, el autor del guión, que hizo ayer de monaguillo. «En el libro de Martín de los Heros hay un capítulo de excomuniones y de la Inquisición. Ahí se recoge por ejemplo que al Ayuntamiento de Balmaseda se le excomulgó en dos ocasiones diferentes, una de ellas por no exceptuar al clero de pagar un impuesto sobre la carne y el vino», relató. El discurso condenatorio está extraído de textos reales. «También hubo una mujer a la que los inquisidores condenaron a la cárcel varios días», añadió el joven.

Estas visitas no eran motivo de broma. En 1633 el inquisidor licenciado Calderon llegó procedente de Logroño, donde las hogueras se habían cobrado varias almas. La clave para salvar la vida era reconocerse culpable. Así lo aconsejó el alcalde en la historia representada ayer. «Éste aquí era un tema bastante desconocido y ha despertado mucho interés», afirmó el balmasedano que hizo el papel de gobernante, Juan Carlos Santibáñez.

«De los más punteros»

Aunque las lluvias no facilitaron la jornada, las calles del casco histórico se llenaron ayer con los aromas y los sonidos de la Edad Media. En la plaza San Severino el yunque y el fuelle del asturiano Sergio Palacio arrancaban chispas al metal. «Balmaseda es uno de los mercados medievales más punteros», aseguró. Y en la calle La Torre, las espadas y escudos de la Asociación Nacional de Caballeros y Damas de la Orden entraban en combate. «Utilizamos elementos y técnicas con el máximo realismo», aseguró uno de sus integrantes, el valenciano Juan Iscar.

Los menos belicosos prefirieron fotografiarse junto a un ave rapaz, como un águila esteparia o un búho siberiano. Así lo hicieron Xabi de la Torre, de Basauri, y Esperanza González Anguiano, de Igorre. «Para una vez al año que es esto, hay que animarse a venir», recomendaron. Hoy habrá una nueva oportunidad para disfrutar del Mercado Medieval.

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