El Ayuntamiento cierra otros cuatro meses la discoteca Moma por exceso de ruido

La sala de fiestas de Rodríguez Arias reabrió el pasado 7 de septiembre con un fuerte despliegue de seguridad. / Luis Ángel Gómez

Ha abierto ya 11 expedientes al local en lo que va de año, lo que puede conllevar su clausura otros diez meses más

José Mari Reviriego
JOSÉ MARI REVIRIEGO

El Ayuntamiento de Bilbao ha ordenado callar otra vez al Moma, apenas un mes después de su reapertura. La concejalía de Movilidad y Sostenibilidad ha decidido abrir un nuevo expediente sancionador a la discoteca de la calle Rodríguez Arias al considerar que se ha propasado con el ruido de forma deliberada. El local superó con creces el pasado fin de semana los límites sonoros pactados con el Consistorio, según los resultados de una medición llevada a cabo por técnicos municipales en una habitación del Hotel Ilunion, un negocio ‘vecino’ que se declara perjudicado por el exceso de decibelios.

El departamento que lidera Alfonso Gil (PSE) ha impuesto a la sala de fiestas una sanción sin precedentes por reincidente: en su corta andadura, iniciada en enero, acumula once expedientes por ruidos. Como medida cautelar, le prohíbe el uso del equipo de música durante un mes, en una orden que entrará en vigor de manera «inmediata». Además del precinto, le sanciona con el cese de la actividad durante otros tres meses al apreciar «intencionalidad en el incumplimiento» de los límites acústicos. En la práctica, cuatro meses de cierre.

El nuevo expediente a la discoteca, comunicado ayer mismo a su gerencia, se produce cuando apenas lleva cuatro semanas de funcionamiento después del último castigo. La discoteca ha permanecido cerrada durante el mes de agosto para cumplir con una de las sanciones que tenía pendiente. La sala reabrió el 7 de septiembre con un fuerte despliegue de seguridad privada en la calle para evitar molestias a los vecinos y un renovado acuerdo con el Ayuntamiento para mantener a raya los decibelios, fuente de problemas en el hotel.

La sala ya tuvo el equipo de música clausurado en agosto y reabrió con fuertes medidas de seguridad en la calle reincidente

Los controles parece que se han desbordado en la noche del día 30, sábado. Una medición del ruido realizada por un equipo municipal en una habitación del Ilunion permitió comprobar que la discoteca superaba los límites sonoros. Al parecer, el exceso de decibelios fue más elevado que nunca. Un hecho que ha sorprendido en la propia concejalía de Movilidad y Sostenibilidad, después del esfuerzo compartido con la sala de fiestas para contener ruidos y molestias ajustando los niveles acústicos. Esta labor preventiva del Ayuntamiento, concebida para hacer compatible el ocio nocturno en el centro de la ciudad, supuso la puesta en marcha de un equipo de mediación ante la incomprensión de parte del vecindario.

Los responsables del Moma pueden recurrir la sanción en los tribunales proceso

La medición, el sábado

Dentro de la discoteca, el límite acústico permitido es de 95 decibelios. El nivel autorizado que puede ‘colarse’ a las habitaciones del hotel es de hasta 25, aunque sus huéspedes saben que unos sonidos graves de menor impacto en la sonometría -el martilleante ‘tum, tum, tum’- pueden llegar a ser muy molestos. El caso es que en la madrugada del pasado fin de semana el ruido ‘acostó’ 32 decibelios en las camas del Ilunion.

Este nuevo incumplimiento ha causado asombro en medios municipales. No sólo por el exceso, sino porque el local estaba avisado y conocía los límites para poder reabrir el negocio. De hecho, la discoteca dispone de un «buen» sistema de insonorización y eso es algo que reconocen algunos afectados. Pero el problema es otro. La música encuentra obstáculos para hacerse oír cuando la sala de fiestas está llena. Su aforo es para 400 personas, demasiados cuerpos y conversaciones a la vez para que el sonido fluya con fuerza. Una solución es subir el volumen, a riesgo de romper los límites.

OCIO NOCTURNO

95
decibelios es el tope permitido en el interior de cualquier discoteca. Mapa del ruido: El Ayuntamiento de Bilbao, a través de la concejalía de Movilidad y Sostenibilidad, está elaborando un mapa del ruido con las fuentes sonoras más molestas, en un intento de poner orden en la ciudad.
4
meses de suspensión de la actividad fue la sanción impuesta el año pasado a la discoteca Budha de la alameda Urquijo por superar el aforo permitido. Sin embargo, un juez levantó la orden de cierre para que el local pudiera mantener sus quince puestos de trabajo.
23
de septiembre. Ese día se produjo el último sobresalto a las puertas de una discoteca. En este caso, una tangana en las proximidades del Stage de Uribitarte sacudió al vecindario, indignado con la sucesión de molestias provocadas por el ruido, la suciedad y los altercados en la calle. El ocio nocturno ha llevado al Ayuntamiento a abrir una reflexión sobre la forma de regular la noche bilbaína y sobre si es mejor que los locales estén en el centro o en la periferia.

El nuevo expediente, abierto el martes pasado, consta de dos sanciones. Como «ya existe reiteración» y se aprecia «intencionalidad en el incumplimiento», la concejalía de Movilidad y Sostenibilidad impone de forma cautelar el precinto del equipo de música, en una medida que «será efectiva en cuanto se notifique». El proceso administrativo incluye el cese de la actividad durante tres meses, una orden abierta a las alegaciones que pueda interponer la discoteca. En última instancia, podría recurrir a los tribunales por la vía del contencioso-administrativo.

«Es un alivio para el hotel. Nuestros clientes ahora podrán dormir bien»

El hotel Ilunion de Bilbao está pegado a la discoteca Moma. Tiene 176 habitaciones, de las que 49 están directamente expuestas al ruido, según cálculos de su gerencia. En concreto, 40 dan a la calle, escenario del bullicio nocturno en las noches de fiesta. Y por las 9 restantes se suele colar el volumen al estar ubicadas en la primera planta, casi pared con pared con la sala. No es de extrañar que para este establecimiento hotelero sea «un alivio» la orden municipal de cierre temporal de su ‘vecino’. «Ahora nuestros clientes podrán dormir bien», se congratuló ayer la dirección.

El hotel que gestiona Álvaro Díaz Munio, a su vez presidente del colectivo hotelero Destino Bilbao, confiesa haber vivido momentos «infernales» desde la apertura de la discoteca -el último de ellos, este pasado fin de semana en el que se vio obligado a cambiar de habitación a un cliente-. El ruido ha desatado una ola de comentarios negativos sobre el establecimiento hotelero por parte de clientes que se consideran damnificados. La gerencia cifra las críticas por este motivo en unas ochenta, colgadas en diferentes «escaparates» digitales como Triopadvisor o Booking.

Críticas como la escrita el pasado 23 de abril bajo el título ‘imposible conciliar el sueño’. Dice así: «Me alojé con mi familia, la noche del viernes al sábado, 21/22, de abril. Nos dieron habitación en la primera planta y exterior. A las 23.00 horas empezó la fiesta. Hay una discoteca en esta calle; la gente en grupos sentada en el suelo, en ambas aceras, bebiendo, de tertulias, gritando, con el ruido y el follón en aumento; como si nosotros estuviéramos en la discoteca, todo esto hasta las seis de la mañana».

La gerencia acostumbra a pedir disculpas a cada comentario negativo que ve: «Lamentamos mucho que por actividades ajenas al hotel no haya podido tener una estancia agradable. Estamos tomando las medidas pertinentes para que nuestros clientes no tengan este tipo de problemas. Un cordial saludo».

Comentarios de clientes que son «insoportables» para la imagen del negocio, advierte la dirección.

Se trata del undécimo expediente abierto al local de la calle Rodríguez Arias, que se estrenó con el comienzo del 2017 en la noche bilbaína. Desde entonces, se ha convertido en la sala de moda, pero también en la que ha generado una mayor agitación pública, en un encendido debate sobre cómo conciliar diversión y descanso. De las estas sanciones, ha cumplido sólo cuatro -dos de carácter económico y otras dos de cese temporal-.

Sin contar la última multa, ya afrontaba un panorama sombrío. Los seis procesos que tiene pendientes pueden conllevar la clausura durante otros diez meses más, una carga que se antoja muy pesada para mantener a flote un negocio por mucho éxito que tenga.

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